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Wall-E, el robot más tierno del mundo, vive en California


¿Recuerdan a Wall-E, aquel robot solitario que construía torres de basura en un futuro probable? ¿Recuerdan cómo se enamoró de la hermética Eva y juntos rescataron a la humanidad? Los amantes del cine que un día se estremecieron con la historia de esta pareja robótica, ahora pueden contemplar a Wall-E en "carne y hueso", gracias al ingenio de un apasionado inventor estadounidense.

Mike Senna, el padre de este Wall-E, es un utilero y programador residente en California. Antes había asombrado al mundo con su réplica de R2-D2, el famoso robot de la Guerra de las Galaxias. Pero esta vez Senna enfrentó un desafío mayor porque el tierno autómata solo existía en la película de dibujos animados de 2008, al contrario de su antecesor cuyas maquetas tridimensionales se usaron en la saga de George Lucas.

Dos años trabajó Senna junto a Mike McMaster en la concepción de Wall-E. Al margen de su empleo a tiempo completo, dedicó 25 horas semanales a transformar al personaje en un robot real, capaz de reproducir los movimientos y sonidos de la película. Finalmente concibieron dos robots casi idénticos que han hecho centenares de apariciones en ferias de inventores, programas de televisión, espectáculos infantiles y eventos caritativos.

Wall-E fue el décimo largometraje de los Estudios de Animación Pixar. La idea se le ocurrió a Andrew Stanton, también guionista de Toy Story (1995) y director de Finding Nemo (2003), durante un almuerzo en 1994, pero la historia no maduró hasta la década siguiente. Buena parte de la cinta transcurre como una película del cine silente, sustentada en la gestualidad de un robot cuyos sentimientos nos conmueven hasta las lágrimas. Wall-E ganó un premio Oscar y recaudó más de 521 millones de dólares en taquilla.

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