El trabajo se juega en un minuto

"Es una cuestión de piel; te das cuenta a los dos minutos", sentencia Ignacio, licenciado en Marketing de 31 años, a la hora de explicar qué es, según él, lo que determina la suerte en una entrevista laboral. "Es como cuando salís con una mujer. De alguna manera te impacta cómo habla, camina o se viste", piensa el joven ejecutivo que pasó cerca de un año entero desempleado y asistiendo a un promedio de tres entrevistas por semana. Todo un experto.

Nunca afeitado al ras, de pelo revuelto, pero -siempre que va a una entrevista- de prolija camisa, saco y corbata, Ignacio tiene un habla cansino y cerrado, y le gusta romper el hielo de la formalidad con algún chiste. Actualmente trabaja en una firma que vende accesorios para remodelar la casa, pero nunca olvidará la reunión que tuvo para entrar a Walmart. "De entrada, no pegué onda con la chica. No hubo química. Hice un par de comentarios graciosos y de ahí en adelante, todo se derrumbó."

La entrevista laboral, científica y profesional, se convirtió décadas atrás en una convención social clave y reglada a la hora de conseguir un empleo. ¿Pero qué peso específico tiene la irracionalidad que envuelve cualquier encuentro entre dos humanos en la decisión final?

Química, feeling, intuición, empatía o simplemente un chispazo. Nadie niega su existencia, aunque generalmente se presuma neutralizable por los expertos. No obstante, por lo menos cinco consultores de Recursos Humanos admitieron a LA NACION que ese factor es clave a la hora de elegir un candidato que cumpla con los requerimientos técnicos de la búsqueda emprendida.

Pero, ¿qué es ese algo visceral que determina si una persona gusta o no a otro en un instante? El profesor de Prácticas de Dirección del área Comportamiento Humano en la Organización IAE Business School Eugenio Marchiori, lo llama sesgo inconsciente. "Son mecanismos de protección, útiles al reaccionar instintivamente frente a alguna amenaza potencial o real. Pero su manera de accionar se extiende también a los juicios a personas, lo que lleva a cometer una serie de errores sistemáticos o sesgos", indica.

Marchiori explica que existen estudios que demuestran que son suficientes unos segundos para que una persona realice un juicio -prerracional- sobre otra. "Luego viene un largo proceso de racionalización para demostrar lo que ya se sabe sobre esa persona. Para bien o para mal, es muy difícil modificar esa primera impresión, en particular durante el breve tiempo que dura una entrevista de esta naturaleza [laboral]", agrega el especialista.

En una nota realizada por la BBC, la profesora Gemma Calvert, una reconocida neurocientífica de la Universidad de Warwick, afirmó: "Gran parte de nuestras conductas están conducidas por procesos cerebrales que operan por debajo de nuestra conciencia".

Estas actividades -expone Marchiori en un artículo- se realizan en el sistema límbico del cerebro (la región instintiva emocional más antigua), en la que se producen sentimientos como el enojo, el miedo, el placer, el dolor y el deseo.

Más adelante en el tiempo, se desarrolló el sistema frontal y el neocórtex (pensamiento de alto nivel), donde se asienta el intelecto racional. "No se equivoquen -sentenció Calvert-. Por mucho, esta parte racional aún está al servicio de la más antigua emocional."

"Gran parte de nuestras decisiones están guiadas por nuestros estados afectivos y por procesos implícitos que muchas veces no alcanzan la conciencia", concuerda Facundo Manes, director de Ineco y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. "La evidencia científica en la actualidad indica que las emociones guían muchas de nuestras decisiones racionales", afirma a La Nacion.

Una investigación del laboratorio de Manes, publicada en la revista Frontiers in Human Neuroscience, mostró que el cerebro detecta en 170 milisegundos -menos que un parpadeo- si un rostro integra o no el propio grupo de pertenencia, y lo valora positiva o negativamente mucho antes de que se tome conciencia de eso.

El artículo La red del chico nuevo: ¿Qué nos dicen realmente las entrevistas de trabajo?, publicado hace unos años por la revista New Yorker, cita varios estudios académicos que refuerzan la importancia de los factores irracionales en ese tipo de encuentros.

En uno, la psicóloga experimental de la Universidad de Harvard Nalini Ambady, se propuso examinar los aspectos no verbales de una buena enseñanza. Para eso pidió a observadores externos que miraran videos filmados por ella para evaluar la eficacia de los profesores a juzgar por sus expresiones. Sólo tenía diez segundos por video, pero fueron suficientes para evaluar a los académicos en un listado de 15 rasgos de personalidad. La sorpresa llegó cuando la especialista comparó esos resultados con las evaluaciones que los alumnos habían hecho de los profesores tras un semestre de clases. La correlación era muy alta. Esto llevaba a una pregunta elemental: ¿cuánto tiempo necesitamos conocer a una persona para pensar realmente que la conocemos? Evidentemente, las primeras impresiones colorean las que se acumulan con el tiempo e impulsan una profecía autocumplida.

Un estudio de los doctores Rob Nelissen y Marijn Meijers, de la Universidad de Tilburg, en Holanda, analizó las reacciones de las personas frente a marcas de ropa. En el experimento se pidió a dos grupos de voluntarios que miraran dos videos de un mismo hombre en una entrevista laboral. Uno de los grupos observó un video alterado al que se le había borrado el logo de una marca conocida que el entrevistado tenía en su remera. Los que vieron el video con el logo estimaron que el candidato era más apto para el puesto y le asignaron un salario un 9% más elevado que quien no usaba ropa de marca.

cara a cara

Química

Aparecen procesos irracionales o emotivos que influyen en el resultado

Profecía

Luego, esas emociones se racionalizan y lo que se intuyó se cumple

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