La isla Demarchi, entre el olvido y las críticas gremiales al Polo Audiovisual

En la isla Demarchi, que no es un terreno rodeado por agua como muchos pensarían, abunda el silencio. La hora pico llega a las 16, el olor a pescado es muy fuerte, y muchos de quienes trabajan en ella no la reconocen por su nombre.

El desconocimiento de propios y ajenos con respecto al nombre y la historia de la región parece salido de un cuento. Y es que, en la zona, todos escucharon hablar de la isla, pero mientras para algunos está "un poquito más allá", para otros "es cruzando la calle", y nunca falta quien dice, con alarmante convicción, que "acá no es".

Lo cierto es que la isla Demarchi, donde la Presidenta planea crear un Polo Audiovisual, está ubicada en el extremo sur de Puerto Madero, más allá del Dique 1, delimitada por la Av. Elvira Rawson de Dellepiane, la Reserva Ecológica, el Río de la Plata, la desembocadura del Riachuelo y la Dársena Sur. Aloja al Observatorio Naval, el Museo de Calcos, el estacionamiento del Casino Puerto Madero, el Club de Obras Públicas, los talleres de la Prefectura y la Armada Argentina. También a las plantas de almacenaje de YPF, el ex astillero Domecq García, la compañía Tandanor, la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables, el Departamento Río de la Plata de la Dirección Nacional de Construcciones Portuarias y Vías Navegables, la Escuela Nacional Fluvial y la ex Ciudad Deportiva de Boca Juniors.

Un paseo por la zona muestra que la mayoría de las calles no tienen nombre. Las cuadras no están delimitadas, y la superpoblación de baches representa una peligrosa constante. "Para describir la isla, basta con salir a la calle y mirar. Todo está repleto de pozos, es un desastre", dice Carlos, empleado de seguridad en Endesa, usina eléctrica que funciona en el lugar.

A pocos metros de allí, se encuentra Alejandro, uno de los tantos pescadores que observan sus cañas, impacientes, a la espera del llamado de la suerte. "Los fines de semana, esto se llena, viene gente de todos lados", cuenta este hombre, oriundo de Temperley, que en sus ratos libres se acerca al río . Rodeado de botellas vacías, papeles, pañales y latas, agobiado por el nauseabundo olor a pescado que atrae a las garzas, Alejandro explica que, tiempo atrás, muchos chicos correteaban por el lugar, pero desde que "se ahogaron un par", los pescadores se juntaron para prohibirles el paso.

Celeste Miño, quien trabaja en la sección de Seguridad e Higiene de Endesa, se acerca al río con cara de asco. "Siempre vengo a chusmear porque no puedo creer que la gente se pase el día en este lugar lleno de mugre", dice; según ella, "la zona está olvidada y, por los pozos, los días de lluvia es intransitable".

Por otro lado, el anuncio del proyecto del Polo Audiovisual ya generó reacciones encontradas . El delegado general de Vías Navegables en ATE (Asociación de Trabajadores del Estado), Oscar Verón, dijo a LA NACION que "si en la isla Demarchi hay un abandono, eso es responsabilidad del Estado nacional". Según Verón, "Vías Navegables es fundamental porque el 80% del comercio del país se mueve por vías acuáticas. Y la principal base de la repartición es la isla Demarchi. La política de vaciamiento que padecemos comenzó con Menem, y Néstor Kirchner en persona prometió una inversión de 40 millones de dólares para reactivarla, pero ese dinero nunca llegó. En su momento, Ricardo Jaime también se había comprometido a reparar el dragado en la zona del astillero, y nunca hizo nada. Detrás del proyecto del Polo, hay un negocio inmobiliario que vamos a denunciar".

En el mismo sentido, Juan Carlos Schmid, secretario general del sindicato del personal de dragado y balizamiento, señaló que la isla, "lejos de estar deshabitada, es la base operativa de la flota de dragado y balizamiento, y si no tenemos precisiones sobre el destino de nuestro enclave, no descartamos situaciones de conflicto".

Mientras tanto, en un rincón de la isla , ajenos a esa disputa, un grupo juega un picadito, un hombre arregla su rancho construido con bolsas de nylon, y un humo denso y negro puebla el aire. La ex Ciudad Deportiva de Boca Juniors está vacía, aunque en ella se espera poder construir "un barrio privado de lujo, con 11 torres de 50 pisos", según comenta un guardia del predio de casi 70 hectáreas. De fondo, la triste realidad de la villa Rodrigo Bueno, que cada día expande más sus desesperanzados horizontes.

En la avenida España, la misma sobre la que se encuentra el Observatorio Naval, un desfile de camiones decoran el desolado paisaje. "Éste es nuestro punto de encuentro. Esperamos para cargar y descargar", explica un conductor. La señora Mercedes mira a los choferes desde su puesto de choripán y hamburguesas, impregnado por el inconfundible olor a cebolla y chimichurri. "Por acá pasa muy poca gente, yo vivo gracias a ellos", dice, mientras señala al grupo de camioneros que esperan, como la isla Demarchi, un destino mejor.

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