Ciencia bruja

Turismo ovni en la Argentina: 4 puntos donde disfrutar compañías de otro mundo

La idea de la "cultura platillista" como parte de un circuito turístico, espectáculo multimedia o concepto museístico tiene antecedentes en todo el mundo. En la Argentina tenemos ejemplos de las tres opciones en Córdoba (Capilla del Monte), Salta (Cachi), Entre Ríos (Victoria) y Buenos Aires (San Telmo). Y, en todos los casos, por diferentes razones, los terrícolas salen de la experiencia con una sonrisa. En realidad, desde hace tiempo la ufología —una disciplina que nació en un intento por identificar objetos aéreos desconocidos— se ha unido al espíritu glamoroso de Hollywood, al punto que, para algunos, ya es una rama de la industria del entretenimiento.

Silvia Pérez SimondiniSilvia Pérez Simondini

En una materia donde un torrente de fantasías suele desplazar a la realidad, una cosa es cierta: el imaginario extraterrestre ofrece experiencias estéticas capaces de causar emociones muy dispares, que van desde estimular la curiosidad (como Fenomenalien, la muestra de arte E.T. de San Telmo) hasta provocar asombro por las altas cotas que puede alcanzar la ingenuidad humana (como la pista de aterrizaje de ovnis construida por un suizo en el paisaje norteño).

MUSEO OVNI EN VICTORIA, ENTRE RÍOS

Esta iniciativa comenzó en el garaje de la casa de una señora aficionada al estudio de los ovnis y en 2012 continuó en pleno centro de la ciudad de Victoria, en un gran local colmado de afiches, piezas, fotos, documentos y juguetes alusivos a la cultura alienígena. En una sala se proyectan antiguos filmes de ciencia ficción y, desparramadas sobre una mesa redonda, hay carpetas con archivos ufológicos. Luego abundan los anaqueles con toda clase de objetos alusivos al misterio, desde pasto chamuscado hasta curiosidades del arte erótico preincaico e infinidad de carteles explicativos. En un rincón el visitante cuenta con un bar temático y en otra sala a remodelar, lo que alguna vez fue una enorme biblioteca especializada.

La creadora del Museo Ovni, Silvia Pérez Simondini, recibe un auditorio muy receptivo a su corpus de creencias, que cautiva a los neófitos y colma la paciencia de los escépticos. A los primeros les encanta saber que el Museo fue declarado de interés cultural y turístico por la Municipalidad de Victoria (ver fojas Nº 1 y Nº 2). Y a los segundos les enoja que su anfitriona jure que una chapa de acero es translúcida "bajo ciertas condiciones". Los escépticos jamás cometerán la torpeza de creer en cosas tales como el estrellamiento de una nave en Roswell, en visitas de Hombres de Negro o en seres de mundos ajenos dedicados a raptar, capar y mutilar ganado vacuno, en rigor una oleada de histeria social ocurrida en la Argentina en 2002 cuyos coletazos persistenLos más extremistas se pierden de conocer la fisonomía de una mitología en transformación. De aquella abundante colección de piezas, imágenes y signos propios de la expectativa humana respecto de posibles culturas alienígenas, es posible concluir que no es lo mismo creer en las conspiraciones de los tiempos del mayor Donald Keyhoe, cuando los militares ocultaban una tecnología ultrasecreta, que creer en los complots de David Icke, un denunciante compulsivo de reptilianos detrás de cada figura del poder.

En enero pasado, el intendente de Victoria, Darío Garcilazo, y el secretario de Turismo, Raúl González, inauguraron la nueva sede del Museo y, en nombre del caudal turístico que atrae el Museo, prometieron de todo: estufas, sueldo para personal y auspicios. "Estamos convencidos que debemos apoyar y fomentar estas ideas innovadoras", dijo González. Tal apoyo jamás llegó: en la puerta del Museo, ubicado en Sarmiento 526, una aficheta aclara que Visión Ovni, el grupo impulsado por Silvia y Andrea Pérez Simondini, solventa todos los gastos. Deben seguir a pérdida: la entrada sólo cuesta $15.

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