Jugando en el bosque cuando el lobo no está

Cuando el debate entre los principales candidatos a senador porteño realizado anteanoche por TN parecía diluirse entre chicanas, ironías y disquisiciones sobre el pasado, la postulante de Pro, Gabriela Michetti, intentó reordenar la discusión, planteando una inquietud de muchos argentinos: ¿por qué no hablar de la inflación? Pero su iniciativa no halló mayor eco en sus contrincantes, Fernando "Pino" Solanas (UNEN) y Daniel Filmus (FPV), al tiempo que a la propia dirigente macrista tampoco se le escucharon soluciones al problema.

Entre la superposición de voces, en el fragor del debate, se alcanzó a escuchar un diagnóstico de Filmus, quien planteó que la disyuntiva ante la inflación es continuar con las políticas productivas del kirchnerismo o recurrir a recetas recesivas. No pudo explicar, sin embargo, por qué sufrimos los actuales niveles de inflación.

Solanas, por su lado, pareció quedarse en sus críticas al falseamiento de las estadísticas oficiales, pero no abordó a fondo la cuestión.

Quedó la sensación de que, al menos entre quienes encabezarán las listas porteñas, nadie habla más que a la ligera de uno de los problemas más graves de la Argentina.

Puede ensayarse una explicación: la oposición tal vez supone que brindar respuestas a la inflación, a la caída de reservas del Banco Central y a las complicaciones cambiarias es responsabilidad exclusiva del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en los dos años que le quedan de mandato.

En la otra vereda, los voceros del oficialismo insisten en negar los problemas, quizá con la ilusión de que éstos le estallarán al gobierno que los suceda a fines de 2015.

Según la lógica imperante en el kirchnerismo, cualquier medida que pueda plantearse para corregir el rumbo inflacionario actual o las distorsiones que exhibe el sistema productivo, fundamentalmente en materia de los elevados costos en dólares que soportan las empresas, tendría un costo político inmediato que un gobierno debilitado como el actual no debería asumir.

Pero, además, según se desprende de las palabras de no pocos candidatos y funcionarios kirchneristas, existe algún convencimiento de que todavía les queda margen para sostener la actual política económica por dos años más, aunque sea aplicando parches.

Dejarle tierra arrasada al próximo gobierno, un escenario parecido al que Carlos Menem le legó a Fernando de la Rúa, parece ser hasta ahora la estrategia del kircherismo, con la esperanza de que, cuando todo estalle, alguien se anime a gritar "Volvé, Cristina, te perdonamos".

Se trata de una estrategia muy propia del peronismo: gastar todo lo que se pueda mientras se es gobierno y, eventualmente, entregarle el Banco Central al futuro gobierno con la misma cantidad de dólares de reservas que recibió Néstor Kirchner en 2003 -alrededor de 12 mil millones-, con el argumento de que el excedente que tuvieron las reservas en esta década (llegaron a superar los 52 mil millones de dólares y hoy se sitúan en algo más de 34 mil millones) es del gobierno y no del país. La fiesta la pagará el que venga después.

De ahí que la reciente revelación de Daniel Scioli en el coloquio de IDEA, donde admitió que "el camino para luchar contra la inflación no ha dado resultados" y "hay que ver cómo lo abordamos", implicara patear el tablero kirchnerista. Como si el gobernador estuviera decidido a jugar en el bosque mientras el lobo descansa en Olivos. ¿A cuál camino sin resultados se refería Scioli? ¿Acaso al de Guillermo Moreno, afín a la absurda pretensión de que los aumentos de precios pueden frenarse a los gritos?

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