Ciencia bruja

Por qué puede ir preso “el Sai Baba argentino”

Maestro Amor, nombre de fantasía de Ricardo Javier Ocampo, volvió a estar en boca de todos a partir de su sociedad de mutua conveniencia con Claudio María Domínguez, el gurú new age cuya ya de por sí escasa credibilidad se esfumó cuando reflotó un pasado dedicado a la promoción de fraudes. Y ahora, cuando la caída de Domínguez es también un duro golpe para el "saibabita" riojano, la Corte Suprema de Justicia de Catamarca acaba de reactivar las tres causas abiertas por abuso sexual, que podrían devolverlo a la cárcel. A la vez, el Maestro reanudó una ofensiva de donaciones de ambulancias y tierras a municipios vecinos. Ocampo no parece pendiente de la suspicacia ajena, o a que otros piensen que podría estar intentando comprar voluntades por medio de demostraciones de poder económico o presuntos gestos altruistas a cambio de que echen un manto de piedad a sus asuntos pendientes con la Justicia.

Un intendente catamarqueño defiende las recientes donaciones del Maestro Amor. En ningún momento lo nombra. Fuente: CEN (Catamarca es Noticia)

¿PLAGIO O INSPIRACIÓN DIVINA?

El swami argentino jura que nació con tres pétalos de jazmín en el ombligo. Un día supo quién era en verdad. "Me desnudé, materialicé una túnica y me alejé de casa", explica en sus textos canónicos. Vivió en orfanatos y fue criado por militares. Les solía repetir a sus hermanos, que son cuatro, que él lo sabía Todo. "Yo no necesito estudiar", presumía. Su padre falleció siendo él joven, víctima de adicciones como el alcoholismo y el tabaco. Se hizo "niño sanador" y, con buen oído musical, abandonó su destino, que podría haber sido el de un aceptable trovador melódico criollo. Ya había sido bautizado Maestro Amor cuando cantó sus temas latinos en salas de todo el país presentándose como "Ricardo Javier".

El otro Maestro amor. Cuando era el cantautor romántico latino "Ricardo Javier"El otro Maestro amor. Cuando era el cantautor romántico latino "Ricardo Javier"

También fue curandero y tiró las cartas de tarot, pero de esto pasaron casi 25 años. Luego decidió un cambio radical de imagen. Es casi un chiste decir que este señor, que ahora tiene 38 años, usurpó la identidad de Sathya Sai Baba, porque cuando empezó su carrera el líder religioso indio seguía vivo, pero no lo es asegurar que copió sus enseñanzas, sus rituales, sus trucos y hasta el tipo de pretextos que da a sus devotos para justificar la relación que establece con ellos, completando así la apropiación que hace del modelo que distinguió por décadas al famoso gurú, desencarnado —por así decir— el año pasado.

Ahora bien, ¿se parece a Sai Baba por admiración o para ganar clientela? Para los devotos ortodoxos de Baba fue por competencia directa. Ocampo también dice ser Dios. Y, al inicio, el riojano reclutó a sus adeptos locales entre los del santón indio. ¿Podían coexistir ambos en el mismo universo? "Sí en el hinduismo", explican los adeptos de Ocampo: Bhagavan Sathya Sai Baba y el Maestro Amor son "avatares", encarnaciones de la divinidad, donde cada uno desempeña su papel. "El Maestro es como un niño, es alegre y le gusta hacer bromas; en eso no se parece a Baba", explicaba, con una sonrisa, la modista Mónica Socolovsky, primera "couch" de Ocampo y quien introdujo el movimiento Sai Baba en la Argentina en los años 80. "Los dos encarnan la misma energía, la energía de la divinidad", explicaba Socolovsky al autor de estas líneas, allá por 2001.

Comparativo: Sai Baba y Amor "materializando" vibhuti de una urnaComparativo: Sai Baba y Amor "materializando" vibhuti de una urna

Otra semejanza con Baba: el Maestro Amor exhibe pretendidos milagros donde "regurgita" lingams, "materializa" vibhuti (ceniza sagrada), relojes, baratijas, chocolate y, excepcionalmente, joyas caras. Como Baba, Ocampo hizo construir un ashram (sin dinero "materializado de la nada", sino con donaciones contantes y sonantes de sus fieles) y, en tanto Creador del Universo, dice que sus acciones están "más allá de la limitada justicia terrestre". Así como investigadores especializados en fraudes descubrieron las torpes artimañas de Baba, otros detectaron las del Maestro Amor; saca objetos "materializados" entre sus ropas; el vibhuti, unas esferitas elaboradas con pasta de incienso, es pulverizado por la presión de sus dedos y, cuando extrae cantidades ingentes de vibhuti de una urna, es porque antes ha sido compactado en repliegues internos del recipiente. Su costumbre, también copiada de Baba, de untar con "aceite sagrado" los testículos de los devotos varones causó el primer éxodo. "Soy la encarnación del Amor en forma consciente. Juego Mi papel a Mi manera. No Soy masculino ni femenino (…) cuando amo, no amo a un hombre o a una mujer. Cuando Amo a otros Me Amo a Mí mismo", escribió Ocampo.

