Detrás del caso Candela

A Candela Sol Rodríguez la secuestraron el 22 de agosto de 2011. Todo comenzó como un

Editorial Marea l 144 páginas l 90 pesosEditorial Marea l 144 páginas l 90 pesos

caso más de inseguridad: los medios mandaron sus móviles y cronistas para cubrir el caso, una madre desesperada que pedía por la aparición de su hija, un barrio que apoyaba a esa mamá y reclamaba  por seguridad; indignación popular. Pero, con el paso de las horas y los días, la desaparición de la chica en Hurlingham tomó una notoriedad de dimensiones exorbitantes: los canales de noticias transmitieron las 24 horas desde la puerta de Coraceros 2552 -domicilio de Candela-; Carola Labrador -la mamá- fue a la Casa Rosada citada por la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner,  y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, aceleró su regreso desde Europa para estar presente en la búsqueda.

Luego de nueve días de búsqueda, locura mediática y desesperación se produjo el peor final: el cuerpo de Candela apareció dentro de una bolsa a pocas cuadras de su casa. La consternación y la amargura embargaron a todo el país que aguardaba la aparición con vida de la niña.

Tras el sismo mediático que provocó el caso, llegó la oscuridad. Poco a poco se ciñeron sospechas en torno a la familia y Carola Labrador dejó de ser una madre y ama de casa más para comenzar a ser sospechada por vínculos con el narcotráfico; el padre de Candela resultó ser un pirata del asfalto y estaba preso y el asesinato de la nena dejó de ser un caso más de inseguridad para  convertirse en la punta de un iceberg de tráfico de drogas y corrupción policial en el conurbano bonaerense.

La periodista Candelaria Schamun, se ocupó del caso desde los primeros momentos, visitó los lugares que solía frecuentar Candela, su escuela, su casa, las calles de su barrio, conoció a su familia. Luego se metió en el mundo del narcotráfico, de los secuestros, de las villas, de la policía bonaerense corrupta y de sus buchones. Su investigación dio como resultado Cordero de Dios, un libro en el que se desnuda ese mundo oscuro que existe más allá de la General Paz.

Schamun comienza su búsqueda con el  secuestro y asesinato de la niña Candela y realiza un trabajo periodístico intenso, se sumerge de lleno en el hampa bonaerense y lo plasma en un relato tan doloroso como sensible.

Cordero de Dios muestra un universo turbio, inagotablemente sucio y violento, pero también el mundo de Candela, una nena de 11 años que era abanderada en la escuela, scout girl, coqueta hasta el cansancio y que le escribía mensajes de amor a su padre preso.

-¿Cuál fue el factor que desató la vorágine mediática que tuvo el caso?
No podría explicar el por qué. Sospecho que el día que desapareció Candela o los días siguientes no pasaron cosas relevantes, entonces los medios pusieron el caso en agenda. Otra hipótesis puede ser que, la imagen de Candela: una nena de 11 años abanderada y buena alumna daba con el perfil para que su caso sea mediático. Lo que está claro es que la presión y la extrema mediatización jugaron en contra de la vida de la nena.

-Con el mundo del narco y de la policía bonaerense corrupta y cómplice que desnudás en tu libro es casi un milagro que haya un solo caso Candela… bien podría haber uno por semana. ¿Por qué mataron a Candela?

Casos como el de Candela en San Martín son habituales. Luego del secuestro de Candela, secuestraron a un nene de 5 años y a una chica de 17, ambos hijos de narcos. En el barrio los llaman cortitos, y es la disputa es por el territorio. Es una práctica común. La diferencia con el caso Candela es que estos secuestros no se denunciaron, se arreglaron en San Martín. Si nos guiamos por los resultados de la autopsia, Candela nunca estuvo maniatada y no sufrió stress de cautiverio; no estaba deshidratada y no había perdido peso. Esto hace pensar que la persona que la tenía secuestrada la conocía. La súper exposición acorraló a los captores. Si la dejaban con vida iba a reconocer a la banda.

-¿El crimen de Candela, cambió algo en ese mundo del hampa y de la policía?

En San Martín hay dos bandos: los narcos y los ladrones. Los ladrones odian a los narcos porque dicen que estos no se esfuerzan por conseguir dinero y ellos (los ladrones) se rompen el alma para llevar el pan a la casa. Los ladrones, luego del crimen de Candela, quieren venganza porque el asesino rompió todos los códigos del hampa. Con respecto a la policía y el narcotráfico, muchos, comisarios y  jefes de la calle, son parte de la organización.

-San Martín, partido clave en tu investigación, ¿es algo así como la “capital de la cocaína”?

Si. Según los vecinos cada tres casas hay un kiosco de venta de cocaína y los fines de semana es un desfile de autos de alta gama. San Martín abastece a todo el corredor norte del Conurbano Bonaerense.

-En el transcurso del libro, el lector puede ir conociendo un poco a la niña…. ¿Qué te provocó estar en esos lugares, en dónde ella estuvo e investigar sobre una nena asesinada? ¿Te quebró alguna vez anímicamente la investigación? ¿Dudaste en continuar?

Causa impresión estar en los lugares de Candela. De tanto estar en el caso te terminás metiendo en él. No hubo un día en el que no pensara en Candela, en cómo fueron esos siete minutos cuando la asesinaron y en cómo fueron los nueve días de cautiverio. En varios tramos de la investigación me quebré anímicamente. Jamás dudé en continuar con la investigación.

-¿Sufriste amenazas o aprietes durante tu investigación?

Un auto me siguió unas cuadras por mi barrio. Luego me mandaron un mensaje de Villa Korea para que dejara de investigar el caso.

-¿Cómo calificarías el accionar de la policía en el caso?

El accionar fue clave para que no se resuelva. La policía jamás tuvo una pista concreta; nunca estuvieron cerca de Candela mientras estaba con vida. Y luego se trabajó para que el caso no llegue a buen puerto.
Lo cierto es que la investigación no es profunda y lejos está el esclarecimiento del caso porque no hay decisión ni política ni judicial ni policial para llegar a la medula del caso.

-En el libro mencionás el nombre del gobernador de la provincia, Daniel Scioli, en varias oportunidades: ¿cuáles son las implicancias políticas que tuvo el caso Candela?

Al caso hay que ponerlo en contexto: fue a dos meses de las elecciones. Cuando eso sucede no solo se pone en juego el sillón del gobernador sino también el de los comisarios. Creo que el papel de Scioli fue teatral. Cuando encuentran el cuerpo de Candela, una perito declaró que la nena ya estaba lista para ser trasladada a la morgue pero hubo una llamada de la gobernación que frenó el traslado porque iba a bajar la comitiva de Scioli en el lugar. La escena secundaria del crimen fue violada “por una manada de elefantes”, como lo afirmó uno de los peritos que recolectó pruebas en el lugar… uno de ellos, fue el mismo Daniel Scioli.

-¿Porqué el caso llegó hasta la Casa Rosada? ¿Por qué Cristina recibió a Carola Labrador?

Por la presión. Faltaban dos meses para las elecciones. Candela fue, durante nueve días, cadena nacional.

-¿Continuás investigando?

Si, sigo investigando. Creo que lo haré por muchos años más. Quiero que sepa quién asesinó a Candela Rodríguez y por qué.

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