Maduro: el elegido que debe dejar la mística y gobernar

Venezuela no eligió a un presidente: eligió a dos. A Nicolás Maduro y a Hugo Chávez, que estuvo presente en la campaña como un ángel de la guarda o un dios tutelar, y cuya constante invocación fue la carta más fuerte que usó el candidato oficialista en su lucha por quedarse en el Palacio de Miraflores. Por lo ajustado del resultado, no fue suficiente para permitirle la avalancha de votos que esperaba.

Pero Maduro le debe mucho más a su padrino y mentor que los votos que recibió por el efecto emocional de su muerte. Su carrera política empezó, allá lejos y hace tiempo, de la mano del "comandante" Chávez, en rigor teniente coronel, cuando se conocieron en 1994.

De allí en más, todo fueron ascensos para Maduro, como leal lugarteniente de aquel audaz militar que entonces estaba en la cárcel, cumpliendo sentencia por el fallido golpe de Estado que condujo el 4 de febrero de 1992.

Hoy esa fecha es una de las efemérides favoritas del chavismo, su mito de origen. Otra es el 11 de abril de 2002, cuando el golpe de Estado fue dirigido en su contra. Así se construyeron Chávez, Maduro y el elenco bolivariano: golpe tras golpe.

"No soy Chávez, pero soy su hijo." Lo dijo Maduro al presentar sus credenciales como candidato ante el Consejo Nacional Electoral. El mensaje era menos modesto de lo que parecía de entrada. Se presentaba como el hijo del dios.

Pero hubo una primera vida para Nicolás Maduro, una vida previa a unir su destino al de Chávez, y desde luego muy anterior a cuando comenzó a escucharlo a través del "pajarito chiquitico" que durante la campaña ofició de médium.

Esa biografía cuenta que nació en Caracas en 1962 y que se crió en la barriada popular de El Valle. Sin estudios terciarios, Maduro se hizo de abajo como colectivero en Caracas, desde donde se lanzó a la lucha gremial para llegar a ser líder sindical del Metro de Caracas.

Fue la antesala del activismo político en las grandes ligas, mientras se fogueaba en el arte de la negociación y se aficionaba al comunismo castrista más ortodoxo, una profesión de fe que jamás abandonó.

Las peregrinaciones a la meca habanera fueron y son intensas y numerosas, uno más de los rituales cívico-religiosos heredados del líder bolivariano.

Para muchos, de hecho, Maduro fue "puesto" por el régimen de Fidel y Raúl. Y sin duda no hará nada por forzar la retirada de decenas de miles de trabajadores cubanos en Venezuela. Ellos fueron, en buena medida, los responsables de instalar y tener en marcha los planes sociales o "misiones" más representativos del régimen chavista, como educación, salud y vivienda. Servicios básicos si los hay, algo más que remedos de un inexistente Estado de Bienestar, pero con suficiente presencia como para arraigar entre los más necesitados y ganarse su adhesión.

Los expertos cubanos que venera Maduro también se involucraron en tareas castrenses, cumpliendo funciones de seguridad y espionaje de las que nadie da cuenta ni nadie alcanza tampoco a entrever su verdadera dimensión.

Su veta castrista y sus aspiraciones en la arena política lo acercaron a Chávez a mediados de los noventa, cuando éste aún se encontraba tras las rejas por su asonada contra el gobierno constitucional de Carlos Andrés Pérez.

Chávez no era propiamente marxista, pero sí era una celebridad con una creciente fama de defensor de humillados y ofendidos que trascendía las clases sociales.

En el acercamiento entre ambos medió la pareja de Maduro, la actual procuradora general de Venezuela, Cilia Flores, entonces abogada defensora de Chávez.

"Miren dónde va Nicolás, el autobusero. Nicolás era chofer de autobús en el metro, y cómo se han burlado de él", dijo Chávez, a modo de presentación, cuando lo designó vicepresidente en octubre del año pasado.

En los años que mediaron entre el asiento del colectivo y el sillón en Miraflores, Maduro fue uno de los fundadores del Movimiento Quinta República (MVR), la lista con la que las huestes chavistas accedieron al poder en las elecciones presidenciales de 1998. Más tarde, se transformó en el actual PSUV.

Chávez lo nombró canciller en 2006. Y la jefatura de la diplomacia no era un puesto menor en la estrategia bolivariana de gobierno, que pretendía consolidarse como líder de la región a fuerza de petrodólares y de un discurso lacerante contra el "imperio" de los Estados Unidos. Considerado un hombre de trato amable y buen negociador, Maduro fue quien firmó en nombre de Chávez acuerdos con China, Rusia, Belarús e Irán, entre otros socios y amigos cuestionados que supo conseguir.

Sindicalista, canciller, vicepresidente. la hora de gloria fue otra vez marcada por Chávez, la última orden que les impartió a los suyos y la última vez que se dirigió a los venezolanos. El 8 de diciembre, antes de viajar a Cuba para tratarse sin éxito su misterioso cáncer y agonizar en una clínica de La Habana.

"Si se presentara alguna circunstancia que me inhabilite para continuar al frente de la presidencia, Nicolás Maduro no sólo en esa situación debe concluir como manda la Constitución el período, sino que mi opinión firme, plena, como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que en ese escenario, que obligaría a convocar elecciones, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente", declaró.

Ayer, millones de venezolanos le hicieron caso y lo votaron sencillamente porque fue el elegido de Chávez. Si lo dijo el comandante, pues así será. El mérito necesario fue el dedo mágico de Chávez que lo señaló, en la antesala de la muerte, para conferirle la gloria del poder presidencial.

Desde entonces, Maduro no quiso o no pudo dotarse de ideas propias, y jugó una y otra vez con la imagen del líder elevado a los cielos, del héroe que les robó el fuego a los ricos y lo entregó para el calor de los pobres.

Lo llamó su maestro, su padre, con quien se comunicaba en las alturas gracias a un pájaro que ofició de mensajero y se hizo famoso en todo el mundo: "De repente entró un pajarito, chiquitico, y me dio tres vueltas acá arriba (.) Silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue, y yo sentí el espíritu de él". Combativo incluso después de muerto, fiel a sí mismo hasta el fin de los tiempos, Chávez le dijo mediante el silbido del ave que arrancara "la batalla" y lo alentó a luchar por "la victoria".

Pero fue finalmente un triunfo mucho más ajustado que lo que habían pronosticado las encuestas, algunas de las cuales habían anticipado hasta 10 puntos de diferencia a favor del chavismo. Toda una señal de alerta. Ahora, el desafío de Maduro parece mucho más complejo: emerge de la campaña debilitado y con la sombra de la sospecha de fraude.

Más que una primera dama

Fue la que introdujo a Maduro en el chavismo

Cilia FloresPrimera dama de Venezuela

A sus 60 años, esta influyente abogada lleva ligada al chavismo dos décadas. Defendió a Chávez en prisión, fue procuradora general y una de las fundadoras del PSUV

Las perlitas de una cuestionada campaña

Varias de sus frases fueron tomadas con burlas por los medios y la oposición

"De repente entró un pajarito chiquitico (...) y empezó a silbar. Me lo quedé viendo y también le silbé. Silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue, y yo sentí el espíritu de él [Chávez]"

"Sabemos que nuestro comandante ascendió hasta esas alturas, está frente a frente a Cristo. Alguna cosa influyó para que se convoque a un Papa sudamericano"

"Tenemos un sistema electoral perfecto. Yo no me voy a quejar, si llegara a perder por un voto, pierdo; pero si gano por un voto, gano y voy a ser el presidente de esta república"

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