Ciencia bruja

Sobre tortugas, peces y ranas que caen del cielo

"Hombre golpeado por una tortuga voladora" es un titular demasiado impactante para ser cierto. Pero así presentó el caso Marcianitos verdes, uno de los más serios blogs en español dedicados a la difusión de sucesos misteriosos, para dar una noticia publicada por el Austrian Times. Una vez que captó nuestra atención, la noticia devela que Yao Chen, el dueño de un restaurante en Chongqing, suroeste de China, conversaba sobre bueyes perdidos con algunos clientes en la puerta del local cuando de pronto ¡zrappp!, o vaya a saber el ruido que hace una tortuga al estrellarse, por pocos centímetros no mató al fontanero: la dura caparazón del reptil le destrozó el dedo gordo del pie.

La tortuga había caído desde el sexto piso de un edificio, y el cocinero se negó a hacer sopa con ella convencido de que el animalito de la mala suerte iba a envenenar a sus invitados.

Charles Hoy FortCharles Hoy Fort

Quienes escucharon hablar alguna vez de Charles Fort (1874-1932), el periodista neoyorquino que recopiló antes que nadie las noticias despreciadas por el positivismo científico de su tiempo, saben que existen cientos de informes sobre la inopinada caída de hielos gigantes, nieve negra, ranas, azufre y hasta aguaceros de sangre.

Como a Fort le interesaba más el desafío que constituía el almacenamiento de miles de estos casos desconcertantes antes que la explicación "uno por uno", seguramente el asunto de las tortugas voladoras hubiese tenido su lugar en su colección de cosas que caen del cielo. Algo parecido se podría decir de otro incidente sucedido hace pocas horas en Kolobrzeg, Polonia, donde una larga caravana de coches quedó atascada en una ruta anegada de peces muertos. Pero no cien o doscientos: allí había varias decenas de miles de peces. Cuando los automovilistas empezaban a pensar que era una plaga por el Juicio Final, la policía detuvo y multó al camionero Jakub Carowski. ¿Qué hizo? Nada, simplemente se olvidó de cerrar la puerta trasera del camión y diseminó 24 toneladas de sardinas sobre la carretera.

Este accidente banal de pronto se volvió significativo gracias a otros hechos recientes: el año pasado, en California y en Noruega aparecieron flotando millones de peces muertos. Y el 3 de junio pasado el mar japonés de Ohara se volvió rojo cuando amaneció sembrado de peces muertos, también sardinas, por causas que no fueron establecidas.

Misteriosa lluvia de ranas en "Magnolia" (P. T. Anderson, 1999).

Las lluvias de ranas, peces o cerdos no son más frecuentes que los raros especímenes solitarios. La semana pasada, tres amigas de Vancouver, Canadá, Jan Bailey, Lynda Taylor y Cindy Wilkinson, lanzaron una exótica campaña en pos del dueño de un pez perdido. Hallarlo no será fácil: el pez cayó de un árbol de cedro plantado en el patio de la casa de Bailey. Ella lo vio hacer "el clavado" y su esposo lo halló con el cuerpo cubierto de agujas de cedro, increíblemente vivo. Jan lo metió en una pecera con agua y ahora las chicas se preguntan cómo esa mojarra color naranja rojizo, de 25 cm. de largo, pudo caer del árbol. Como es un pez de acuario, Taylor supone que un águila o una garza, lo arrebató de una casa vecina. Pero la presa se cayó en pleno vuelo.

Lluvia de animales (Siglo XIX)-wikimediaLluvia de animales (Siglo XIX)-wikimedia

CONSPIRACIÓN EN LA GRANJA
El interés por estos fenómenos aumenta cuando ciertos cambios en la fauna (o en la percepción en la fauna) son parte de oleadas noticiosas nacionales e incluso internacionales. Así, avalanchas informativas como las incursiones de depredadores no identificados catalogados como "chupacabras" en América Central en los 90, el hallazgo de vacas "curiosamente mutiladas" en la Argentina post debacle de 2001, o la más reciente oleada de mirlos muertos de Arkansas, a fines de 2011, tienden a encontrar hipótesis más razonables, pero sólo cuando la histeria cesó.

Estas oleadas increíbles suelen permanecer tanto como dura el interés mediático. Apenas "se caen" de la agenda de los medios a pocos les interesa conocer las causas más probables. Y quienes quieren saber, a poco de indagar descubren que un chupacabras nunca se parece a otro, que el estilo de ataque a sus presuntas víctimas cambia tanto como predadores salvajes hay en la zona, que las vacas no murieron a causa de las supuestas mutilaciones sino por pestes, hambrunas o un brusco descenso de la temperatura, y que el apocalípsis de pájaros muertos tuvo causas naturales. Todo lo demás fue obra y gracia del artificioso contagio mediático, en verdad casi rutinario en temporada de escasez informativa.

Charles Fort no pudo ver con la perspectiva del historiador cómo los extraños casos que rescató del olvido se iban a convertir en moldes para dar forma a las estrellas de la cultura popular del porvenir. "En el Libro de los condenados (1919) hay, como mínimo, el germen de seis nuevas ciencias", escribió el notable precursor de Edad de Oro de la ciencia ficción, John W. Campbell. Tampoco pudo saber que "forteano" iba a ser sinónimo de los hechos más raros del Cielo y la Tierra desde mitad del siglo XX, o que una revista inglesa, Fortean Times, lo iba a honrar adoptando su nombre.

Como sea, muchas de estas pretendidas anomalías —la "procesión de todos los datos que la Ciencia ha tenido a bien excluir", como Fort las definió— son excepciones que rinden tributo a la imaginación humana, o a su capacidad para sobrellevar la ausencia provisoria de explicaciones con teorías que tal vez son más tranquilizadoras que eficaces.

A 80 años de su muerte, podemos decir que aquel personaje de bigotes de foca, que fue taxidermista antes que dedicarse al ensayo periodístico, no tenía mejores explicaciones para ofrecer. Fort quiso abrir la ventana a unas fantasías constructivas, sin pretensiones de hacer ciencia. De lo contrario, no hubiese escrito en el prólogo de su obra:

"Batallones de malditos, dirigidos por los descoloridos datos que yo he exhumado, se pondrán en marcha. Unos lívidos y otros inflamados y algunos podridos. Algunos de entre ellos son cadáveres, momias o esqueletos chirriantes y vacilantes, animados por todos aquellos que fueron condenados vivos. Deambularán gigantes hundidos en su sueño. Guiñapos y teoremas andarán como Euclides bordeando el espíritu de la anarquía. Aquí y allá se deslizarán putillas. Algunos son payasos. Otros son muy respetables. Varios más son asesinos. Horribles pestilencias y supersticiones desencadenadas, sombras y burlas, caprichos y amabilidades. Lo necio, lo pedante, lo raro, lo grotesco y lo sincero, lo hipócrita, lo profundo y lo pueril arrostrarán la puñalada, la risa y las manos muy pacientemente juntas de la decencia".

Era literatura, o casi. La misma que escriben a diario, sin proponérselo, cientos de miles de personas que alimentan con sus observaciones, experiencias e historias una casi teatral galería de fenómenos extraordinarios que —vistos de cerca— nos enseñan más sobre nosotros mismos que sobre una "realidad alterna".

Alejandro Agostinelli es periodista y editor del blog Factor 302.4
@AleAgostinelli

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