La realeza suma glamour a los Juegos Olímpicos

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Los Juegos Olímpicos de Londres no quedaron afuera de la "fiebre real" desatada por la monarquía británica en este 2012 cargado de eventos para Gran Bretaña. Coincidiendo con los megafestejos por los 60 años de reinado de Isabel II (el denominado Jubileo de Diamantes), la competencia deportiva tendrá su buena dosis de sangre azul, sobre todo al celebrarse en una ciudad donde se respira realeza en cada rincón. La familia real cumple un rol preponderante en el evento.

La reina Isabel II inaugurará los Juegos Olímpicos el próximo 27 de julio en el acto de apertura del evento, que se celebrará en el Estadio Olímpico londinenses, ante 80.000 espectadores de todo el mundo y en una ceremonia que será vista, según se calcula, por más de mil millones de personas de todo el mundo. La ceremonia contará con la proyección de un cortometraje de James Bond (protagonizado por el actor Daniel Craig) que fue filmado en salones de la reina del palacio de Buckingham.

La monarca estará acompañada ese día por su esposo, Felipe de Edimburgo, que cumplirá 91 años, y que, famoso por su sentido del humor controvertido, manifestó hace un tiempo que lamentaba que los Juegos se celebraran en Londres porque él y su esposa tendrían que soportar largas ceremonias. En su opinión, se deberían "eliminar las ceremonias de apertura y clausura" porque "lo sacan a uno de quicio".

Los Juegos Olímpicos atesoran, sin embargo, una relación muy íntima con la familia de Felipe de Edimburgo, la dinastía real griega, derrocada quizá para siempre en 1974. Allá por 1896, su padre (el príncipe Andrés de Grecia) y sus tíos Constantino, Jorge y Nicolás trabajaron activamente para lograr poner en marcha las primeras olimpíadas de la modernidad en Atenas, el gran orgullo nacional griego, y lo lograron.

Como dueña de uno de los reinados más largos de la historia británica, Isabel II tiene, por supuesto, experiencia en Juegos Olímpicos: fue la encargada de inaugurar los Juegos de Montreal (Canadá) en 1976 mientras que su esposo hizo lo propio, en nombre de la reina, en los Juegos de Melbourne (Australia) en 1956. Este año, además, la pareja más longeva de la realeza mundial inaugurará los Juegos Paralímpicos, en el mismo estadio londinenses, el próximo 29 de agosto.

Isabel -hoy de 86 años- tenía 22 cuando vio a su padre inaugurar los últimos Juegos Olímpicos en Gran Bretaña: fue allá por 1948. Ella no pudo asistir, porque estaba embarazada de su primer hijo, Carlos. El rey Jorge VI -reconocido por haber inspirado la película "El discurso del rey"- dio un tartamudeante discurso en el que declaró abiertos los Juegos en el estadio de Wembley, bajo un calor sofocante.

Se trataba de la segunda vez que Londres organizaba unos Juegos Olímpicos, tras la interrupción forzada de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, fueron catalogados como los "juegos de la austeridad", porque los atletas dormían en barrancas militares o en residencias universitarias. La ceremonia de inauguración, sin embargo, fue la primera transmitida por televisión -todo un lujo para la época de posguerra- y medio millón de personas contempló desde sus hogares a los reyes inaugurando los Juegos.

Pero el gran evento deportivo, sin embargo, no calaría tanto en el corazón de la monarquía británica sino hasta 1976, año en que compitió en el equipo ecuestre británico la princesa Ana. Hace algunas semanas, ella fue la encargada de recibir la Antorcha Olímpica en Grecia, y llevarla a Londres junto al futbolista inglés David Beckham. "Cuando ves cómo la gente contempla la antorcha olímpica es cuando te das cuenta de lo que implican unos Juegos. Cuando tomas posesión de la antorcha dices: 'Esto son los Juegos", expresó la princesa.

Pero fue su hija menor, la rubia Zara Phillips, la más olímpica de los miembros de la monarquía británica: heredó la pasión de su abuela y su madre por los caballos, y su talento la llevó a participar en los Juegos Olímpicos de Pekín (2008). Ella también portó la Antorcha (montada en su caballo "Toytown", con el que venció el Campeonato Mundial de Concurso Ecuestre de 2006 en Aquisgrán, Alemania) hasta el célebre hipódromo de Cheltenham, en la última etapa del recorrido de la llama por las calles del Reino Unido.

Sus primos, Guillermo y Enrique, fueron declarados como "embajadores olímpicos" de Gran Bretaña, con el propósito de animar a los 900 atletas del 'Team GB' que competirá en los próximos Juegos Olímpicos y Paralímpicos. También fueron llevando a cabo actividades para promocionar la importancia de los valores olímpicos y de la participación en las disciplinas incluidas en el programa de los Juegos, muchas de las cuales son todavía poco practicadas en el Reino Unido.

"La organización de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2012 en Londres inspirará a mucha gente, especialmente jóvenes, a ser lo mejor que pueda", declaró el príncipe Guillermo.

"Estamos encantados con que sus altezas contribuyan a hacer realidad nuestro sueño", reconoció Andy Hunt, presidente ejecutivo de la Asociación Olímpica Británica. "Es una gran motivación para los equipos británicos que los duques y el príncipe unan sus esfuerzos para lograr que el país brinde su apoyo a los atletas en sus aspiraciones".

El éxito del Jubileo de Diamantes de la reina fue una buena noticia para los organizadores de los Juegos, cuyas mayores preocupaciones son el transporte y la seguridad en Londres. Sin embargo, la afluencia de casi 2 millones de personas por día en las calles londinenses (desde el sábado 2 hasta el martes 5 de junio) demostró que la ciudad está bien preparada.

Intentando sacar beneficio de los magníficos escenarios "reales" que ofrece la ciudad, la Corona aportó el impresionante Palacio Hampton Court (Hampton Court Palace) antiguamente hogar de muchos monarcas famosos, como lugar para prueba contrarreloj de ciclismo en ruta durante los Juegos. Hampton Court, donde vivió Enrique VIII y donde -se asegura- deambula el fantasma de su esposa Catalina Howard, será sede de la salida y la llegada de los ciclistas.

Otro palacio antiguo, el de St. James, en el centro de Londres, fue puesto en alquiler a distintas empresas relacionadas con el patrocinio de los Juegos por unos 47 mil dólares diarios. Sus apartamentos podrán ser usados, por ejemplo, por corresponsales de medios extranjeros, que trabajarán -e incluso dormirán- en habitaciones y apartamentos completos (como el Salón del Trono, la Sala de Tapices, o el Cuarto de la Reina Ana) que fueron residencia oficial de la monarquía hasta 1837.

El palacio está ubicado en un lugar estratégico de Londres, muy cercano a algunos de los lugares donde se llevarán a cabo las competiciones de vóley de playa y el maratón, entre otros. "Vivimos en un momento en el que todo se vende, por lo que no debemos sorprendernos cuando la monarquía se sube a la moda", declaró el historiador David Starkey al periódico Daily Mail. Cabe destacar, sin embargo, que todo el dinero recaudado del alquiler de los palacios reales será un suplemento a los ingresos reales y se destinarán al mantenimiento de las residencias. Conociendo el magnetismo popular que tiene la monarquía británica en todo el mundo, y que su sola imagen es capaz de general unos 19.680 millones de euros en ganancias para el turismo y el comercio, Isabel II está dispuesta a exprimir al máximo las competencias.

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