A fines de 2001, el Maestro Amor parecía haber tomado nota del descreimiento hacia la clase política. En sus charlas pregonaba contra los liderazgos y explicaba que su mayor felicidad sería no ser muleta de nadie. "El día que nadie me necesite", afirmaba Ocampo, "me quedaré en silencio". Si bien parecía perorar contra el exceso de apego de sus adeptos, él los necesitaba para dar vida a su comunidad Meditazen, concluir la construcción del ashram, su residencia y el barrio cerrado de los devotos en Miraflores, localidad situada a 18 km al sur de la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca. A fines de 2004, los "servidores" todavía construían el ashram del Maestro. "Hace varios meses que tendría que estar viviendo ahí", conminó a Matías Romero, su discípulo más cercano.

Ananda BabaAnanda Baba

Sai Baba enfrentó los primeros cargos por abuso sexual a fines de los 90, siendo anciano. Las denuncias por los abusos de Ocampo comenzaron a poco de cumplir la edad de Cristo. De las acusaciones de ex devotos por tales delitos, dos causas prescribieron y otras tres no, lo cual explica la reciente visita de Ocampo a la Secretaría de la Unidad Fiscal de Delitos Criminales. Y a los noticieros, aunque este retorno se lo debe agradecer a su vieja sociedad con María Domínguez, ya que el monologuista espiritual fue quien le dio el espaldarazo para que alcanzara —para bien y para mal— su actual popularidad.

Cuando el frágil hilo de crédito que sostenía a Domínguez se cortó al develarse su largo historial de fiascos, los medios que antes lo invitaban y celebraban, lo comenzaron a apalear: Domínguez en el papel de meloso lenguaraz espiritual "medía" tanto como el gurú denostado. Aquella paliza mediática arrastró al escrutinio judicial a otros personajes y servicios, unos promovidos por él, como los falsos cirujanos filipinos, y otros que se promocionaban a través de él, como las terapias truchas del doctor Ernesto Crescenti, las del Centro TOB o el de su "aval", el vendedor de diplomas truchos Néstor De Felice, como denunció hace pocos días la revista "Noticias".

La del Maestro Amor es una historia aparte. Cerca de 1997 Domínguez comenzó a difundir, en conferencias y talleres que organizaba en diferentes ciudades del país, la "alternativa argentina" de Sai Baba. Ya no hacía falta viajar a la India para acercarse a la divinidad. Máxime después de la crisis de 2001, cuando visitar a Amor en Catamarca se volvió una opción más razonable que a Baba en la India. Entre ambos había diferencias, claro. Ocampo no tenía el cabello afro, por ejemplo. Y, a diferencia del distante Baba, él enseñaba a beber orina a sus fieles, con quienes mantenía un trato rudo y cercano a través de ejercicios como el tai chi o el wing chun, un arte marcial parecido al kung-fú, aerobic o natación.

Mónica Socolovsky fue quien rebautizó a Ocampo. Primero lo hicieron llamar Baba Sai, luego Ananda Baba y, por último, Maestro Amor, el apelativo que quedó. También fue Mónica una de las destinatarias del mail donde Leonardo Gutter, máximo referente latinoamericano de la Organización Sai, invitaba a renunciar a los dirigentes que "tienen un pie en cada bote". El reclamo de incompatibilidad se contradecía con la doctrina de Sai Baba, uno de cuyos aciertos ha sido aceptar fieles de cualquier confesión. Gutter llegó a viajar a la India para recabar la opinión sobre el riojano a la mismísima encarnación de Dios sobre la Tierra. "Es un buen imitador", respondió Baba, acostumbrado a lidiar con clones.

En 2007, Claudio María Domínguez se separó de Marisa Albornoz, con quien tuvo a sus dos hijos mayores, y ella viajó a Catamarca para vivir en Meditazen, la comunidad del Maestro Amor en Miraflores. El grupo antisectas que "escrachó" el mes pasado al animador espiritual estaba mal informado: su familia no había sido "captada" por ninguna "secta". Solo su ex mujer adulta residía en Miraflores. El éxito de Pablo Salum, el portavoz antisectario, fue, más bien, consecuencia del fracaso de su adversario y de haber filmado su reacción histérica ante la primera crítica. Albornoz vivía en la comunidad de Miraflores, sin sus hijos. Aclaró que allí vivía en paz y rechazó las acusaciones contra su líder espiritual.

El testimonio del joven que afirmó haber sido abusado por el Maestro Amor en este doc de "Discovery Channel" hizo a muchos revisar su opinión.

