Crecen las internas en el gabinete nacional

Amado Boudou debió esperar hasta el jueves último para comunicar que no iría a la celebración del aniversario de la Bolsa de Comercio. Enfrentado con el titular del organismo, Adelmo Gabbi, el vicepresidente recibió, aliviado, la venia de Cristina Kirchner para no asistir a aplaudir al hombre que había denunciado por intento de soborno en el caso que investiga sus vínculos con los ex Ciccone.

Sin autonomía, la mayoría de los ministros pasan por la misma situación y hacen equilibrio interno en el subibaja de preferencias de Cristina para ganarse el visto bueno presidencial.

Hay una coincidencia general en la Casa Rosada: el viceministro de Economía, Axel Kicillof, es hoy el funcionario que lidera las preferencias de la Presidenta como principal asesor económico del Gobierno. Su superior, Hernán Lorenzino, tiene restringido su campo de acción y en los hechos actúa más como un secretario de Finanzas (su cargo anterior) que como el titular del Palacio de Hacienda. Por eso la comunicación del pago del Boden 2012 quedó a su cargo, lo mismo que la autorización al gobernador bonaerense, Daniel Scioli, para endeudarse con la Anses.

Tanto Lorenzino como Boudou intentaron convencer a Cristina de volver a los mercados a pedir financiamiento, pero la Presidenta se negó, tajante, según contó un funcionario con despacho en la Casa Rosada.

Como un equilibrista, Boudou aprendió la lección para sobrevivir en el mundo cristinista. Esta semana no sólo vivió la reactivación de la causa que investiga su vinculación con los nuevos dueños de la imprenta Ciccone sino que soportó que su propia jefa se reuniera con Gabbi, a quien había denunciado ante la justicia por un intento de coima. En el medio se coló el ascenso de Florencio Randazzo, con quien el vice supo enfrentarse cuando estalló la causa judicial. El ministro del Interior sumó a su cartera el área de Transporte y la semana pasada se anotó otro punto en las preferencias de Cristina con el nuevo sistema de huellas digitales para el ingreso a las canchas de fútbol.

Eso le valió a Randazzo una nueva disputa, esta vez con la ministra de Seguridad, Nilda Garré. La funcionaria, que cada día ve recortado su poder con el crecimiento de su segundo, el secretario de Seguridad, Sergio Berni, se enteró en el mismo momento del anuncio oficial de que Randazzo se encargará de la política estatal en materia de seguridad deportiva. Garré había estado trabajando en otro plan, con la rotación de los comisarios en las jurisdicciones de las canchas, pero sorpresivamente su proyecto volvió a foja cero.

"Nadie tiene poder, sólo Cristina, entonces el que hoy está arriba mañana puede estar abajo y cada uno hace lo que puede por mantenerse", responde un veterano ministro a la hora de analizar cómo se mueve el gabinete según la evaluación casi semanal que realiza la Presidenta.

El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, lo sabe más que nadie. A pesar de que habla todos los días con la Presidenta, ni siquiera la tutea. Puede sufrir enojos momentáneos, pero por el momento sigue estando entre los más escuchados por la jefa del Estado. Gran parte de sus colegas reniegan de su cercanía a Cristina. Uno de los que lo sufrieron, además de Boudou, fue el ex ministro de Agricultura Julián Domínguez. Moreno se mantuvo en el Gobierno y ellos dos pasaron al Congreso. Otro con quien el secretario de Comercio disputa espacios de poder es el canciller Héctor Timerman.

Julio De Vido conoce como pocos esos vaivenes. Sufrió un recorte de funciones en Transporte y Energía, pero se recuperó en el área de obras públicas.

Carlos Tomada respira más tranquilo en Trabajo. La pelea de Cristina con Hugo Moyano lo llevó a rescatar la relación con los sectores sindicales con quienes históricamente tenía más cercanía, como "los Gordos" y "los independientes".

Entre los últimos beneficiados nadie quiere elevar demasiado el perfil: cualquier paso en falso los puede devolver al llano.

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