Wainraich: “Escribo todos los días, es una necesidad”

| Sudamericana | 224 páginas | 79 pesosSudamericana | 224 páginas | 79 pesos

"Un buen amigo que no quería que yo estuviera solo, melancólico y triste me la presentó. Cecilia tenía flequillo, usaba una sonrisa preciosa para decir todas las palabras, llevaba puestas unas chatitas negras, una pollerita verde agua y una remera clara. Como era linda pensé que podía ser tonta pero mi amigo no podía tener una amiga así. Resultó ser inteligente y me amargué".

El mismo tono de lo cotidiano tiene la mayoría de los cuentos de relanzamiento de Sebastián Wainraich, "Estoy cansado de mí y otros relatos". "No por qué siempre aparece esa mujer que uno se quiere o quiso levantar. ¿Para qué reprimirlo?", explica.
Con una escritura simple y pegadiza, Wainraich aglutina los lugares comunes de un humor al que ya nos tiene acostumbrado: neurosis, fútbol, psicoanálisis, amigos, relaciones familiares, terapia y, obviamente, mujeres. Pero sin embargo, logra observar cada tópico con una vuelta de tuerca que le da un plus a lo cotidiano. "No sé cómo hago para encontrar esa vuelta, me sale naturalmente", dice.

Ah, eso sí: ni él sabe por qué lo reeditó. "Eso me preguntaba yo también, para qué lanzar una reedición. Ahora sale por otra editorial y supongo que llegará a más gente", explica.

- La gente te conoce más por la radio y la tele, pero escribís desde tu adolescencia. ¿Qué lugar ocupa la escritura en tu producción humorística? ¿Cómo pensás los cuentos?

- En realidad, todo empieza por la escritura. El guión, el monólogo, la sección para la radio... escribo todos los días de mi vida, es como una suerte de necesidad. Para los cuentos ando anotando todo el tiempo, todo sirve. Aparecen los personajes, las ideas, las historias. Ah, y tengo algo que me falta en otros espacios de mi vida: paciencia

Wainraich reeditó su primer libro (Prensa Mondadori)Wainraich reeditó su primer libro (Prensa Mondadori)

- ¿En qué formato te sentís más cómodo para el humor (radio, tele, escritura...)?

El tema es que lo que hago no depende tanto del formato, sino del guión, de la idea, del contexto y de mis compañeros.

-¿Cuánto de personal hay en los cuentos que escribís?

Todo lo que escribo es personal, pero eso no significa que sea cierto. ¿Pero cómo no van a ser personales si los escribo yo?

- ¿Qué influencias reconocés en tu obra?

Un montón. Si me olvido de nombrar a uno, se pone celoso. Una vez me llamó Groucho Marx muy caliente porque no lo nombré en una nota con Caras…

Hay diálogos que, por lo ridículo, generan situaciones humorísticas: la aparición en carne y hueso del fantasma del descenso, la muerte de Dios anunciada por los medios y hasta un sueño que incluye carreras de embolsados con un personaje muy particular: Adolf Hitler. "Si él ganaba, yo debía dejarme mis bigotes como los suyos el resto de mi vida. Si ganaba yo, él, por sus propios medios, tenía que hacerse la circuncisión", explica el protagonista.

Así, los personajes se ven envueltos en dilemas y situaciones que pueden parecer un tanto simples, pero que quizás alguna vez el lector haya atravesado. ¿Llamarla o no llamarla? ¿Se va a ir al descenso el club de mis amores? ¿Cómo encarar una segunda cita?

Lo cierto es que, si bien en el libro abundan los mismos temas de siempre y presenta una originalidad limitada, Wainraich aporta una visión bastante particular a los mismos. Visión que, para quienes disfruten su humor, no deberían dejar de pasar por alto. Los que no lo encuentren gracioso, deberán buscar en otro estante.

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