Borrachos, accidentes, cargadas y hasta un dictador enamorado

Planeta | 320 páginas | 99 pesosPlaneta | 320 páginas | 99 pesosLuciano Wernicke tiene un interés particular: encontrarle el aspecto curioso al deporte. Por eso, acaba de editar "Historias insólitas de los Juegos Olímpicos" (Planeta, 99 pesos), una colección de 400 relatos que cuentan el costado desconocido de los Juegos. Hay de todo: desde un atleta que bebió vino antes de llegar a la meta hasta un Hitler enamorado de una velocista. El autor nos cuenta aquí algunas de esas historias, además de opinar sobre los Juegos, sus aspectos político-sociales y el modo en el que mutaron de sus primeras formas en la Gracia antigua hasta hoy, a meses de Londres 2012.

—Tenés unas cuantas historias insólitas sobre los juegos… ¿Podrías contarme las tres historias que más te llamaron la atención?

—Me emocionaron especialmente varias historias relacionadas con campeones que habían sufrido lesiones o accidentes tremendos pocos días antes o durante los Juegos. Pero destaco el triunfo de Nerón en la carrera de cuadrigas del año 67: sobornó a sus rivales para que fueran desertando y terminó la prueba corriendo solo. A pesar de ello, ¡se cayó de su carruaje y casi se mata!

Otra curiosidad corresponde a Adolf Hitler, en Berlín 1936: se enamoró como un adolescente de una velocista estadounidense, Helen Stephens, a quien acosó sexualmente e invitó a pasar un fin de semana en un castillo. ¡La pobre muchacha salió corriendo! Y hay un caso único, realmente: en Sídney 2000, los integrantes de un matrimonio se enfrentaron entre sí: las jugadoras de handball Camilla Andersen, una dinamarquesa de 27 años, y Mia Hundvin, una noruega de 23. Las chicas estaban casadas legalmente y se cruzaron en el juego inaugural de ambos países. Luego Camilla ganaría la medalla de oro y su esposa, bronce.

Apertura de Londres 1908 (Foto: AP)Apertura de Londres 1908 (Foto: AP)

—Contame alguna anécdota que incluya alcohol…

—Primero te resalto que el ganador del primer maratón, el griego Spiridon Louis, se detuvo a beber dos vasos de vino antes de llegar a la meta. Sobre borrachines, es muy buena la historia del francés Jean Bouin quien, luego de clasificar para la final de los 1.500 metros en Londres 1908, se fue a un pub a beber una cerveza que gratificara su esfuerzo y relajara su espíritu. Pero el muchacho se pasó de pintas, se agarró a trompadas con unos parroquianos y terminó preso. Así, no pudo correr en la final.

—¿Qué te llevó a escribir sobre los Juegos olímpicos?

—Me gusta el tema. La historia del deporte me parece muy atractiva en general, y la de los Juegos en particular. Son el gran evento deportivo mundial: reúnen casi todos los deportes, hombres y mujeres, todos los países. En ese contexto, se ha generado todo tipo de situaciones insólitas.

—¿Qué significaban los juegos olímpicos en el mundo antiguo y qué significan hoy?

—Desde su inicio, los Juegos fueron concebidos como un período de recogimiento espiritual y religioso. Poco después, se los invistió con un halo nacionalista. Durante su desarrollo se suspendía todo tipo de acciones bélicas entre las ciudades-estado griegas, y se establecía la prohibición de ingresar armado a Olimpia. Hoy son el evento deportivo por excelencia. Después del fin de la Guerra Fría y con la consolidación del profesionalismo en el deporte, las olimpíadas perdieron un poco su carácter político.

Los juegos invernales de 1956 (Foto: AP)Los juegos invernales de 1956 (Foto: AP)

—¿Cuáles fueron los grandes cambios de los juegos de la antigüedad y los modernos?

—No sé si puede considerarse pertinente comparar ambas etapas entre sí. En la segunda fueron incorporados decenas de deportes y cientos de pruebas y, tal vez o más importante, se permitió competir a la mujer, algo que estaba penado con la muerte en la antigua Grecia.

—¿Cómo influyó el negocio, con el transcurso de los años, en lo estrictamente deportivo y en el desarrollo de la disciplina?

—Hay quienes condenan el deporte profesional. Yo creo que, por el contrario, empareja las posibilidades. Según la mirada del fundador de los Juegos Olímpicos modernos, el francés Pierre de Coubertin, sólo podían competir los hijos de familias ricas que podían prepararse para la alta competencia sin ocupar su tiempo en trabajar para mantenerse y costearse viajes y estadías.

—¿Cuándo cambió eso?

—Después de la Segunda Guerra Mundial. El "amateurismo" permitió el profesionalismo encubierto: los representantes de la desaparecida Unión Soviética y sus países satélites figuraban mayoritariamente como oficiales de policía o del ejército de su país. Sin embargo, esto era una burda mascarada, pues se dedicaban por completo al entrenamiento y raramente cumplían las tareas que decían realizar. Nunca quedó claro por qué, en esa época, se permitió el apoyo estatal pero no el privado. Hoy, con la participación de los "sponsors", todos tienen las mismas posibilidades  para entrenarse sin preocuparse por buscar otro medio de vida.

Roma 1960, representado por una película (Foto: AP)Roma 1960, representado por una película (Foto: AP)

—¿Cómo impacto la suspensión de los Juegos de Berlín '16 y Londres '44? ¿Alguna historia de eso o relacionada al acto terrorista de Munich del '72?

—Esas dos ediciones debieron suspenderse porque el mundo estaba en guerra. Más bien diría que la guerra impactó en el deporte. Respecto de Munich, el asesinato de los 11 deportistas israelíes a manos de los guerrilleros del grupo palestino, "Septiembre negro" fue el hecho más negativo de la  historia olímpica. Y se potenció porque los Juegos continuaron -casi- como si nada hubiera pasado.

—Trabajás en historias insólitas, curiosidades del deporte… ¿Qué tenés en mente para tu próximo libro?

—Estoy trabajando en una recopilación de curiosidades futboleras. He conseguido muchísimo material que va a sorprender muchísimo a los lectores.

Cargando...