Repudio unánime a una agresión contra periodistas

Después de recibir las primeras trompadas, el periodista de Télam creyó que iba a estar más seguro si permanecía cerca del patrullero. Se equivocó: la patota siguió pegándole sobre el capot del vehículo, hasta arrancarle dos dientes, mientras los agentes de la policía bonaerense le daban la espalda. La fotógrafa de la agencia logró refugiarse en un supermercado. El chofer del equipo periodístico tuvo peor suerte: terminó en una comisaría, pero no como testigo, sino detenido.

Una patota agredió anteayer a periodistas de Télam, Crónica, Tiempo Argentino y medios zonales cuando cubrían una protesta frente a un hospital de Pablo Nogués. Los agredidos identificaron a los violentos como seguidores del intendente de Malvinas Argentinas, el peronista disidente Jesús Cariglino.

Momentos antes, la patota había dispersado a golpes también a los manifestantes, quienes reclamaban por la muerte de una niña en un supuesto caso de mala praxis.

La agresión motivó el repudio unánime de la Casa Rosada, la gobernación bonaerense, dirigentes de la oposición y entidades profesionales, como la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

Cariglino rechazó las acusaciones y negó cualquier vínculo con la patota, a la que ligó con el kirchnerismo.

Ayer, mientras hablaba por cadena nacional, la Presidenta condenó la actuación de la policía bonaerense e instruyó al gobernador Daniel Scioli para que investigara el hecho. "No se puede permitir esta violencia institucional consentida", expresó Cristina Kirchner. Desde la Gobernación indicaron que Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad ya había iniciado una investigación.

En su comunicado, ADEPA exhortó a la Justicia y a las autoridades competentes a que "se esclarezca quiénes son los responsables de estos deplorables ataques y que se garantice la seguridad de los periodistas que intentan desarrollar su trabajo". Además, denunció el "riesgo" que conlleva la escalada de agresiones "cuando se instala un discurso que ataca permanentemente la labor de la prensa". Y añadió: "Si se verificara que las agresiones fueron ordenadas por funcionarios o contaron con complicidad policial, el atropello evidenciaría otra gravísima anomalía institucional que debería ser rápidamente corregida".

Poco después, la SIP, por medio del titular de la Comisión de Libertad de Prensa, Gustavo Mohme, condenó las agresiones y solicitó que "el Estado no discrimine, a la hora de proteger a todos los periodistas y medios, ante cualquier tipo de agresión a la libertad de informar".

Los agresiones ocurrieron el lunes, cuando familiares de Celeste Morales, de 8 años, iniciaron una protesta frente al hospital Claudio Zin. Denunciaban que la niña murió por negligencia de los médicos.

Según los testimonios, una patota de más de 20 personas encapuchadas dispersó a golpes a los familiares y a periodistas. Fue agredido un fotógrafo de Tiempo Argentino, que logró refugiarse en una panadería. También un periodista de Crónica, que se resguardó en el hospital.

El móvil de Télam llegó al lugar a las 19, cuando la manifestación ya había sido dispersada. Julio Mosle, cronista de la agencia, hablaba con dos vecinas cuando fue abordado por la patota. "Me empezaron a pegar cuando estaba al lado del patrullero. Los policías parecían granaderos, se dieron vuelta y ni me miraban", dijo Mosle a La Nacion. Luego relató que los agresores continuaron pegándole sobre el capot del patrullero hasta hacerlo caer al piso.

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