Un aporte para comprender qué es “La Cámpora”

Sudamericana | 400 páginas | 99 pesos.Sudamericana | 400 páginas | 99 pesos.Laura Di Marco, periodista del diario La Nación y el sitio político Noticias Urbanas, se encargó de una tarea un tanto pesada: escribir la historia de la agrupación juvenil kirchnerista "La Cámpora". Repleto de datos, historias increíbles y cabos atados, "La Cámpora. Historia secreta de los herederos" es un retrato imprescindible para entender la realidad política del kirhcnerismo.

"Tuve la sensación permanente de que el libro me sobrepasaba, por la intensidad de la historia", explica la autora. Aquí, algunos relatos increíbles, datos y, sobre todo, el porqué del poder de una agrupación que se gestó desde el Estado.

—El libro retrata a La Cámpora como un núcleo muy heterogéneo. Nuclea figuras diversas que una desde la militancia hasta la administración de empresas, todo hilvanado por la juventud. ¿Qué es La Cámpora?

—Es el fruto de una alianza política que los Kirchner trabaron apenas llegaron al poder, en 2003, especialmente Néstor Kirchner. En la crisis de 2001 murió un país y nació otro, en el que los jóvenes fueron protagonistas importantes, tanto los politizados como los que no tenían historia de militancia previa.

Fueron jóvenes básicamente quienes nutrieron la protesta de 2001-2002. "Outsiders" del peronismo (Néstor y Cristina nunca tuvieron buena relación con el viejo PJ), buscando armar fuerza propia, Kirchner ve en eso jóvenes, emergentes de la protesta, el alimento ideal para generar un nuevo proyecto político. Se va ir nutriendo, entonces, de los restos del sistema político que implosionó en 2001 y que había generado una suerte de "indignados", producto del estallido y también de la debacle del modelo neoliberal.

—¿De dónde vienen esos jóvenes? ¿Cómo definirías su identidad?

—De la militancia universitaria (líderes de agrupaciones de izquierda, de los años noventa); del ala joven de los organismos de derechos humanos (por ejemplo, de H.I.J.O.S); del sector juvenil de los movimientos sociales y finalmente algunos de los partidos tradicionales que los Kirchner logran cooptar cuando lanzan el ensayo de transversalidad, ya hacia 2006. Con esa masa de jóvenes se va formando La Cámpora, al calor de las grandes batallas que instaló el Gobierno en la sociedad, que construyeron a la vez a los herederos de Néstor y Cristina.

Una de las revelaciones más interesantes del libro, creo yo, es que el ex presidente se dedicó a construir su sucesión política. Y que La Cámpora no surgió de la nada. Les decía a estos jóvenes, que venía preparando, que ellos tenían que ser garantía de continuidad ideológica del modelo porque los demás, aunque tuvieran 40 años, estaban "contaminados" por los vicios de la corporación política. La muerte de Kirchner aceleró los tiempos y los herederos asumieron antes de tiempo para rodear a su "madre política".

Su identidad:  Un fenómeno nuevo, sin duda, que aún está en formación, pero tiene algunos elementos que ya se dejan ver: son una construcción política generada desde el Estado, desde arriba, como lo fue la Coordinadora, pero también tienen varios elementos culturales de la militancia revolucionaria de los '70. Una mezcla de la cultura de los '70 y los '90. Son, además, una enorme masa de militantes rentados, una burocracia estatal y la guardia pretoriana que rodea a la Presidenta. Ellos se reclaman "soldados" de Cristina.

Finalmente, todas esas historias diversas están cobijadas por un gran paraguas: el Estado peronista.

—¿Qué sucedió al interior de la agrupación luego de la muerte de Néstor Kirchner?

—Tal como sucede en las familias, en la saga de la familia peronista, el padre político muere en forma prematura y son sus hijos políticos quienes empiezan a hacerse cargo de lugares de poder que Kirchner tenía pensado para ellos, pero para más adelante. Kirchner se entretenía con los amigos de su hijo Máximo, pero no les terminaba de abrir el juego grande del poder. Sin su compañero, apoyada masivamente por los jóvenes, desconfiando siempre del viejo PJ, Cristina elige confiar en estos hijos que le deben todo, en quienes siente que puede confiar. Con la muerte de Kirchner, el mismo día del funeral, nació el cristinismo y su época.

Máximo Kirchner (Foto: La Nación)Máximo Kirchner (Foto: DyN)

—¿Por qué Máximo Kirchner tiene tan bajo perfil, no figura en los medios ni da entrevistas?

Porque no le interesa la política, no tiene pasta de líder, ni tampoco está capacitado para ocupar un rol de mayor visibilidad y relevancia. Una prueba de ello es que, en las batallas más fuertes del Gobierno, nunca participó. En Río Gallegos, que es un pueblo grande, no se le conoce ni la voz. Todos los definen como un "buen pibe" más interesado en el fútbol que en la política. No podría sostener un debate, ni un discurso, ni una entrevista. De esta manera, lo que puede ser inconsistencia para afrontar un debate, se vuelve misterio y enigma.

