Las obras que podían haber evitado las inundaciones

“Debajo de la Ciudad de Buenos Aires pasa hoy lo mismo que ocurría antes de su construcción: el agua escurre desde las zonas más altas hasta las más bajas, donde se estanca. Los arroyos siguen existiendo, sólo que ahora corren adentro de caños. Están el Maldonado, el Vega, el Medrano, el White, el Ugarteche, el Erezcano y el Cildañez”, explica a Infobae el arquitecto Enrique García Espil, ex Secretario de Planeamiento Urbano de la Ciudad de Buenos Aires durante el Gobierno de Fernando De la Rúa.

“Ochenta años atrás se entubaron los arroyos, por eso los terrenos por los que pasan están construidos. Pero lo más lógico hubiera sido dejarlos a cielo abierto y hacer parques a los costados. Así, en caso de inundaciones, se hubiesen anegado sólo los espacios verdes”, agrega.

No es casual que los barrios más anegados por las tormentas de los primeros días de abril estén construidos sobre las cuencas de los principales arroyos que atraviesan la ciudad.

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Canales aliviadores, una respuesta

El Plan Director Hidráulico de la Ciudad de Buenos Aires, sancionado por la Legislatura en 1998, establecía una serie de obras a realizar para terminar con los efectos de las lluvias fuertes.

Uno de los primeros y más urgentes proyectos consistía en hacer canales aliviadores en el arroyo Maldonado, el de mayor importancia.

“En la medida en que los arroyos rebasan, se hacen canales aliviadores. Sería el equivalente a ampliar el curso de agua, sólo que como están entubados se hace un caño paralelo”, cuenta García Espil.

“Las obras en el Maldonado son importantísimas y van más lento de lo que deberían, pero avanzan. Las del Vega y el Medrano están demoradas. Pero son todas obras necesarias”, agrega.

El arroyo Vega recorre los barrios de Villa del Parque, Agronomía, Parque Chas, Villa Ortúzar y Belgrano. El Medrano, nace en el conurbano bonaerense y pasa por los barrios porteños de Saavedra y Núñez.

Si se hubiera cumplido con el Plan Director Hidráulico, los efectos de la tormenta habrían sido mucho menores.

Para el Vega, el Plan determina, en primer lugar, la necesidad de “incrementar la capacidad del emisario actual mediante un túnel aliviador con cerca de 8,40 kilómetros de longitud”.

En segundo lugar, “permitir un control de la descarga del nuevo túnel aliviador mediante la construcción de una cámara cilíndrica vertical de descarga en el Río de la Plata”.

Para el Medrano, proyectaba “incrementar la capacidad del emisario principal mediante un túnel aliviador de cerca de 5,18 km de longitud, incluyendo la construcción de una obra de cabecera que derivará caudales del emisario existente”.

Y luego: “Permitir un control de la descarga del nuevo túnel aliviador y su mantenimiento y limpieza, mediante la construcción de una cámara cilíndrica vertical de descarga en el Río de La Plata, dotada de compuertas, y de una estación de bombeo ubicada en el punto más bajo del túnel”.

La dirigencia política se repartió acusaciones y no se hizo cargo de la responsabilidad que le corresponde.

Mauricio Macri, el Jefe de Gobierno, señaló a la Nación por no haber autorizado el financiamiento para las obras en estos arroyos. En respuesta, el senador Aníbal Fernández contestó que ya estaban echas las obras en el Medrano, en referencia a los trabajos de entubamiento realizados en Villa Martelli, Vicente López, donde nace el arroyo.

Lo que no mencionó el legislador oficialista es que aquélla es sólo una parte de las obras necesarias, y que sin los canales aliviadores que ordena el Plan Director, toda el agua de lluvia que se va acumulando una vez que el riacho ingresa en la ciudad termina haciéndolo colapsar.

 

¿Es posible una solución total al problema?

Algunos consideran que no, y que sólo se pueden tomar medidas paliativas. Entre ellos está el arquitecto Juan Manuel Borthagaray, director del Instituto Superior de Urbanismo de la UBA.

“Cuando alguien promete acabar con las inundaciones se sabe que miente. Los arroyos pueden haber sido entubados, pero como están en pendiente, el agua fluye hacia los antiguos cauces cuando llueve más de 50 milímetros”, afirma en diálogo con Infobae.

“No hay sistema de desagüe en el mundo que pueda evacuar eso, mucho más con la basura tapando las alcantarillas. Los canales aliviadores pueden mitigar el problema, pero no solucionarlo”, agrega.

Un ejemplo del acotamiento de los efectos negativos lo dieron las obras en el arroyo Maldonado: los barrios que atraviesa sufrieron mucho menos que otros las últimas inundaciones.

“Hay tres acciones totalmente distintas para desarrollar. El mantenimiento, que supone conservar limpias las redes de desagüe y los sumideros; las obras inmediatas, como los canales aliviadores y las estaciones de bomberos; y la planificación, que supone pensar en cómo generar superficies absorbentes, mantener pasos abiertos, y evaluar dónde se construye. Hay que trabajar en los tres niveles a la vez”, concluye García Espil.

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