Entre 2009 y 2010, Ocampo permaneció seis meses preso, pero la Justicia riojana decidió liberarlo cuando concluyó que el delito por el cual estaba imputado, abuso sexual con acceso carnal, había prescripto. "Deben saber lo siguiente", explicó el Maestro Amor en 2004, "yo he creado leyes, y estas leyes no fallan, son justas y apoyan tanto el castigo como la recompensa de nuestras acciones." A la vez trascendían presuntos abusos de Ocampo. El periodista Sergio Carreras, por ejemplo, divulgó el caso del joven que origina la reactivación de la causa, un chico cordobés que, en 2002, sufrió el primer abuso no bien llegó a Catamarca. El denunciante dijo que, según Ocampo, tener sexo con él le permitiría superar el recuerdo de un abuso que había sufrido a los 6 años. "Ser abusado por él", dijo el Maestro Amor, "era su karma" porque el joven "había sido un violador serial en una vida pasada". Si mantenía relaciones con el gurú, "aliviaría la carga".
Hay un aspecto que el riojano nunca ocultó, que es parte de su orientación sexual. "Puedo ser madre, compañera, esposa, o enemiga. De esta energía proviene Mi dulzura al hablar, Mi docilidad al actuar", proclamó en su boletín "El Camino", en 2003. Allí definió así la interacción con sus discípulos: "Hay cuatro maneras de relacionarse con Mi energía: 1. Como amante conyugal. 2. Como amigo. 3. Como devoto activo o pasivo. 4. Como enemigo de campo". No incluyó la categoría "socios".

¿AMBULANCIAS POR IMPUNIDAD? ¡UN MÉDICO AHÍ!

Cuando hace tres años saltó por primera vez la polémica alrededor de Ocampo, éste aprovechó los contactos facilitados por Domínguez, quien a su vez los había obtenido por su cercanía con la organización Sai Baba, y buscó el apoyo de empresarios, políticos, funcionarios oficiales y hasta de magistrados provinciales. Si sus fieles daban al Maestro el dinero que le permitía concretar sus proyectos, ¿qué podía necesitar de los políticos? Donar bienes no estaba dentro de la rutina del Maestro Amor antes de 2009. Pero la situación había cambiado. Ahora podía precisar una "manito". Convirtió a sus voluntarios en entusiastas donantes de cash, pero también de especias, como las dos camionetas Renault que ofrendó, convenientemente recicladas, a las autoridades de la localidad catamarqueña de Coneta.

El 21/11/2011, Ocampo entregó una ambulancia al ministro de Salud de Catamarca. Días atrás regaló otras dos al municipio de Huillapima.

En aquella ocasión, las llaves del vehículo no aparecieron milagrosamente. Se las pidió al chofer y se las entregó en mano al médico Mario Marcoli, Ministro de Salud de Catamarca. Por entonces, la provincia era gobernada por el radicalismo. "Yo espero que haya 16 Maestros Amor más para tener este hermoso vehículo en todos los departamentos", dijo Marcoli durante el acto, mientras le preguntaba a Ocampo "¿No vamos a tener un hospital, no?". Ocampo sonreía complacido.

El pasado martes 29 de mayo de 2012, la Fundación Buenaventuranza del Maestro Amor duplicó la apuesta cuando entregó al intendente, Omar Soria, dos flamantes ambulancias y un terreno de 2,5 hectáreas, para construir un hospital, a la Municipalidad de Huillapima. "Dése cuenta de que somos más de 12 mil habitantes la población de Huillapima nomás, y con dos o tres ambulancias que tenemos, no es nada", explicó Soria en el acto. "Yo opino de lo que me corresponde como Intendente, de que haiga beneficios para la gente humilde (….) mientras sea bien para el pueblo, si es legal… yo no quiero opinar de lo que está hablando la prensa…".

Habrá quienes consideren exagerado el número de habitantes invocado para una población como Huillapima, o aceptar una donación de una procedencia dudosa cuando ambulancias no faltaban. Para algunos puede ser clara su legalidad, pero para otros no lo es tanto su ética. Otro médico, el coordinador zonal Alfredo Pioli, se quejó del "faltazo sin aviso" de la Ministra de Salud de Catamarca, doctora Noemí Villagra. "Me siento desairado", dijo. "Tuvieron miedo de ser salpicados por otras cuestiones que nada tienen que ver con este acto". Lo que "nada tenía que ver" era la situación judicial del donante, Ricardo Javier Ocampo (a quien, otra vez, el funcionario prefiere no nombrar).

Si bien es cierto que frente a necesidades de localidades carenciadas es difícil rechazar donaciones ("al donante no hay que mirarle los dientes"), sorprende que estas urgencias sanitarias no son resueltas con recursos provinciales. Se prefiere, en cambio, tropezar por enésima vez ante la disyuntiva "¿el fin justifica los medios?".

Mientras tanto, Catamarca se parece cada vez más a Puttaparthi, "la ciudad del amor" de Sai Baba según Domínguez, donde la corrupción política y judicial permitió a un ilusionista que decía ser Dios construir un imperio usufructuando el amor incondicional de sus benevolentes devotos, pero sobre todo basado en el engaño y en la impunidad.

Alejandro Agostinelli es periodista y editor del blog Factor 302.4

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