El  misterio le da poder, por eso es que les molestó tanto el libro. La Cámpora no quiere que se hable de ellos porque, de ese modo, se los ilumina y se pierde parte de ese halo misterioso —poderoso— que siempre acompaña al folklore de la agrupación. Máximo Kirchner es alguien que se vio empujado por las circunstancias a ocupar un lugar que no le interesa y que excede sus posibilidades. Con la muerte de su padre, se convirtió básicamente en un cuidador de su madre; en su custodio.

Cristina, además, necesita agitar el apellido Kirchner para generar, al menos, alguna expectativa de sucesión.

Es también el mascarón de proa que usan sus amigos de La Cámpora para ostentar poder e influencia. Que se lo enarbole como un posible sucesor de la madre, aunque más no sea en el terreno de la ilusión o de la posibilidad, es a la vez una prueba del dinastismo en el que cayó la política argentina, que necesita de la transferencia de poder familiar —poder heredado— como producto de un proceso de debilitamiento de las instituciones.

—En la Introducción del libro mencionás la sorpresa que le causó a la sociedad la "foto" del entierro de Kirchner, por la inmensa cantidad de jóvenes. Pareciera que hay una equiparación muy fuerte entre ellos y La Cámpora. ¿Incluirías a toda esa juventud en el espectro de la agrupación? ¿No creés que hubo jóvenes que no se sienten identificados con ella y que sin embargo decidieron participar de dicho acontecimiento?

—Creo que el kirchnerismo generó un clima de época que interpeló a los jóvenes en general, y no sólo a los del oficialismo. También invitó a jugar en la cancha de la política a los de otros partidos. En la pelea por la 125 participaron muchos jóvenes, a favor y en contra. Construyó un relato de los buenos contra los malos muy seductor para los jóvenes, y los invitó a pelear del lado de los buenos. La imagen de Kirchner bajando los cuadros de los represores en la Esma es una escena muy convocante para la juventud, así como también la retórica de pelear "contra las corporaciones", independientemente de la veracidad de ese discurso o de que se corresponda o no con los hechos.

La Cámpora, en todo caso, se convirtió en la nave insignia de esa juventud política y la que expresó mejor ese clima de época, pero no es, de ninguna manera la única. Por este contexto que Kirchner fue construyendo fueron muchos los jóvenes —sin pertenencia política— que se sintieron convocados. Luego, La Cámpora por su inserción en el Estado institucionalizó su participación en el gobierno de Cristina. Y por eso me centré en La Cámpora, es el recorte que hice en función del poder, caja y recursos que manejan.

Mariano Recalde (Foto: La Nación)Mariano Recalde (Foto: La Nación)

—Hacés un repaso por las figuras centrales de la dirigencia de La Cámpora: Cabandié, Recalde, Heyn, Máximo Kirchner, entre otros. ¿Hay alguna historia que te haya llamado particularmente la atención?

—El libro está atravesado por historias muy fuertes. Una que particularmente me impactó fue una que tiene que ver con Wado de Pedro, precisamente. Huérfano de padre y madre —ambos padres militaban en Montoneros—, Wado empieza a militar en H.I.J.O.S en los noventa y por esa época empieza a estudiar Derecho en la UBA, la misma universidad en la que había estudiado su padre. Allí conoce a Franco Vitali, hijo de Elvio Vitali, y se hacen íntimos amigos. Y un día descubren que esa historia de amistad ya había sucedido con sus propios padres, que se habían conocido veinticinco años atrás en la misma facultad. Quique de Pedro y Elvio Vitali —que estuvo en Montoneros, se exilió y luego se convirtió en director de la Biblioteca Nacional, durante el kirchnerismo— se habían conocido en la facultad de Derecho y desde allí habían empezado a militar en Montoneros. De Pedro, murió; Vitali, se fue a México y allí reconstruyó su vida. Un día descubren incluso una foto en blanco y negro de ambos padres muertos, de vacaciones, en una playa de Villa Gesell, en un "receo" de su participación en la organización Montoneros. Entonces, deciden ir a la misma playa, tomar el lugar de sus padres en la imagen y producir la misma foto, pero ahora con ellos de protagonistas. Lo hicieron, según contaron en un blog, para que a todos les quede claro que "las ideas no se matan". Esa historia, de película, me dejó muy impactada. Y hay muchas así.

—¿Qué sucedió realmente con Iván Heyn?

Otra historia impresionante. Iván Heyn había sido una fuente muy importante del libro y de pronto aparece muerto en un hotel en Uruguay. Yo ya tenía cerrada la investigación cuando esto sucedió, y tuvimos que abrirla para reconstruir sus últimos días y saber qué había pasado. La Cámpora, historia secreta de los herederos tiene un capítulo entero dedicado a Iván. El venía afrontando una crisis política adentro de La Cámpora, que lo tenía deprimido y devastado. Estaba en una depresión, se había separado de la novia, estaba desencantado con el rumbo que había tomado el modelo tras la muerte de Kirchner. Quería impulsar una discusión adentro del kirchnerismo porque sentía que el modelo podía desmoronarse. Empezaron a perseguirlo, a hacerle tribunales "neomontoneros", a medirle la pureza ideológica. El insistía con que había que debatir, en una agrupación con poca —o nula— apertura hacia las críticas. Empieza a desencantarse y finalmente muere, en extrañas circunstancias. El capítulo de Iván contiene muchas revelaciones sobre su final para que cada cual saque sus propias conclusiones.

