Juguetes simples y precios altos

Max Steel ha ganado nuevos enemigos. Lo tienen cercado. Están en su mismo estante, en los de arriba, en los de abajo y en la góndola vecina. Sus poderes pueden no ser suficientes para derrotar a todo un ejército de muñecos nacionales, y aunque lo hiciera, sus cualidades físicas y sus equipos de última tecnología no servirían para hacer frente a Guillermo Moreno, cuyos rayos pueden congelarlo dentro de un contenedor.

La realidad ficticia del personaje de Mattel -dueño de Barbie, Hot Wheels y Fisher-Price- tiene algo de cierto: la industria juguetera local tiene cada vez más participación en el mercado interno. Esta expansión en las góndolas comenzó en la poscrisis, cuando el sector comenzó a recuperar el terreno perdido en la década del '90. La cuota, que se elevaba en 2006 al 10% del total, trepará a fines de este año hasta una marca de casi 45%, de acuerdo con las proyecciones de la industria de este sector que mueve unos US$ 350 millones al año.

Acaparar semejante tajada del mercado hubiera sido impensable sin la política de protección del modelo kirchnerista, que puso freno a la importación con licencias no automáticas desde 2005. La ministra de Industria, Débora Giorgi, ya había empezado a cuidar al sector al aplicar aranceles en su gestión durante el gobierno de Fernando De la Rúa. Así logró una estadística atípica: dos de cada cinco juguetes vendidos son hechos en la Argentina.

Pero el incremento de las marcas locales significó un cambio en la composición de la oferta, que no perdió colores, pero resignó tecnología. Los autos a control remoto, los robots luminosos y otros juguetes electrónicos se bajaron de las góndolas, y dejaron su espacio a otros más tradicionales: ladrillitos, volcadores, juegos de mesa y rodados clásicos. "La industria nacional del juguete no está en condiciones de fabricar productos electrónicos, pero a medida que nos hacemos fuertes nos volvemos más sofisticados", afirmó Miguel Faraoni, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ). La tecnología se busca ahora fuera de las jugueterías, en otro rubro: las tiendas de electrodomésticos aprovechan cada vez mejor al segmento y la fecha con celulares, tabletas consolas y accesorios de gaming .

Actualmente, alrededor de un centenar de fabricantes vuelca casi toda su producción al mercado custodiado por Moreno y la secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri. Ambos se encargan de abrir y cerrar la puerta a Barbie y sus amigos, en gran parte, vía Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI), controladas por la AFIP.

A diferencia del año pasado, este Día del Niño, supermercados y cadenas como El Mundo del Juguete, Cebra y Tío Mario ofrecen importados. Mattel, con sus clásicos, y Ditoys, con una mayoría de productos de Disney (Princesas y Cars, en auge), son los de mayor presencia, según pudo observar La Nacion en distintos comercios. Coto, por caso, presentó un ostentoso catálogo, repleto de blondas, musculosos y artículos de primera infancia de Mattel.

El ingreso de juguetes está regido por las mismas condiciones que el resto de los sectores: planes de compensación y listas de precios. La estrategia de Mattel fue asociarse con Rasti e introducirlo en Colombia, lo que representa hoy un 10% de las ventas de Di Mare. En cambio, Lionel's, fabricante de Mis Ladrillos e importador de autos, muñecas y libros con sonidos, debió ir más allá del rubro. "Exportamos polipropileno y miel a Alemania para cumplir con los requisitos", explicó Salvador Cogliano, socio gerente de la firma. La exportación local alcanza apenas 8% de la producción, y se dirige principalmente a países del Mercosur. "La competitividad ya no es la misma, y con estos costos no se puede hacer nada en mercados con juguetes chinos", describió un industrial.

Los forasteros están siempre a la vista, pero son visiblemente más escasos y más caros. "El proceso de importación se encareció, con demoras en depósitos fiscales y trámites, que se trasladan a los juguetes", explicó el director de una firma que fabrica y representa marcas de afuera. "Otra parte, también se explica por el dólar blue ", agregó la fuente. El precio de una Barbie está en un promedio de entre $ 100 y $ 200, mientras que una caja de construcción Lego con el mayor número de piezas, ronda los $ 2500, contra unos $ 600 de Rasti.

Aunque amplia, la brecha no es sinónimo de precios bajos. Costos en alza, inflación y, en algunos casos, dificultades para ingresar materia prima cargan fuerte las listas de los fabricantes que juran no especular con la sobredemanda. "Los precios de fábrica treparon desde diciembre entre 8 y 15%", estimó Faraoni.

Las máquinas de Rasti, Duravit y Rondi marchan las 24 horas. Las tres son jugadores históricos y exponentes actuales de un crecimiento al 20% anual. Ninguna sucumbiría a los poderes de Max Steel.

PERSONAJES QUE TRACCIONAN

"La mayoría de las empresas tiene licencias, porque los personajes de moda atrapan más a los chicos", dijo Miguel Faraoni, presidente de la CAIJ. Las licencias, que permiten asociar un producto con márgenes, por ejemplo, de Disney, acuerdan un mínimo de ventas y, pasada esa suma, un pago de regalías entre 10 y 12% de las ventas. El negocio proliferó en el país en los últimos años; las trabas a la importación dejaron vacantes. "Ahora hay una saturación de licencias; ahora puede haber cinco productos similares de Ben 10", evaluó Pablo Arias de ToyCo, destacada en juegos de mesa y licenciataria de Monopoly.

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