La sindicalización hubiera evitado la rebelión

Con 82 años recién cumplidos, el sindicalismo argentino todavía no pudo o no quiso que las fuerzas de policiales del país lograran sindicalizarse, como ocurre en muchos países. Tal vez si los cuadros de la Prefectura Naval y la Gendarmería Nacional hubieran tenido representantes gremiales, sus hombres y mujeres no hubieran generado una rebelión que ganó la calle en las últimas 48 horas para hacer oír su reclamo salarial.

"Si se respetan los derechos de los trabajadores policiales la inseguridad tiene solución", reza la leyenda de su web la Federación Argentina de Sindicatos Policiales y Penitenciarios (Fasipp), que fue fundada en diciembre de 2001.

Esta agrupación reúne a una veintena de organizaciones y asociaciones que representan a fuerzas de seguridad del país, pero no las reconocen legalmente.

En junio pasado hubo un intento del diputado de Unidad Popular en el FAP, Victor De Gennaro, quien en la Cámara baja convocó a una audiencia pública por la sindicalización de la policía, de la que participaron representantes de la Fasipp. En esa ocasión dijo que "debe llevarse adelante el debate a las organizaciones policiales, sociales e institucionales del país", pero parecen que aún no lo han escuchado.

Marcelo Saín, diputado provincial de Nuevo Encuentro, y quien fuera el creador y responsable de la Policía de Seguridad Aeroportuaria -la cuarta fuerza federal de seguridad del país- fue uno de los primeros que insistió en la creación de sindicatos policiales. En especial se ha referido últimamente a la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

"Hay dos policías: una plebeya y pobre que es la policía trabajadora; otra rica del comisariato asociado al delito. La provincia de Buenos Aires vulnera los derechos de los trabajadores policiales", dijo Saín a la prensa en julio pasado.

"Se producen injusticias graves -agregó- en la policía bonaerense. Por un lado, son las insuficiencias salariales que obligan al doble empleo y a la indigencia en condiciones de trabajo, infraestructura y en recursos. Por otro, existe un silenciamiento de sus derechos a expensas del comisariato" En América latina todavía no han surgido asociaciones o sindicatos similares a los europeos. Casi todos los gobiernos las restringen o prohíben, tal vez para no tener que soportar que los policías que les brindan su seguridad personal dejen de hacerlo para salir a la calle a reclamar lo suyo con todo trabajador sindicalizado.

En los últimos años ya ha comenzado a debatirse en Brasil, México, Uruguay, Colombia y nuestro país.

Entre los 70 y los 80, las policías europeas y de los Estados Unidos comenzaron a ser reconocidas en forma gremial y cambió radicalmente su statu quo.

Las asociaciones y sindicatos policiales fueron bien recibidos en Europa, pues solamente reclamaban sus derechos sociales y laborales, sin afectar la disciplina en las fuerzas y los asuntos propios de la seguridad.

Más tarde, en 1988, se gestó el Consejo Europeo de Sindicatos de Policía, constituido por organizaciones policiales sindicales de la Comunidad Europea que son independientes de cualquier partido político, movimiento religioso o filosófico.

Hasta ahora, los reclamos del sindicalismo policial, tanto en EE.UU., Alemania, Francia, Israel, entre otros, no ha afectado la seguridad de la sociedad. Aunque los estados pueden imponer restricciones a ciertos derechos fundamentales para ciertas profesiones o actividades, éstas sólo encontrarán justificación en cuanto sean proporcionales a los fines constitucionales y de derechos humanos elementales al servicio por prestar.

En la actualidad, dieciocho países y casi unos 300.000 policías están representados por el Consejo Europeo de Sindicatos de Policía, al que adhieren policías de Francia, Grecia, Alemania, Polonia, Lisboa y Lituania, entre otras.

En nuestro país, en tanto, todavía ni los gobiernos democráticos ni el sindicalismo se hicieron eco sobre el convenio sobre la libertad sindical de las Naciones Unidas, que aconseja la protección del derecho de sindicalización para las fuerzas policiales.

Al transitar el siglo XXI tal vez sea razonable uno de los principios que justamente lleva adelante el Consejo Europeo de Sindicatos de Policía: "Un futuro debe ser mejor, más justo y más seguro para todos, inclusive para los policías".

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