José Sand el día soñado

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L a bronca contenida brotó como una ráfaga. Furiosa. Desaforada. De mucha angustia contenida. Y también de alivio. La dejó fluir y no la quiso ocultar. Si el primer grito fue sentido, el segundo evidenció su parecer más genuino y visceral. A lo Mario Balotelli, José Sand se quitó la camiseta de la Academia y mostró sus músculos, al tiempo que se tocaba el abdomen y se golpeaba el pecho. En su interior, respondía a quienes lo criticaban por estar, supuestamente, excedido de peso y muy lento en sus movimientos. Una revancha a la que Pepe quiere aferrarse para que no se le escape nunca más. La esperaba agazapado, para que el zarpazo fuese más contundente. Confiaba en que el instinto no se había extinguido. Ese que lo condujo a codearse con el mismo idioma que maneja Santiago Silva o el del ya retirado Martín Palermo.

Cuando las críticas se hacían contundentes por la ausencia de su principal herramienta y el recuerdo del colombiano Teófilo Gutiérrez sobrevolaba, como una tormenta, por el Cilindro, el correntino contestó con un doblete en el partido más esperado del año: el clásico ante el histórico rival del bario.

Fiel a su costumbre, una vez más, Pepe le marcó a Independiente. Su última cuota goleadora ante los Rojos había sido en abril de 2009, cuando Lanús, también bajo la batuta de Luis Zubeldía, se floreaba y lo goleaba 5-1. Aquella vez, Sand facturaba de a cuatro. Con los dos de ayer, suma diez para que Independiente (al igual que Racing) sea el equipo al que más le anotó.

Se sacó la mufa Sand. Una sequía que, por las obligaciones con las que convive Racing, se había transformado en una pesada mochila. Apenas tres partidos (dos del torneo local y uno por la Copa Argentina) fueron suficientes para llenarlo de reproches. Un lastre que, acaso, nunca imaginó que podría cargar sobre sus espaldas a su regreso desde Tijuana, de México.

Para Pepe, el partido fue más que un quiebre. Apenas tres semanas pasaron desde la tarde del encuentro de la hinchada de Racing con sus nuevos jugadores. Una jornada que, para Sand, quedará marcada a fuego. No sólo por los dos penales que Guillermo Sara, el arquero de Atlético de Rafaela, le contuvo, sino por el gol mal anulado que habría hecho menos caótico su debut en el torneo Inicial. Si bien su producción no mejoró en la visita triunfal a la Paternal, se lo notó más activo y atento al circuito que intenta plasmar Zubeldía. El del juego asociado entre Mauro Camoranesi, Diego Villar y el revulsivo Ricardo Centurión, el nuevo pibe de oro que gambetea e ilusiona por esas veredas de Avellaneda.

Hasta el propio DT había pedido paciencia. Adentro y afuera. Al propio plantel, en una práctica, le bramó: "¡Todas a Sand! ¡Pepe es Dios para nosotros! Nos va a hacer ganar mucha plata... Y muchos partidos". Mientras que en la posterior conferencia de prensa, explicó: "Lo de Pepe es cuestión de tiempo. Su esencia es el gol. Lo conozco y sé lo que me puede dar. Si se le abre el arco va a ser ídolo de Racing". Allí, Zubeldía confió que, por características, el delantero no iba a lucir por su gambeta o su velocidad, sino que lo suyo era buscarse el espacio aguantando la pelota de espaldas al arco o, también, por el cabezazo en el primer palo. Claro, dos sellos inconfundibles que lo habían llevado a ser el goleador del fútbol doméstico en dos torneos consecutivos (Apertura 2008, con 15 goles, y Clausura 2009, con 13).

"Estaba tranquilo, pero necesitaba esto", reconoció el goleador al término del partido. "La verdad es que me saqué un peso de encima porque se me estaba llenando la mochila. Pero aunque en las fechas anteriores me perdí chances claras de hacer goles, yo estaba tranquilo y tenía todo el apoyo de mis compañeros", apuntó el goleador. Y agregó: "Uno venía acumulando cosas. Venía errando y se me escaparon las opciones de hacer goles. Eso, a un delantero, le va pesando. Pero mis compañeros me apoyaron siempre, lo mismo que el cuerpo técnico y los hinchas. Y eso me dio tranquilidad".

La reaparición de su olfato, nada menos que ante Independiente, desató la fiesta y el carnaval para todo Racing. Pero no merma el fastidio con el que convive Sand desde que volvió al país. De pocas palabras, el correntino siente como una traición el trato que recibió. Inmerecido, absurdo y parcial, argumentó en la intimidad. "Se ha dicho cada cosa, pero bueno, son las reglas del juego. Soy un jugador lento. Todos lo saben, pero tengo otras características y esta vez las pude aprovechar", contó el delantero de 32 años. Sin establecer comparaciones con Centurión, ensayó una explicación: "Tiene un turbo, ¿no? Es muy bueno, realmente, pero hay que llevarlo de a poco. En el medio tiene compañeros que le dan muchos consejos y yo le hablo mucho también porque nos concentramos juntos. Crece o se estanca, depende de él. Tiene todo para ser crack".

Con la postergación del sábado por la lluvia, esa rabia que transformó en desahogo debió aguardar unas horas más. Y la mañana de ayer para Sand fue como un embrujo ideal. Una pócima que preparó con suma paciencia. La misma que, tal vez, sembró en Corrientes, cuando su sueño se vestía de arquero. Porque hasta los 11 años ese pibe se acostaba todas las noches creyendo que era el uno de la selección nacional. Una ilusión que desapareció en el club Barrio Norte, de Bella Vista, donde su padre era el presidente. Lo probaron como centroatacante y su suerte cambió para siempre. Lo otro es conocido. Dos años después, en 1993, se iniciaba su derrotero en Buenos Aires. Un extenso raid por las inferiores de River, donde aún se mantiene como el goleador histórico en las categorías menores del club.

Sobre el rival de siempre, puntualizó: "Los dominamos en todo. Ellos tuvieron actitud en los primeros diez o quince minutos, pero después fue todo nuestro. Ahora hay que ir con tranquilidad. Van recién tres fechas y nos queda mucho camino por recorrer para saber para qué estamos".

Rodeado por sus afectos, Sand disfrutó de una tarde perfecta luego de dos goles que significan mucho más que tres puntos. Porque por un buen rato, Sand y la Academia se adueñaron de Avellaneda. Algo que a Racing ya nadie se lo puede quitar.

vivió hilario y sus actitudes

Mientras asistían a Saja, en la otra área Hilario Navarro respondió a las cargadas de la hinchada de Racing. Lejos de evitar la polémica, el arquero paraguayo replicó con gestos y ademanes que recreaban la manera de alzar una copa, por la Sudamericana que ganó en 2010.

como lo vió molina

"Este clásico lo vivimos con mucha intensidad. Necesitábamos un triunfo así de importante. Ganarle a Independiente nos sirve mucho para potenciar lo que estamos haciendo", contó el vicepresidente primero Rodolfo Molina.

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