El cacerolazo ahondó el silencio empresarial

La protesta social de anteanoche trajo sorpresa y alivio en la mayor parte de empresarios y ejecutivos: la consideraron una leve contención a un gobierno que, a los ojos corporativos, parece ir por todo, incluidas las ganancias. Sin embargo, recrudeció entre todos una tendencia de estos años: el miedo a opinar. Casi nadie quiso dar, pese a la insistencia, su parecer sobre los cacerolazos.

Sólo un ejecutivo contestó afirmativamente las consultas de este diario: Juan José Aranguren, presidente de Shell. Curiosamente, un directivo que llegó a acumular, desde 2005 hasta hoy, 54 causas penales de la Secretaría de Comercio Interior -de las que terminó absuelto- y un boicot presidencial con bloqueos a sus estaciones de servicio. "Gobernar para 40 millones de argentinos obliga a escuchar aun a los que no se quiere oír", dijo ayer el petrolero.

Entre sus pares corporativos fue imposible. Enterado de que el presidente de Shell había manifestado su pensamiento, un miembro de la Unión Industrial Argentina (UIA) se excusó: "Es que yo no tengo a la Corona que me defienda".

Otra de las razones esgrimidas por los consultados fue la distancia. Algunos que no estaban en el país dijeron haberse enterado tarde de la protesta. "En Miami se hace difícil conseguir diarios argentinos", se disculpó otro.

De todas maneras, la expectativa de todos se depositó en la postura que tomará el Gobierno de ahora en más. Si la Casa Rosada interpreta que existe un vasto sector social que muestra malestar ante determinadas medidas o actitudes, razonaban anoche, el resultado podría ser una mejora en la calidad de la gestión y cierta reconciliación del kirchnerismo con los sectores medios.

De lo contrario, agregaron, si la respuesta fuera insistir en las iniciativas que vienen generando irritación, el escenario tenderá a empeorar. "Si salís a lo Abal Medida, volvés a provocar", dijo el dueño de una empresa.

El jefe de Gabinete sorprendió ayer, en comunicación telefónica con C5N, con su evaluación sobre las marchas: "No es algo que ocupe ni preocupe a este gobierno. Cuando veía las caras... no es una novedad en la historia argentina. Esta gente no votó a Cristina. Tienen otra forma de ver el mundo, les preocupa más lo que ocurre en Miami que lo que ocurre en San Juan. Cualquier marcha de la izquierda junta esa cantidad de gente".

En algunas cámaras empresariales sostenían ayer que este tipo de reacción podría complicar el estado de ánimo en la sociedad. Y, si bien mostraban cierto alivio ante las expresiones de los vecinos de las distintas ciudades, porque consideraban que le ponían límites al Gobierno, se lamentaron de que no existiera un conductor político capaz de aglutinar las demandas sociales, lo que podría volver infecunda todo tipo de manifestación.

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