Ciencia bruja

La NASA, 50 años de arte espacial (Parte II)

En cuentos, novelas e historietas la fantasía humana se anticipó a la carrera espacial. Antes de los años cincuenta, la ciencia ficción había construido escenarios, tecnologías y metáforas que fueron a parar directamente a la imaginación de los diseñadores aeroespaciales. "La aeronáutica -escribe Pablo Capanna en su ópera prima, El sentido de la ciencia ficción (1966)- es la realización técnica de algo que durante mucho tiempo fue patrimonio de soñadores, y su lenguaje fue creado pacientemente en folletines baratos de fuerte colorido". Un escritor francés de origen belga, J. H. Rosny Ainë (seudónimo de Joseph Henri Honoré Boex, 1856-1940), considerado uno de los fundadores de la ciencia ficción moderna, fue el creador, por ejemplo, de la expresión "astronáutica", a la que introdujo en su novela corta Navegantes del infinito (1925).

NASA ART 50 YEARS (NASA)Las realistas fantasías de aquellos escritores aplicaron al diseño de las máquinas de vuelo espacial -cuando, sin ir más lejos, consideraban la inexistencia de rozamiento en el vacío cósmico, o alejaban prudentemente las cabinas de mando de los motores atómicos. Hoy, con la perspectiva que dan las décadas, sabemos que han sido creadores activos de conceptos que se fueron integrando al proceso de desarrollo tecnológico en el curso del siglo XX.

Así como algunos artistas visualizaron el futuro, otros representaron su presente. Esta segunda misión de la vocación artística aparece en la colección de arte que ahora presenta la NASA en el Museo Smithsoniano del Aire y del Espacio de Washington, a propósito de su 50 aniversario. Esta colección, por si caben dudas, fue iniciativa de un visionario. En 1962, James Edwin Webb, por entonces administrador de la NASA, lanzó un "programa espacial de arte" para documentar la historia de la agencia.

NASA/Arte: 50 años de exploración cuenta, a través de 70 obras de arte, cómo la carrera espacial fue representada por los artistas convocados, cada uno de los cuales interpretó escenas, hechos y protagonistas según su imaginación creativa.

Grisson y Young By Norman Rockwell (NASA)Moonwalk by Andy Warhol 1987 (NASA)Strange Encounter for the First Time Clayton Pond 1981 (Creative Commons)En aquellos años, Webb seleccionó junto con la Galería Nacional de Arte a ocho artistas, a quienes dio libre acceso al Centro Espacial Kennedy y a otros recovecos de la NASA para documentarse y dejar testimonio del programa Mercury, el que puso al primer norteamericano en el espacio, y de ahí en más muchos otros acontecimientos clave de la carrera espacial. Por ejemplo, el cuadro del ilustrador Norman Rockwell, quien se llevó a su atelier un traje para pintar hasta el más mínimo detalle en la obra donde recreó a John Young y Gus Grisson antes del primer vuelo Gemini, en marzo de 1965; la imagen de "Buzz" Aldrin (tomada por Neil Armstrong) durante la primera caminata lunar, reciclada, coloreada e inmortalizada por Andy Warhol, o los cruces entre realidad y ficción de Clayton Pond, cuando imaginó un encuentro en el espacio entre el transbordador Enterprise y la nave insignia de la Flota Estelar Enterprise de Star Trek. O la singular obra de la artista afroamericana Chakaia Booker, quien pidió a la NASA el neumático de un transbordador para crear una estrella negra, que expresa la tristeza de la comunidad astronáutica por el fatal reingreso a la atmósfera del Columbia, el 1 de febrero 2003.

Con los años, la NASA reunió más de 3.000 piezas artísticas. No sólo arte pictórico o gráfico sino obras musicales, videoinstalaciones y recitales poéticos, entre ellos una original elegía a la NASA de Ray Bradbury, el famoso autor de Crónicas marcianas.

La agencia se jacta de dar a los artistas vía libre y de pedir sólo dos cosas: motivación e inspiración. Para lograr la motivación, es decir, un entusiasmo genuino en la exploración espacial, nunca pagaron más de 2.500 dólares por cada obra elegida. Se descuenta que el plan de los participantes no es hacerse ricos.

Columbia By Chakaia Booker (NASA)Aquella modestia programática hoy se puso a tono con el módico presupuesto con que prosigue la odisea espacial norteamericana, donde las travesías interplanetarias perderán la adrenalina que tiende a caracterizar a la aventura científica. Es que buena parte de los nuevos destinos serán decididos por empresas privadas que, como en los tiempos donde las compañías reclutaban soñadores espaciales para ganar licitaciones, tendrán como horizonte el lucro puro y duro. La exploración espacial ya no irá "a dónde nadie ha llegado antes", sino "a dónde resulte más rentable". En la Flota Estelar no estarán Kirk, Spock y McCoy sino mercaderes, mecenas y hasta mercenarios.

Por supuesto, los artistas con esponsors generosos tal vez puedan emprender viajes turísticos al espacio profundo para crear obras tan exclusivas que luego podrán vender a precios más que razonables.

Los entusiastas tendremos la ñata contra el vidrio. La entrada para disfrutar de la obra, desde luego, saldrá algo más que los $33 que hoy cuesta entrar al Museo Smithsoniano.

Alejandro Agostinelli es periodista y editor del blog Factor 302.4

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