Ciencia bruja

El calamar rapero

La mitad más uno se los imagina en el centro de un banquete de frutos de mar, en lo posible fritos con salsa de ajo. O apreciando su tinta, la cual expulsan y tiñe en negro a las famosas pastas Nero di Seppia. No es el caso de los neurocientíficos a cargo de la empresa Backyard Brains. Un equipo de investigadores decidió estimular los axones gigantes de un calamar enviándole señales eléctricas desde unos auriculares conectados a un iPhone nano. ¿Qué envió? Bueno, unas señales muy divertidas: una canción de la banda latino-californiana Cypress Hill. Así, el rap se plasmó en los llamados "cromatóforos", esto es, en las células pigmentadas del calamar.

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El resultado, como se puede apreciar, es psicodélico e hipnótico. Es otro caso donde parece borrarse la frontera entre arte y ciencia. El calamar Lonfin Costera visto a través de un microscopio de 8x.

Greg Gage, neurocientífico especializado en robótica, trabaja en los laboratorios de Biología Marina en Woods Hole, MA . Fue uno de los que quiso saber cómo reaccionarían los axones del calamar Longfin Costera (Loligo pealei) si le sujetaban a una de sus aletas un electrodo de iPod de succión. Así, supo que estos sabrosos bichos, como muchos otros cefalópodos, con capaces de controlar sus propias células para reflejar la luz. El espectáculo iba a ser, inevitablemente bonito, ya que los cromatóforos cambian del marrón al rojo o del rojo al amarillo y así todas las combinaciones.

Lo llamativo del estudio es que no logró precisar el mecanismo que provoca el rápido cambio de color.

Esquema Rap del CalamarEsquema Rap del Calamar

En la pesquisa de laboratorio fueron usados métodos en neurociencia computacional y neuroinformática, la disciplina que trata de avanzar en la comprensión de la estructura y función del cerebro mediante ciencias interdisciplinarias, como la bioinformática.

Sin embargo, hasta ahora, los estudios que parten de la premisa según la cual el cerebro humano funciona como el de una computadora hogareña han fracasado. Claro, nadie tiene un analista de sistemas cargándole programas en una ranura abierta en su cerebro para hacerlo funcionar: en general, éste se autoprograma.

Lástima que la colorida performance fue registrada en el axón gigante del calamar, y no en un Calamar gigante (Architeuthis), que alcanza los 20 m. y 450 kilos de peso. Si así hubieran sido las cosas, el calamar hubiese podido iluminar una rave. En cuyo caso esta nota trataría sobre el último Ig Nobel en Biología Marina. Y no es el caso.

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