Cuando todos los caminos conducen al diseño gráfico

Revisitando los sesenta se titula un libro y una muestra de retratos de Ronald Shakespear que se estrenará el 21 de este mes en la Galería de Aeropuertos 2000, de Ezeiza. El libro rescata, con un nuevo nombre, Caras y caritas, volumen publicado por Jorge Alvarez, en 1966, y largamente agotado.

Tenía entonces treinta retratos, de Jorge Luis Borges, Leguisamo, Orson Welles, "Mono" Villegas, Paco Urondo, Rodolfo Walsh y Polesello, entre otros. La nueva edición, publicada por Aeropuertos 2000, triplica la cantidad original. "Son algunas que quiero mucho, como las de los trabajadores de la Costa de Marfil; una serie tomada en el Borda que saqué para la película Pajarito Gómez, de Khun; Ringo Bonavena; la bailarina Graciela Martínez, esposa de Antonio Seguí; Atahualpa Yupanqui; Felisa Pinto y Palito Ortega", explica el autor.

En uno de los varios prólogos de la obra, Leslie Wolke, de World Press, en un envío realizado desde Austin, Texas, expresa que "los grandes artistas ignoran los límites tradicionales de la empresa creativa. No se rinden ante ningún canon exclusivo elaborado durante generaciones por quienes los precedieron", y añade: "Cuando un artista salta el abismo que separa a una clase de arte de otro, revela su esencia. Hoy conocemos a Ronald Shakespear como un diseñador con una extensa carrera de celebrados proyectos de identidad gráfica y ambiental, pero en la década del 60, una de sus principales formas de expresión visual era el retrato".

Para mí, libro y fotos son algo más que eso. Más incluso que el rescate de la década más creativa, no sólo del país sino acaso de Occidente, del siglo XX. Son la punta del ovillo que revela la forma en que se construyó a sí mismo un maestro del diseño gráfico y, por arrastre, a la profesión misma. Su forma personal de construcción, en una época en que todavía no existía la carrera universitaria de Diseño Gráfico, de la que Ronald fue uno de los fundadores. "Mi padre, don Lorenzo -evoca Shakespear-, me mandó a las Escuelas Raggio a estudiar publicidad en 1955. Me reprobaron en matemáticas y no pude recibirme, aunque años más tarde el director de la escuela me entregó el diploma, a pesar de mis notas de esa época."

Esta es su primera etapa, la publicitaria, que empezó con Hugo Casares, todavía como cerebro creativo de la agencia de Ricardo De Luca, en la que también se destacaron Rómulo Macció y Juan Carlos Distéfano. "Limpiaba los pinceles de pelo de marta a estos dos artistas. Fue mi gran escuela de comunicación", recuerda. De la agencia De Luca transbordó a Castignani y Burd, donde le tocó trabajar con Juan Carlos Colonnese. Por entonces, tuvo su primer encuentro con David Ratto, "con quien empezamos a escribir el libro de su vida, Marca registrada, que quedó trunco por la muerte de David".

En este punto, aparece la fotografía. "Papá me regaló mi primera cámara, una Leica F3, la que usaba Robert Capa, con la lente retráctil que usaban los espías de la Segunda Guerra. Me apasionó la fotografía y en 1964 Jorge Alvarez editó Caras y Caritas, que ahora se reedita como Revisitando los sesenta."

El diseño gráfico asomó cuando Carlos Méndez Mosquera lo llamó para trabajar en Cícero. "Estaba haciendo la colimba -recuerda- y Carlos me dio el gran espaldarazo con la formación del estudio Méndez Mosquera, «Palito» González Ruiz, Shakespear. Con «Palito» hicimos el Plan Visual de Buenos Aires, en 1971, el megaproyecto urbano más imitado en América latina."

Finalmente, en 1964 nació el estudio Diseño Shakespear y en 1985 comenzó a dictarse la Carrera de Diseño en la Universidad de Buenos Aires, donde lo designaron para dar la Cátedra de Diseño. "La sostuve con esfuerzo y alegría hasta comienzos de los 90. Mantengo la relación con los alumnos, que me enseñaron a aprender. Fui el que aprendió más", comenta.

"Mi hijo Lorenzo se incorporó en el estudio en 1990 como director, y a su regreso de Pentagram, donde trabajó con Alan Flecher, que le dijo una frase que Ronald suele repetir: «El diseño no es indispensable, es inevitable»." Juan Shakespear es el actual director; ambos son hijos de su matrimonio con Elena, conocida acuarelista. "Como ves, he logrado tener jefes; ahora soy el grumete del barco."

Lo que sigue es más conocido, como la nómina de sus clientes para los cuales hizo trabajos que están a la vista de todos: Galicia, Hipotecario, Temaikèn, Autopistas del Sol, Alto Palermo, Recoleta Mall, Dot, y sobre todo el subte: "Nuestro proyecto más premiado y difundido mundialmente". Sobre la relación de Shakespear con la fotografía, Jorge Frascara dice en el prólogo de Revisitando los sesenta: "Todas las fotos son un autorretrato. Puro Ronald, así es su conversación, así es su lenguaje, así son sus señales. Frontales, directas, sin vueltas. ¿Por qué debería ser diferente su fotografía?".

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