—¿Qué significó el arribo de Mariano Recalde a Aerolíneas Argentinas? ¿Por qué la empresa no explicita los balances?

—No explicita sus balances y se traga literalmente dos millones de dólares por día, como un adicto, sin que nadie rinda cuentas porque la sociedad está anestesiada y la oposición es nula. Nadie exige seriamente una rendición de cuentas acerca de cómo se gasta el dinero, que es de todos. Por otro lado, Aerolíneas tomó a unos 500 militantes de La Cámpora desde la llegada de Recalde, que tiene severos problemas con los gremios, que son varios en AA y son quienes realmente manejan la aerolínea. La línea de bandera, tras su reestatización, se convirtió en una de las grandes "cajas" de la organización. En principio, la que absorbe parte de esa enorme masa de militancia rentada, que es la agrupación de jóvenes que lidera Máximo Kirchner.

También Recalde reemplazó a parte de la gerencia de AA con amigos suyos, como Axel Kicillof y Wado, que lo acompañaron en la gestión de la compañía hasta fines del año pasado, cuando se produjo el recambio de gabinete por el segundo mandato de Cristina. La falta de rendición de cuentas es también parte de la cultura de La Cámpora, cuya marca es el secretismo. Y también parte de la ideología del populismo que, básicamente, postula la existencia de un líder —Cristina, en este caso— que es el equivalente de los intereses de las mayorías populares, por lo tanto todo lo que se interponga en el camino de ese líder es un obstáculo.

Andrés "Cuervo" Larroque, Leonardo Grosso y Eduardo Wado De Pedro (Foto: DyN)Andrés "Cuervo" Larroque, Leonardo Grosso y Eduardo Wado De Pedro (Foto: DyN)

—Nombrás mucho a Wado, quizás la figura menos conocida de La Cámpora. ¿Podrías contarme por qué le dedicaste un capítulo?

—Es el monje negro de La Cámpora, uno de los más influyentes dentro de la agrupación y el hijo político predilecto de Cristina. Wado es a Cristina lo que Cabandié era a Néstor Kirchner. Es impulsor de muchísimos nombramiento en el Estado nacional. Fue él, por ejemplo, quién hizo lobby para colocar a Axel Kicillof como viceministro de Economía y a Julián Álvarez como viceministro de Justicia. Tiene problemas para hablar en público (es tartamudo), por eso tiene bajo perfil. Sus amigos dicen que, si no tuviera dificultades para expresarse, en diez años sería presidente. Su historia merecía ser contada.

—La comparación con la vieja JP siempre surge. ¿Qué analogías podrías hacer entre La Cámpora y aquel primer movimiento que seguía a Juan Domingo Perón?

—Hay muchos militante de La Cámpora que fueron bebes robados, hijos de militantes montoneros criados por represores o por allegados a ellos. En el libro hay muchos relatos que dan cuenta de esos cruces y de la tragedia que vivió la Argentina en sus años más oscuros.

De la militancia revolucionaria replican algunos rasgos culturales: el secretismo, la toma de decisión en pocas manos, la depuración de los cobardes o los no muy convencidos o dudosos (caso Iván Heyn, desde la óptica de sus compañeros de La cámpora). Finalmente, La Cámpora se inserta en la familia peronista en una línea de continuidad que arranca en Eva Perón, sigue con Montoneros, y termina en La Cámpora y Cristina. Muchos de los hijos de aquellos militantes montoneros sienten que tienen la misión de terminar la revolución inconclusa de sus padres. O ese proyecto de país, más inclusivo. Y el kirchnerismo es para ellos eso: aquel proyecto de país adaptado a esta etapa política. El problema es que pasaron cuarenta años y vivimos en una democracia que requiere, entre otras cosas, mecanismos más transparentes, por lo que esa visión de la política resulta, por lo menos, anacrónica.

—¿Qué dudas resolviste cuando escribiste la última página de "Historia secreta de los herederos de Néstor y Cristina Kirchner"?

—Muchas, pero la más importante fue la certeza de que había sobrevivido al libro. La intensidad de la investigación y todo lo que iba a sucediendo me generó, durante todo el 2011, la sensación de que el libro me llevaba puesta. Esto no tiene nada que ver con una amenaza externa, política, ni nada por el estilo sino con una sensación interna. Tuve la sensación permanente de que el libro me sobrepasaba, por la intensidad de la historia. Y cuando lo terminé me di cuenta de que sólo se trataba del trabajo de parto. La Cámpora libro, finalmente, vio la luz y se convirtió en un fenómeno editorial. Creo que se lo merece.

@juanbrodersen

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