Un poema de borges en el origen de "traiciones de la memoria"

Buenos Aires, 4 de mayo (Télam, por Mora Cordeu).- La reconstrucción minuciosa del origen de un soneto que el padre del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince llevaba en el bolsillo cuando fue asesinado por sicarios, marca el punto de partida de "Traiciones de la memoria", una obra entre la ficción, el ensayo y la autobiografía que se presenta hoy en la Feria del Libro.

El poema en cuestión, firmado con las iniciales de Borges fue volcado a la lápida del padre (Héctor Abad Gómez): "Ya somos el olvido que seremos./El polvo elemental que nos ignora/y que fue el rojo Adán y que es ahora/ todos los hombres, y que no veremos".

En un libro que Faciolince publica en 2006, "El olvido que seremos", el escritor afirma que el poema es de Borges, algo desmentido casi de inmediato por expertos en la obra borgeana.

En un primer momento esto no afecta al colombiano empeñado en averiguar quiénes habían matado a su padres, algo que la "inepta justicia colombiana" no pudo resolver, y entonces sí se interesó por encontrar al autor del soneto.

La búsqueda contra el olvido y por dar con la verdad que el libro relata paso a paso, confronta al lector con las "traiciones de la memoria".

"Yo siempre he tenido una obsesión por la memoria -confiesa-, por mi mala memoria, porque se lo mal que recuerdo todo y lo mucho que olvido".

"Pero al empezar a escribir me di cuenta que aún las personas que tienen una memoria extraordinaria imperceptiblemente también van modificando el pasado", sostiene el autor en una entrevista con Télam.

"Tenía una urgencia tan grande de reconstruir esa historia con la mayor precisión posible, que entonces fuera del testimonio de las personas -algo frágil e inseguro-, era muy importante para mi tener acceso a los papeles, a los documentos, a las publicaciones. Y también ver sus caras, los objetos que conservaban".

Por eso el libro -recién publicado por Alfaguara- está lleno de ilustraciones, "porque uno se equivoca pero los documentos no. No sufren ese proceso de deterioro de la memoria".

"Los expertos -a quienes respeto y no soy un experto de Borges, ni mucho menos-, son eruditos y muy competentes. Pero están apegados a su objeto de estudio, lo quieren con una pasión tan grande que cuando personas marginales por fortuna o casualidad o porque nos ocurrió algo absolutamente insólito nos obstinamos por hallar algo que no habían visto

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y hay una cierta molestia", considera Faciolince.

Es difícil para alguien que ha dedicado su vida a un tema, insiste el escritor, "aceptar que una persona de afuera pueda haber visto algo que ellos no habían visto. Y de ahí la resistencia, como de parte mía podía haber un sesgo, una obstinación en tratar de encontrar pruebas para que ese poema fuera de Borges a toda costa, así no lo fuera", equilibra.

Por suerte tuve la ayuda de Bea Pina -menciona- , que es una persona objetiva, dedicada a la ciencia y que me ayudaba a ver en todo, no solo los buenos indicios sino también lo que se oponía".

La investigación -realizada entre noviembre del 2006 hasta agosto de 2007- adquiere un cariz definitivo cuando el periodista Jaime Correas desde la provincia de Mendoza le manda un correo con las soluciones al enigma.

"Era casi el 24 de agosto, una fecha muy curiosa porque era el día del nacimiento de Borges y de mi hijo. Hay cosas muy perturbadoras en lo que fue ocurriendo en el camino", desliza.

Faciolince se refiere a un intrincado itinerario que lo llevó por once países, en los que se comunicó o entrevistó entre otros con los argentinos Nicolas Helf, Sara Rosenberg, Daniel Balderston, María Esther Vázquez, Viviana Aguilar -incluso con María Kodama, a través del editor Alberto Díaz- y el pintor Guillermo Roux y su mujer Franca Beer, hasta dar con Correas, figura clave para revelar el enigma.

"Era muy bonito, yo tenía una historia básica y a medida que investigaba iban surgiendo otras historias, como si todo tuviera estratos profundos -describe-. Y esas historias generaban otra novela, con otro memoria. Como si ese poema desatara unas fuerzas muy grandes".

Un poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio -que le dijo a Faciolince que los poemas los había escrito él mismo- "es el malo que hace falta en cualquier historia, y qué bueno que lo pude encontrar en la realidad y no me lo pude inventar. Porque uno necesita un oponente. Te azuza, te indigna y te obliga a seguir".

¿La búsqueda de ese poema parece trascender al mismo poema? "Pues sí, porque mi padre, que vivió su vida de una manera tan estética, es como si en el último momento hubiera dejado un acto profundamente estético. Un acto poético. Siempre en los seres humanos la búsqueda de la precaria verdad, que es tener ciertas seguridades nos produce un alivio, una satisfacción".

"Yo no pude encontrar quién era el asesino de mi padre, pero sí al autor del poema que llevaba en el bolsillo al momento de ser asesinado", remató Faciolince, antes de dirigirse a la Feria del libro donde presentó "Traiciones de la memoria". (Télam).-

mc-mag 04/05/2011 15:12

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