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Las 24 horas por Malvinas ¿la gran estafa?

El 8 de mayo de 1982, un programa televisivo conducido por Pinky y Cacho Fontana se emitió durante un día entero por ATC con el fin de recaudar fondos para los soldados argentinos que combatían en las Malvinas: las 24 horas por Malvinas, televisado en pleno conflicto con Gran Bretaña, fue la cumbre de una cruzada solidaria que involucró a todo el país… y se terminó convirtiendo en una estafa a la solidaridad sin precedentes.

Andrea del Boca en "24 horas por Malvinas" / Foto: Captura de pantalla de YouTubeAndrea del Boca en "24 horas por Malvinas" / Foto: Captura de pantalla de YouTube

Personalidades de la farándula y del deporte y millones de personas anónimas se volcaron masivamente a realizar donaciones para la causa. Se recolectaron millones de dólares, 141 kilos de oro, departamentos, joyas, autos, electrodomésticos, abrigos y unas 500 mil viandas.
Las recaudaciones serían destinadas al Fondo Patriótico Islas Malvinas creado por el gobierno de facto mediante el decreto número 753, el día 15 de abril de 1982. La gente colaboraba con lo que tenía, o con lo que podía: miles de voluntarios convirtieron los alimentos no perecederos en viandas, las abuelas tejían bufandas y los nenes mandaban chocolates con cartas de aliento para los soldados.

Los famosos, por su parte,  se acercaban al estudio de ATC (Argentina Televisora Color, nombre del canal del estado en aquellos años) a participar activamente de la maratón: Andrea del Boca llevó un tapado de piel de zorro para subastar; Susana Giménez entregó un reloj de oro; Diego Maradona y parte de la Selección Nacional donaron un cheque millonario y Mirtha Legrand ofreció al gobierno militar "su presencia en las islas", en caso de que fuera necesario. Mientras tanto, Pinky y Cacho Fontana pedían a la población que colabore, recibían a las estrellas en el piso de la emisora y entonaban con fervor el himno nacional.

Una vez finalizado el programa, los fondos fueron a dar a las cuentas del Banco Nación de las Fuerzas Armadas. Pero allí se perdió el rastro. Existen numerosas versiones sobre el destino del dinero.

Uno de los que administraba los recursos para la guerra era el secretario de Hacienda Manuel Solanet, hombre cercano al entonces ministro de Economía, Roberto Alemann. Solanet aseguró en una entrevista hecha en 2005 que la ruta del dinero tuvo un registro minucioso y que llegó a donde debía llegar: a la gobernación de las islas y a las Fuerzas Armadas. Pero tampoco puede dar certezas sobre cómo fue gastado el capital por los militares.

En 1982, el ejército publicó un escueto informe en el que explicaba el destino de los fondos: la mitad fue usada para medicamentos, una cuarta parte para comprar equipos y repuestos para la batalla y lo que quedó se usó en indumentaria y combustibles. Pero casi nadie lo creyó.

Lo cierto es que la ayuda de la gente jamás llegó a los soldados. Según varias investigaciones se estableció que el triste destino de las donaciones fue el siguiente:

  • Los millones de dólares y pesos en efectivo se esfumaron en las cuentas bancarias de las Fuerzas Armadas.
  • El oro sólido se fundió en la Casa de la Moneda, se hicieron lingotes, se subastaron y el dinero fue al Fondo Patriótico.
  • Los abrigos tejidos y donados tampoco llegaron a los soldados ya que se consideraron basura porque carecían de valor comercial.
  • Las viandas y los chocolates quedaron apilados en los puertos de la Patagonia porque no había transporte suficiente para llevarlos.

Sólo un hombre, Renato Vaschetti, recuperó sus donaciones de oro mediante un proceso judicial. Uno de sus argumentos fue la falta de transparencia en el manejo de los fondos.

En la Guerra de Malvinas, como en toda guerra, hubo intereses. El enfrentamiento legó muerte, mutilación y alejó a la Argentina del objetivo central que, se suponía, era la recuperación del archipiélago. También desnudó a un gobierno militar que usó el patriotismo para darle un poco de aire a un mandato que ya estaba en coma. El conflicto sólo dejó sinsabores.  El único faro en medio de aquel atado de penas fue la actitud de los millones de argentinos que salieron a entregar cuando se les pidió ayuda. Los ricos dieron oro, los pobres donaron abrigos y las madres entregaron a sus hijos.  Pero todo fue defraudado. La prueba que perdurará serán esas 24 horas por Malvinas: un día entero de solidaridad y decepción.

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