El hombre nuclear ya está entre nosotros

La relación entre la tecnología y la medicina no siempre sirve para fines lúdicos y para el regocijo de los fanáticos de los dispositivos móviles, como ocurrió con el joven Dave Hurban, que recientemente se implantó cuatro imanes en su muñeca para lucir orgulloso su iPod Nano como reloj .

En 2010 el australiano Joe Wooller se implantó un pequeño chip RFID (similar al que se usa en las tarjetas inteligentes tipo SUBE, en billeteras electrónicas, comercios para identificar mercadería y demás) en la mano. Su intención: poder abrir la puerta de su casa sin necesidad de llaves. El chip no requiere energía propia, y basta acercarlo al receptor, instalado en el marco de la puerta. Wooler también tarbaja en eliminar la necesidad de otro tipo de llaves, como las de su auto o su motocicleta, y anota el progreso en su blog personal .

Por su parte, Amal Graafstra tiene chips RFID en sus manos desde 2005, y escribió un libro con algunas de las cosas que se pueden lograr con esto: desde abrir una puerta hasta loguearse en la computadora, pasando por el uso de estos chips para llevar un inventario de las cosas de la casa o la oficina.

Los constantes avances en materia de miniaturización y perfeccionamiento de los desarrollos tecnológicos permitieron que científicos de la Universidad de Stanford en California lograran un desarrollar un ojo biónico para las personas no videntes. De forma conjunta, unos anteojos especiales y un implante en la retina permiten estimular los impulsos nerviosos que permitirían al paciente recuperar de forma paulatina la vista, sin necesidad de baterías extra ya que funciona con energía solar .

Por su parte, con pequeños implantes ubicados en el cerebro, Cathy Huthinson logró tomar control de un brazo robótico , un avance tras haber padecido una parálisis muscular luego de un accidente cerebrovascular. De esta forma, la paciente logró beber de una botellita por sus propios medios, asistida por los investigadores que llevaron a cabo este desarrollo.

Los implantes también pueden cumplir un silencioso pero valioso trabajo en la administración gradual de medicamentos, un desarrollo del MIT que ya fue testeado en humanos y que facilitaría la calidad de vida de los pacientes que deben enfrentar un tratamiento compuesto con una gran cantidad de drogas.

Por su parte, algunos desarrollos surgen como respuesta a las consecuencias de los conflictos bélicos, como ocurrió con el Deka Arm, un brazo robótico desarrollado por el inventor del Segway, Dean Kamen, y que aún se encuentra en etapa de desarrollo.

Apodado Luke, en referencia al implante que el personaje de Star Wars tuvo que utilizar tras una amputación de su brazo, este desarrollo de DEKA forma parte del programa de desarrollo de prótesis que promueve la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Estados Unidos (DARPA, según sus siglas en inglés), que ya cuenta con experiencia en este tipo de iniciativas .

En 2008, el cineasta canadiense Rob Spence (que quedó tuerto a los 11 años en un accidente) comenzó un proyecto para instalar en su ojo una cámara que registrara lo que ve, sin conexión directa con su cerebro, y está filmando, con algo de humor, un un documental sobre su progreso.

El trabajo de Spence tiene dos antecedentes directos: Gordon Bell , un investigador de Microsoft que registra todo lo que ve y digitaliza todos los papeles que llegan a sus manos, y Steve Mann , que creó unos anteojos similares a los de Google para ayudar a gente con problemas visuales, y que los usa él mismo (están fijados en forma permanente a su cráneo, lo que le trajo algunos problemas ante desconocidos ).

A pesar de los alentadores resultados que ofrece este cruce entre la tecnología y la medicina, estos desarrollos aún se encuentran en una etapa preliminar, y resta adaptar estos desarrollos a los fines prácticos de la vida diaria de los pacientes. El ojo biónico aún no fue testeado en humanos, y los implantes que permiten controlar un brazo robótico sigue siendo un dispositivo que debe ser perfeccionado para un uso fluido y seguro para los pacientes. Sin embargo, estas investigaciones representan el punto de partida para que, de la mano de los vertiginosos avances en la industria, estos accesorios puedan ser en un futuro cercano algo tan habitual como son los diminutos audífonos para las personas con problemas en sus capacidades auditivas.

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