El Gobierno castigó a los líderes y crece el malestar

Una asamblea que no fue, pocos uniformes y menos gente que a lo largo de la semana. Esa tríada marcó el quinto día de protesta de los gendarmes que reclaman la recomposición de sus salarios en una jornada marcada desde temprano por el pase a disponibilidad del vocero de los manifestantes, el suboficial Raúl Maza, dispuesto por el Ministerio de Seguridad.

El castigo alcanzó a por lo menos otros dos gendarmes en Buenos Aires, el cabo Maximiliano Mezzenasco y el cabo primero Gustavo Quispe, y a otros cuatro en el interior. La presión impactó de lleno en el ánimo de los manifestantes, que interpretaron la disposición como una provocación del Gobierno.

El pase a disponibilidad es una sanción previa al retiro : implica que el afectado deja de prestar servicio hasta que se investigue el suceso por el que se lo apartó.

La decisión desconoce el primer punto del petitorio que los gendarmes y sus pares de la Prefectura, también afectados por los recortes, entregaron al secretario de Seguridad, Sergio Berni. Allí se pedía "la no adopción de cualquier medida administrativa disciplinaria y/o judicial al personal involucrado directa o indirectamente en el reclamo".

Maza no ocultó su malestar. "Por más que nos quieran callar, nadie nos va a cerrar la boca porque vivimos en democracia", exclamó, en medio de ovaciones desde las escalinatas del Edificio Centinela.

Más tarde, en diálogo con LA NACION, añadió: "Sabíamos que esto [por el pase a disponibilidad] podía suceder. Mi dolor es porque me esté pasando en un gobierno democrático. Nunca pensé que un gobierno democrático podía actuar como represor".

Además, ratificó la continuidad de la protesta hasta que el Gobierno responda al petitorio, algo que se espera para el martes. "No lograron lo que querían, que era quebrarme emocionalmente. Vamos a seguir acá todo el tiempo que sea necesario", dijo.

Hubo otra decisión que ayer profundizó la tensión y afectó la capacidad de movilización de los manifestantes. Tanto la Gendarmería como la Prefectura intimaron a los agentes a reincorporarse a las unidades en las que prestan servicio, bajo apercibimiento de ser sancionados.

"Esto también forma parte de la estrategia para asustar. Estamos expuestos a grandes estrategas que van a buscar las mil y una formas de que desistamos, advirtió Mazza.

Con ese diagnóstico coincidió el gendarme Adrián Barcia, uno de los que ayer pasó el día junto a su mujer y sus dos hijos frente al Centinela. "Está clarísimo que nos quieren amedrentar", advirtió, mate en mano. Tiene 30 años, vive en San Miguel y custodia las estaciones ferroviarias de Haedo y de Liniers. Cobra $ 4600 mensuales, de los que sólo $ 1200 son en blanco.

A su lado, un "camarada" que pidió que no se publicara su nombre, lanzó un pronóstico sombrío. "Cuando todo esto se termine va a haber retiros para todos lados", vaticinó, enojado.

A su alrededor empezaba a caer el sol, ya rodeado de nubes, y volvieron los bombos. "No nos vamos nada, que nos saquen a patadas", se oía desde la escalinata.

El recrudecimiento de la tensión se vivió también en el interior. En Jesús María, Córdoba, donde los gendarmes que habían levantado la protesta decidieron retomarla después de que se conociera el pase a disponibilidad de dos agentes locales, según informó Cadena 3. Por la noche se supo que otros dos suboficiales habían recibido el mismo castigo en Corrientes.

Frente al Centinela, Julia hablaba sin sacarle la mirada al teléfono. Forma parte del numeroso grupo de mujeres que desde el martes acompaña el reclamo y que ayer era mayor. "Las chicas querían venir a hacerle el aguante al padre. Aproveché para traerlas hoy que no van al colegio y yo no trabajo", dijo a LA NACION mientras aplaude al ritmo de "Con el sueldo no se jode".

La mezcla era constante. Enojo y distensión. Decisión de resistir, bronca y clima de sábado. Chicos de todas las edades y hasta perros se mezclaban entre los gendarmes. Había leche y torta para los más pequeños y mate siempre a la mano para los adultos.

Pasaron las horas y la anunciada asamblea general, de la que participarían gendarmes y prefectos, se demoró hasta diluirse.

Maza se fue del Centinela poco antes de las 15 para "asearse y descansar un rato" y volvió pasadas las 20 y algunos se preparaban para pasar la noche en el lugar. Había frazadas y comida para todos los que quisieran quedarse, que eran pocos. A otros, que decidieron volver a sus casas, les esperaba un largo viaje.

La cita se repetirá, en el Centinela y en el Guardacostas, de Prefectura, por lo menos, hasta el martes.

Debido al tenor de los comentarios esta nota fue cerrada a la participación.

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