Espejo literario... y de la situación del país

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Del relato virtual del gobierno nacional, por medio de una esfera deslumbrante de 270 pantallas de TV, a los cactus y otros ornamentos con material reciclado de la administración porteña. Los stands oficiales tienen dimensiones y ubicaciones diferentes. Espejo de la actividad literaria de la Argentina, la Feria del Libro suele medir también, especialmente en su primera jornada, la tensión política de estos días.

La expropiación de YPF se intenta debatir en la vereda. Un puesto de Proyecto Sur con banners de Pino Solanas se levanta cerca de los jóvenes que reparten volantes por la nacionalización del petróleo y el gas y promocionan la página www.ypflucheyvuelve.com.ar .

Para tranquilidad del visitante, el corazón de la Feria del Libro (la actividad editorial) discurre no obstante por los carriles habituales. La competencia está vinculada con el diseño de los stands, los lanzamientos y las ofertas.

Apenas abierta la feria, mientras en el Pabellón Frers se cumplía el acto oficial (ver aparte), una buena cantidad de lectores, profesionales, docentes y niños recorría con comodidad los 45.500 metros cuadrados de exposición.

Marcos, de Olivos, confió que hacía 30 años que no acudía a la feria. Y admitió, con picardía, que en aquella oportunidad se llevó algunos libros... sin pagar, para repartir entre sus compañeros de facultad, en combinación con una novia que no olvida. Marcos se mostró entusiasmado con ver las novedades editoriales de esta edición.

Un grupo de docentes porteñas compartió las novedades robóticas en el stand del Ministerio de Educación de la Ciudad, mientras que algunas otras soñaban con ganarse la computadora en el sorteo que hará el stand que promociona El regreso del Joven Príncipe , de A.G. Roemmers.

Los más tech optaron por fotografiarse con la estatua viviente de la Libertad, en el stand de la embajada de Estados Unidos, y enviar la imagen vía Flickr para tratar de ganar un concurso por una iPad.

Y algunos chicos, cansados de la jornada escolar, aprovechaban para correr entre los stands.

"Mi mamá siempre me trae el primer día a la feria porque dice que así podemos ver todo tranquilos", contó Pedro, de 10 años, mientras buscaba en su mochila un paquete de galletitas que ayer no se comió en el recreo.

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