"Si me mataba, me hacía un favor", dijo la ex pareja del asesino de Benavídez

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Consternada por la pérdida de gran parte de su familia, Romina Martínez, la ex del asesino de Benavídez, rompió el silencio y habló sobre la conflictiva relación que mantenía con Juan Carlos Cardozo, el joven que el lunes mató a una de sus hijas, su abuela y su hermana.

Acostumbrada a ver este tipo de casos en la televisión, no puede creer que ahora sea ella la protagonista de esta tragedia y está convencida de que el verdadero blanco de la masacre era ella. "Me quería hacer daño a mí y terminó haciendo daño a todos. Si me mataba, me hacía un favor", disparó angustiada en entrevistas concedidas a los diarios Clarín y Muy en la que dijo estar convencida de que se trató de una venganza.

Diez días atrás la joven había decidido refugiarse en la casa donde se desencadenó la masacre. La relación con Cardozo era insostenible y ella buscó alejarse entre los suyos. Según la publicación de los dos matutinos, el asesino había estado merodeando la zona durante el fin de semana, preguntando por ella. Y el lunes volvió, bien temprano. Se mantuvo escondido en el descampado que bordea a la colectora de la ruta 9 y esperó allí a que salieran los hombres de la casa. Minutos después encaró hacia la propiedad, ubicada en la calle Uruguay al 600. Al rato, la escena había cambiado por completo.

"Nunca lo creí capaz de algo así. Más que molestar, ir y venir a cada rato, no hacía otra cosa. Pero lo que hizo demuestra que es un loco, un psicópata que no merece la libertad, porque sabía muy bien lo que hacía", destacó Romina, quien ya había hecho reiteradas denuncias por la conducta de Cardozo.

El hallazgo

Romina reconstruyó el momento del terrible hallazgo de los cuerpos de sus familiares. Señaló que no podía entrar en la casa de su abuela Hilda, donde su hija había ido a llevarle un remedio, y entonces llamó a su papá para que la ayudara. Se le ocurrió pensar que Cardozo podía estar adentro y que tal vez las había atado y amordazado y que por eso no respondían.

Pero costaba abrir la puerta y llamaron a la policía. Cuando entraron vieron cosas tiradas hasta que llegaron al baño. "Vi a mi abuela envuelta en una alfombra, boca abajo. Mi hija estaba arriba, de costado. Mi hermana tenía las piernas afuera del baño, en el pasillo. Un charco de sangre le rodeaba la cabeza y se veía un corte en el cuello. No quería creer que estaban muertas. No hice más que gritar y corrí sin saber adónde ir. No entiendo nada, no caigo", relató al diario Muy antes del entierro.

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