Nokia y su apuesta por el nuevo Windows Phone

Desde el fin de semana pasado es posible reservar en la Argentina el Nokia Lumia 900. Las tres operadoras lo ofrecen a 1999 pesos con un abono de 199 pesos; Claro le agrega una entrada para ver el duelo de tenis entre Del Potro y Federer en diciembre próximo; Movistar, un cargador para el auto y un año de su servicio Sonora ; Personal, auriculares Monster WH-930.

El Lumia, que estuve probando, es un muy buen móvil, pero llega a destiempo al mercado. Saldrá a la venta a fin de este mes, pero hace un par de semanas Microsoft anunció que antes de fin de año estará disponible la versión 8 de su sistema operativo (probablemente octubre). Ninguno de los equipos hoy en el mercado se podrá actualizar a él; para ellos quedará la versión 7.8 (más sobre esto abajo). Y en septiembre próximo se espera que Nokia presente un nuevo celular con Windows Phone 8.

Esto, sumado a su hardware (modesto para lo que es hoy un móvil de alta gama) hará que para algunos entusiastas de la tecnología pierda atractivo.

Pantalla de 4,3 pulgadas, procesador a 1,4 GHz

El equipo requiere microSIM, tiene un chip de un solo núcleo a 1,4 GHz, 512 MB de RAM, una pantalla táctil de 4,3" (800 x 480 pixeles), 16 GB de almacenamiento (no ampliable) y cámara de 8 megapixeles con flash y lente Carl Zeiss que graba video en 720p, además de radio FM, cámara secundaria al frente para videollamadas y una batería de 1830 mAh, todo insertado en un único bloque de plástico, que se siente muy bien en la mano, y que sigue el diseño exterior del Nokia N9 .

Usa Windows Phone 7.5 (con la actualización Refresh preinstalada) y, por suerte, no tiene nada que ver con el Windows Mobile de antaño. Esta apuesta de Microsoft para el mundo móvil lleva una nueva interfaz gráfica, inspirada en la señalética de aeropuertos y otros espacios públicos. Y es la base del nuevo aspecto de Windows 8 (que también estará disponible en octubre próximo). Iconos planos y claros, texto en una tipografía sencilla y poquísimos botones o bordes de cajas. Es una interfaz intuitiva, y atractiva por lo despojada, que permite concentrarse en el contenido mostrado en pantalla, pero que a veces puede resultar un poco monótona y rígida.

La pantalla Amoled del Lumia 900 tiene buena visibilidad, incluso al sol, y el procesador central no tiene problemas en cargar y manejar las aplicaciones, y mostrar las transiciones entre ellas (sencillas pero agradables). La cámara de fotos, con lente Carl Zeiss, es muy buena también, aunque no graba video en Full HD. Tampoco tiene luz de alerta que evite tener que activar la pantalla para saber si tenemos mensajes nuevos. Usando 3G, la batería permite llegar con energía al final del día, pero no más.

El teléfono tiene 12 GB libres después de su configuración inicial, y no admite memoria extra (ni usarse como pendrive: todo depende de Zune, el software símil iTunes de Microsoft). Pero se integra con la nube para guardar archivos: desde Skydrive, el servicio de Microsoft, hasta Box.com o Dropbox, aplicaciones que se descargan de su tienda. Hablando de software: Nokia incluye sus clásicos mapas en el equipo, con navegación guiada y offline en el auto.

El software y las herramientas

La oferta de software es notoriamente menor a lo disponible en Android o el iPhone, sobre todo en lo que respecta a juegos, uno de sus puntos más flojos. Parte de esto cambiará con la llegada Windows Phone 8, que dará soporte a todo lo que los equipos actuales con Windows Phone no tienen (procesadores de varios núcleos, pantallas de mayor resolución, expansión de memoria, uso del equipo como pendrive) y unifica con el Windows tradicional el núcleo del sistema operativo.

Pero los móviles existentes no recibirán esa actualización, aunque sí una intermedia (la 7.8) que se espera para los próximos meses. Que los Lumia y sus predecesores no puedan actualizarse a Windows Phone 8 es un desacierto serio, porque limita su vida útil. Pero buena parte de los cambios internos en Windows Phone 8 tiene que ver con hardware que estos smartphones no tienen. Con la actualización 7.8 habrá mejoras en el software, en la interfaz y en la usabilidad, pero quedan dos agregados que les vendrían muy bien: el sofisticado manejo de la multitarea de Windows 8 (y que en Windows Phone 7 funciona en forma muy limitada) y DirectX para videojuegos.

Esto no hará, sin embargo, que los teléfonos con Windows Phone 7 dejen de funcionar de acá a un mes, de la misma forma que eso no sucede con los teléfonos que hoy tienen Android 2.3 y no recibirán una actualización a Ice Cream Sandwich.

La tienda de Microsoft tiene hoy cien mil aplicaciones para Windows Phone 7 (contra las 450.000 de Android y las 600.000 de iOS), con las herramientas más populares (Facebook, Twitter, Whatsapp, Skype, etcétera) disponibles y todo lo que uno normalmente requiere de un smartphone. Y las herramientas que trae WP7 en el Nokia para sincronizar e-mail, contactos y calendarios, y para la mensajería instantánea (Windows Live y Facebook integrada en una misma herramientas con los SMS) son excelentes, lo mismo que el Office, que permite editar y almacenar los archivos en la Nube o en el móvil. El navegador Internet Explorer 9 es inesperadamente bueno, aunque los de Android y iPhone me parecieron un poco más ágiles (y no hay version de Firefox u Opera).

El Lumia 900 me resultó, en conclusión, un muy buen smartphone, con una propuesta de interacción diferente a la disponible en el mercado, y que funciona bien. Los aficionados a los videojuegos, a probar aplicaciones distintas con mucha frecuencia, al hardware de última generación o a poder hacerle grandes cambios a la interfaz del teléfono, sin embargo, encontrarán en Android una mucho más amplia oferta de equipos.

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