La oposición y un sueño lejano: "construir" su Capriles para 2015

Después de 14 años de gobierno de Hugo Chávez, la oposición venezolana logró confluir en un solo candidato, que por primera vez le disputa en elecciones el poder al caudillo bolivariano.

El proceso llevó años de negociaciones, de marchas y contramarchas, siempre a la sombra del poder que Chávez fue construyendo desde el Gobierno. Reforma constitucional mediante, el bolivariano consiguió dar una sensación de perpetuidad en el Gobierno. Algo que podría concluir este domingo.

No son pocos en la Argentina los que se entusiasman con un proyecto antikirchnerista similar al que ungió a Henrique Capriles como candidato opositor en Venezuela. Muchos incluso pronostican un escenario político similar al venezolano, si es que efectivamente el oficialismo impulsa una reforma constitucional que habilite a Cristina Kirchner a presentarse como candidata para un tercer mandato presidencial consecutivo. Pero por ahora, sólo parece un lejano anhelo difícil de cristalizar.

 

Macri, el elegido

Quienes más impulsan un acuerdo similar para la argentina son aquellos dirigentes cercanos al macrismo y al peronismo disidente. Tal es el caso de Gabriela Michetti y Eduardo Amadeo, dos de los que se encuentran en Venezuela para apoyar al rival de Chávez.

"Es muy emocionante ver cómo todos los políticos de la oposición dejaron intereses personales de lado y se unieron en un mismo proyecto", escribió la diputada en su cuenta de twitter. Pero las diferencias entre ambos países son importantes. Y mucho más entre la oposición.

Mientras que en el macrismo sueñan con aunar el apoyo de varios sectores tras la figura de Mauricio Macri, otros espacios políticos importantes, incluso con mayor peso político en todo el país que el PRO, ya adelantaron su rechazo a un gran acuerdo opositor.

Por caso, desde el Frente Amplio Progresista, que con la candidatura de Hermes Binner terminó en segundo lugar en los comicios presidenciales del año pasado, calificaron como "imposible" un acercamiento con el macrismo, al que ubicaron en las antípodas en cuanto a proyecto de país.

Pese a que en algún momento el propio Binner intentó no cerrar la puerta a un acuerdo con el jefe de Gobierno porteño, la heterogeneidad de la fuerza que conduce amenazó con una implosión en caso de que esa posibilidad se concretara.

Algo similar ocurre con la Unión Cívica Radical. Desde la conducción nacional del partido, que encabeza Mario Barletta, insisten con que el radicalismo tendrá candidato propio para 2015.

Pero otros sectores están convencidos de que sólo con una figura nacional fuerte pueden derrotar al kirchnerismo. Y Mauricio Macri  encaja perfecto.

Muchos radicales ya no ocultan su intención de aliarse al macrismo, y acentúa más la fractura interna que tiene desde hace rato el  centenario partido. Por ejemplo, el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, se reunió en los últimos días con Macri primero, y con Francisco de Narváez después. Y admitió que ve con buenos ojos un gran acuerdo opositor que dirima sus candidatos a través de las elecciones primarias.

 

El enemigo peronista

El otro sector opositor al Gobierno está dentro del PJ. Con varias vertientes, la figura de Macri también seduce. Pero se sabe que el peronismo difícilmente renuncie a tener un candidato con relevancia y aspiraciones propias.

Hoy ese dirigente es José Manuel de la Sota. Tras su alejamiento definitivo del kirchnerismo (disputa por la coparticipación y los fondos previsionales mediante), el cordobés no elude ningún tipo de encuentro con opositores. Habla de diálogo y de acuerdos, pero deja en claro que no está dispuesto a dejar de lado su sueño presidencialista.

Hace poco, luego de una de las varias reuniones que mantuvo con Macri, De la Sota fue claro. "Podemos dialogar y coincidir en varias cuestiones, pero tenemos proyectos políticos diferentes. Por algo yo soy peronista y él (por Macri) tiene su propio partido", sentenció.

 

Parecidos, pero diferentes

Pero las diferencias entre la Argentina y Venezuela también están presentes en el mismo Gobierno. Mientras que Chávez logró reformar la Constitución y habilitar la reelección indefinida, la Carta Magna argentina representa, hoy por hoy, un límite concreto para Cristina Kirchner.

Más allá del inocultable intento de un sector del kirchnerismo por propiciar una reforma constitucional, la misma Presidente lo descartó de plano durante su última gira por los Estados Unidos.

Y en caso de que efectivamente desde el Gobierno decidan buscar habilitar un tercer mandato consecutivo de Cristina Kirchner, la configuración parlamentaria sería un obstáculo casi insalvable. Sólo un triunfo electoral el año próximo superior al que consiguió en 2011 le daría al oficialismo los números necesarios en el Congreso para acceder a la redacción de una nueva Constitución.

De todos modos, la vorágine de la política argentina puede modificar cualquier escenario actual. La foto de hoy vuelve improbable un acuerdo opositor "a lo Capriles", pese al espanto que el kirchnerismo genera en algunos sectores.

Por ahora, no son pocos los que sueñan con un golpe electoral en Venezuela que termine con el gobierno de casi 14 años de Hugo Chávez. Y que les de un mayor impulso para trasladar a la Argentina la misma estrategia que ponga fin en 2015 a más de 12 años de kirchnerismo.

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