La incierta hora de los históricos de Kirchner

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Mirá lo que hizo este muchacho, así no nos va a ir bien." La frase pertenece a un importante dirigente oficialista que miraba ayer, sin poder creer, la repetición de la imagen de Andrés Larroque a los gritos en Diputados. Traducía así la sensación que existe en sectores del Gobierno de que la división entre "kirchneristas" y "cristinistas" es cada vez más profunda.

El ala clásica, en donde abrevan históricos de la época de Néstor Kirchner, como Julio De Vido, Carlos Tomada e incluso Guillermo Moreno, comienza a percibir que es cada vez más difícil seguir sosteniendo la seguidilla de desaciertos producidos por la falta de gestión. "Una cosa es tener un frente abierto y otra distinta es acumular problemas sin poder solucionar uno", comentó un funcionario.

Recuerdan algunos las desoídas advertencias que habían recibido en el Ministerio de Seguridad un mes antes de que estallara la protesta de gendarmes y prefectos; las prevenciones sobre la escala de Ghana en el viaje de la Fragata Libertad, y las sugerencias que le acercaron a Cristina para planear una salida del cepo al dólar, una medida que, admiten, es cada vez más difícil de revertir. "Cristina no quiere escuchar a quienes le transmiten crudamente los problemas. Los otros le tienen miedo", admitió una fuente que, por ese motivo, dejó de tener con ella el contacto frecuente de otros tiempos.

Este sector, cansado de hacer catarsis interna sobre el avance de los jóvenes camporistas en casi todas las estructuras del Estado, ha empezado a sentirse cada vez menos parte de la gestión. El aniversario de la muerte de Néstor Kirchner alimentó la nostalgia.

En algunos despachos del Gobierno circuló una encuesta nacional que refleja que la posibilidad de una reforma constitucional con reelección incluida cosecha un rechazo de casi el 70%, aunque también demostró que las preferencias por el oficialismo todavía no se trasladaron a ninguna otra figura de la oposición.

Esto contribuyó a que algunos de los kirchneristas históricos (no todos) empiecen a proponer sutilmente la conveniencia de comenzar a trabajar en una transición fluida de caudal político hacia Scioli. Lo hacen no sólo seducidos por su nivel de aceptación social, sino también porque lo perciben más confiable para cuando les toque estar alejados del poder.

Scioli, por las dudas, ya hizo llegar un mensaje claro a la Casa Rosada: cuando llegue el momento del armado de listas el próximo año "su integración deberá garantizar la gobernabilidad de la provincia". En otras palabras, no habrá lugar para díscolos, al menos en las listas provinciales. El gobernador no quiere repetir la experiencia del año pasado, cuando resignó lugares a manos de los recomendados de la Presidenta y en los hechos terminó en minoría en la Legislatura, con un supuesto bloque propio, dinamizado por La Cámpora, votando pedidos de informe en su contra.

Dentro de este contexto, se percibe otro clima en la relación del gobierno nacional con Scioli. A Gabriel Mariotto le aconsejaron dejar de atacarlo. El lanzamiento de la agrupación DOS, con su apenas disimulado mensaje a favor del proyecto presidencial de Scioli, mereció escasas reacciones. Incluso la incertidumbre que hay en La Plata por el pago del aguinaldo de fin de año recibió esta semana respuestas tranquilizadoras. "No va a repetirse lo que ocurrió en julio", los tranquilizó uno de los kirchneristas históricos, con más entusiasmo que certeza.

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