El terremoto de Japón

El viernes 11 de marzo de 2011, a las 14.46 hora local, un violento terremoto de magnitud 9,0 grados estremeció a Japón y conmocionó al mundo entero por sus terribles consecuencias: el epicentro del sismo se ubicó en el mar, frente a la costa de Honshu, a 373 de Tokio, la capital japonesa. 

 El fuerte temblor duró 6 minutos y, según los expertos, se produjo a causa de un desplazamiento en la zona de subducción de la placa del Pacífico y la placa Norteamericana.

La magnitud de 9,0 MW lo convirtió en el terremoto más potente sufrido en Japón hasta la fecha, así como el cuarto más potente del mundo. Gracias a imágenes satelitales, la NASA comprobó que el movimiento telúrico movió la isla de Japón unos 2,4 metros y alteró el eje terrestre en aproximadamente 10 centímetros. Además, la violencia del sismo acortó la duración de los días en 1,8 microsegundos

Tras el terremoto se generó una alerta de tsunami para la costa pacífica de Japón y otros países, incluidos Nueva Zelanda, Australia, Rusia, Guam, Filipinas, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Nauru, Hawái, Islas Marianas del Norte, Estados Unidos, Taiwán, América Central, México y en Sudamérica, Colombia, Perú, Ecuador y Chile. La alerta de tsunami emitida por Japón fue la más grave en su escala local de alerta, lo que implica que se esperaba una ola de 10 metros de altura. 

Finalmente, una ola de 0,5 metros golpeó la costa norte de Japón. En la prefectura de Iwate, el tsunami llegó a los 4 metros de altura. Y en la Prefectura de Miyagi, la más cercana al epicentro del sismo, se observó una ola de 10 metros de altura en el aeropuerto de Sendai, que quedó completamente inundado. 

Las olas del tsunami sobre Japón barrieron coches y edificios a medida que se adentraban en tierra. A su paso, sólo dejaron destrucción. 

Según el Fondo Monetario Internacional, el daño causado por la catástrofe será equivalente a entre el 3% y el 5% del PIB de Japón

El terremoto y el posterior tsunami dejaron un triste saldo: 15.836 muertos, 3.650 desaparecidos y 5.948 heridos. Sólo en la costa de Sendai, la policía encontró entre 200 y 300 cadáveres. En la Prefectura de Fukushima se llegaron a contar 1.800 casas destruidas. Más de 1,5 millones de hogares perdieron el acceso a los suministros de agua potable. 

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La red de transporte japonesa sufrió innumerables daños. Las telecomunicaciones también quedaron ininterrumpidas. Ante la imposibilidad de comunicarse por otros métodos, la búsqueda de familiares y amigos recurrió a métodos artesanales como las carteleras. 

Alrededor de 440.000 japoneses que perdieron absolutamente todo fueron alojados en centros de acogida, enfrentados al frío intenso y a la escasez de alimentos, agua corriente y electricidad. 

Quizás una de las consecuencias más graves del terremoto y posterior tsunami fue el accidente atómico producto de numerosos fallos técnicos por la falta de electricidad que tuvo lugar en la central nuclear de Fukushima Daiichi o Fukushima I, operada por la empresa Tokyo Electric Power (TEPCO). En primer lugar, la parada de los sistemas de refrigeración de dos reactores y de cuatro generadores de emergencia provocaron diversos sobrecalentamientos, cuyos efectos fueron una fusión del núcleo parcial en los reactores 1, 2 y 3, explosiones de hidrógeno que destruyeron el revestimiento superior de los edificios que albergaban los reactores 1, 3 y 4 y una explosión que dañó el tanque de contención en el interior del reactor 2. También se sucedieron múltiples incendios en el reactor 4. Además, las barras de combustible nuclear gastado almacenadas en las piscinas de combustible gastado de las unidades 1-4 comenzaron a sobrecalentarse cuando los niveles de agua de dichas piscinas bajaron. 

Las autoridades niponas establecieron en un principio que el accidente en Fukushima había sido de categoría 4 en un máximo de 7 en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares. El 18 de marzo, en vista de los daños a los núcleos de los reactores, resolvieron elevar el nivel del accidente en los reactores 2 y 3 a categoría 5. Finalmente, el 11 de abril, el gobierno japonés elevó el nivel a 7, el mismo que tuvo el accidente de Chernóbil de 1986 y el más alto que existe. Además, las autoridades reconocieron una serie de errores en los controles a la planta, los procedimientos de emergencia y la información a la población. La central no podrá volver a ser operativa y se desmantelará una vez controlado todo el accidente. 

Pocos días después del accidente se detectó yodo radiactivo en el agua corriente de Tokio, así como altos niveles de radiactividad en leche producida en las proximidades de la central y en espinacas producidas en la vecina Prefectura de Ibaraki. Una semana después, en California se hallaron partículas radiactivas procedentes de Fukushima, que habían atravesado el Océano Pacífico. Algunos días más tarde, también se detectó yodo radiactivo en Finlandia. Y el 27 de abril, en varios países de Europa se registró un aumento de yodo y cesio en el aire. En todos estos casos fuera de Japón se informó que los niveles de radiación no eran peligrosos para la salud.

Mientras con helicópteros se trasladaba agua de mar hasta la central para rociar las instalaciones y enfriarlas, el miedo a filtraciones de radiación llevó a las autoridades a evacuar a 3.000 pobladores en un radio de 3 km del reactor. Poco después, el radio se extendió a 10 km y se movilizaron 45.000 personas. Más tarde se amplió a 20 km, luego a 30 km y finalmente a 40 km. Se llegó a un total de 170.000 evacuados. Además, un gran números de habitantes buscó salir del área afectada, por lo que aeropuertos cercanos y estaciones de trenes llegaron a saturarse. 

Durante días se continúo rociando con agua de mar las instalaciones de Fukushima. Mientras, se cerraron comercios y edificios públicos y el gobierno recomendó a los habitantes de la zona no salir de sus casas, cerrar ventanas y desconectar sistemas de ventilación, no beber agua del grifo y evitar consumir productos locales. Además, se distribuyó yodo entre la población, ya que consumido en su forma estable (yodo 127) limita la probabilidad de cáncer de tiroides derivado de la emisión a la atmósfera de yodo radiactivo. 

Tras el fallo de los sistemas de refrigeración de los reactores de la central nuclear se realizaron emisiones controladas de gases radiactivos al exterior, para reducir la presión en el recinto de contención. De este modo, se emitió al exterior una cantidad no determinada de partículas radiactivas. El 27 de marzo se detectó en el agua del interior de las instalaciones un nivel de radiación cien mil veces por encima de lo normal, posiblemente procedente de una fuga del reactor número 2. Asimismo los niveles de yodo radiactivo en el agua de mar en las inmediaciones de la central eran 1.850 mayores que los que marcan los límites legales. También se detectó plutonio fuera de los reactores. 

 

 

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