Ciencia bruja

Cómo defenderse de una horda de caníbales

¿Cómo reaccionarías si se te viniera encima una turba de caníbales armados hasta los dientes? ¿Te quedarías pasmado, paralizado de terror? ¿Intentarías guarecerte o buscar una vía de escape? ¿Tantearías a tu alrededor en pos de algún arma para defenderte, pese a que las chances de supervivencia parecen más bien nulas? El notable naturalista y productor de la BBC David Attenborough, creador y conductor de una decena de ciclos sobre la vida natural, vivió esta situación mientras rodaba una película en Papúa Nueva Guinea, provincia de Indonesia. Pero él no hizo nada ni remotamente parecido. Iba andando con su equipo hasta que los guías no quisieron avanzar: estaban cerca de la tribu caníbal Korowai. Attenborough no tuvo tiempo de rezar o de pensar: vio venir, en una corrida escalofriante, a unos 80 nativos. Luego recordó el suceso en un show televisivo que exhibió las imágenes del encuentro. Veámoslo: no tiene desperdicio.


Attenborough recordó el día de su encuentro con caníbales en 1975, durante un ciclo de la BBC.

El cineasta inglés, que ahora tiene 86 años, aprendió una lección que muchos no asimilan en una vida: si quieres ser mejor que tu enemigo, o quien podría serlo, no lo prejuzgues: desconciértalo con un cálido apretón de manos.

David Attenborough estuvo entre los primeros corresponsales que conocieron a esta tribu por dentro. Paul Raffaele, corresponsal de la cadena de televisión estadounidense ABC en Pekín, tuvo la suerte de haber sido acompañado por un guía que aceptó avanzar río adentro, pese a conocer la peligrosidad de los Korowai, porque le tenía fe a su dominio del dialecto (uno de los 1.500 existentes) y sus buenas maneras. Lo malo es que la diplomacia no alcanza cuando hay que tratar con una étnia que considera a los extranjeros comida, o que se siente con derecho a engullir a quienes intuyen khakhua, como llaman a ciertos espíritus que se transforman en hombres para matar a miembros de la tribu: ellos creen que alimentándose con la carne del otro obtienen parte de su poder.

Dice Raffaele que durante su visita a Papúa ascendió a la casa del jefe de la tribu, construida en la copa de un árbol. Este le reveló que, para sorprender a sus víctimas, los khakhuas se disfrazan de personas reconocibles, e incluso queridas, como parientes o amigos, e irrumpen durante el sueño para devorar sus entrañas. Luego las rellenan con fuego y las rematan disparándoles un tiro en el corazón. El viejo nativo expuso al cronista la necesidad de acabar con "estos demonios" y aclaró: "no comemos humanos, sólo khakhuas".

Identificar a un khakhua, claro, adolece de una subjetividad rayana en la arbitrariedad, máxime cuando la responsabilidad queda en manos del moribundo. Por cierto, una persona que agoniza raramente se encuentra en condiciones de impartir justicia. "La sensación del estómago ardiendo son retorcijones causados por parásitos", interpreta Raffaele. "Pero sea como sea, el enfermo tiene el poder de acusar a alguien, o lo que es lo mismo, de condenarlo a muerte". Así, los Khakhua pueden ser "humanos" que han visto al "fantasma demoníaco" en su víctima; cuando ésta resulta ser más fuerte, entonces acaba sorprendiéndolo y acusándolo al otro. Y es Khakhua el que termina sus días atado y acribillado a flechazos, en un ritual que sigue con cantos y en el que le extraen los intestinos, le abren las costillas y separan sus brazos y piernas. La técnica de cocción de la carne es similar a la del cerdo, dice Raffaele, "envuelta en hojas de plátano bajo una pila de piedras calientes que hacían de horno".

El cronista de la ABC revela otro truco para ser aceptado por los nativos: hacerlos reir.


"Cannibal Tours" satiriza las pretensiones del cine etnográfico.

CANIBALIZACIÓN MODERNA
La extraordinaria escena grabada por Attenborough dio un marco al subgénero, donde la antropología-aventura (o mejor dicho, el cine etnográfico) hizo notables esfuerzos (algunos, ciertamente sensacionalistas) por contar historias espeluznantes.

El antropólogo Paul Taylor y la realizadora Judith Hallet rodaron "Lords of the Garden" ("Señores del Jardín", 1993). Esta película, basada en dos enigmas de esta cultura (el canibalismo y las casas arbóreas), explica cómo los Korowai construyen esas cabañas que les permiten flotar sobre la nube de insectos, animales y alejarse de los malos espíritus que merodean el pantano.

En su afán por remarcar el exotismo del Otro, "Lords of the Garden" destaca que la tribu "prácticamente no ha sido tocada por el siglo XX". Sin embargo, Taylor apuntó que la cineasta bufaba no sólo porque el jefe de la tribu era poco fotogénico sino que "insistía en usar una camiseta estampada con la marca Cartier", detalle que afectaba la pretensión de presentar a la tribu como "aún libre de la influencia occidental".

Canibales (creative commons)Canibales (creative commons)

Otra singularidad del film es que los Korowai, una étnia virgen hasta mediados de los setenta, resistió la prédica de los misioneros cristianos. No lograron evangelizarlos, tal vez porque a los nativos los protegía la creencia de que los espíritus malignos podían presentarse como hombres blancos vestidos a la usanza de los monjes. La religión europea no entró en los bosques habitados por los Korowai y éstos siguieron siendo "inhumanos", una idea que, en el film, apunta a la falta de aseo personal y acciones, posturas y gestos al servicio de comparar los Korowai con chimpancés.

Esa negación de humanidad de los Korowai, que remata la práctica del canibalismo, una tradición prohibida por Indonesia que podría persistir en zonas aún inexploradas, no es central en el documental australiano "Cannibal Tours" ( O'Rourke, 1988) , que se burla de la modernidad y más bien muestra cómo el documental ficcionaliza la "realidad".

O'Rourke expone el contraste entre un grupo de turistas en pos de emociones fuertes y los "primitivos" aldeanos, en este caso canibalizados por los ojos occidentales (el de los turistas y el del director). Los aldeanos tampoco son una tábula rasa. Según el director, algunos nativos hicieron creer a los europeos que ellos "son sus antepasados, que los vuelven a visitar", no porque lo creyeran sino para alimentar la fantasía de los turistas.

Los caníbales de Papúa regresarían en documentales posteriores. Muchos rindieron tributo a los "misterios de la selva" y a sus primeros mártires, entre ellos Michael Clark Rockefeller, cuya piragua volcó en 1961 sin dejar rastros, pese a los millones de dólares que su padre, multimillonario y gobernador de Nueva York, gastó en el rescate.

La desaparición del cuerpo del explorador impidió completar la demonización de esta tribu, pero fue a parar al reservorio del atroz imaginario que, cada tanto, reaparece en documentales de la BBC, Arts & Entertainment, Discovery, Travel Channel y NatGeo. Como sea, hasta donde sabemos ningún documental tuvo la "suerte" de registrar a un nativo masticando un muslo humano. Tampoco vimos al "auténtico caníbal" -llamado así por "devorar al enemigo"- en el reportaje de Attenborough. Allí la furia del "salvaje" y la calidez del inglés se fundieron en un gesto que devuelve una pizca de esperanza sobre el futuro de nuestra especie.

Alejandro Agostinelli es periodista y editor del blog Factor 302.4
@AleAgostinelli

Gracias a Naukas y Carlos Dominguez por el enlace al video de Attenborough.

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