Arte y cepo cambiario en el reino del revés

El domingo por la tarde, la cola de visitantes daba vuelta la esquina del Museo de Arte Decorativo para visitar la muestra "Maraviglie delle marche", con obras de Tiziano, Rubens y Rafael, impulsada por el financista Enrique Blaksley, de Hope Funds, un fondo de inversiones que juega del lado del arte, como lo han hecho Eduardo Costantini, con la creación de Malba, y Aldo Rubino, directivo de Wells Fargo, listo para inaugurar el Macba el 1º de septiembre. Tiene fecha puesta la llegada de 130 obras del suizo Giacometti a la Fundación Proa.

Sin embargo, este país se parece cada vez más al reino del revés. La incertidumbre generalizada, la inflación encubierta y el cepo cambiario resultan una combinación letal para el mercado de arte. Crece la lista de galerías que cierran sus puertas empujadas por una única razón: falta de ventas.

Si se piensa en términos económicos, se diría que es un buen momento para invertir, cuando la pintura argentina se cotiza muy por debajo del arte brasilero, por citar un ejemplo cercano. Pero comprar arte no es sólo una cuestión económica, sino también un estado de ánimo.

En este sentido, Brasil ha hecho y hace exactamente lo contrario. Tiene una ley de incentivos fiscales (ley Rouanet), que estimula proyectos de largo alcance. Basta como botón de muestra la Bienal de San Pablo, en vísperas de inaugurar la 30» edición con la dirección de Luis Pérez-Oramas, curador de arte latinoamericano del MoMA. Vale la pena mirarse en el espejo de Brasil. Cuando Cicillo Matarazzo impulsó la bienal paulista, Córdoba (¡en la Argentina, sí!) tenía la Bienal de IKA (Industrias Kaiser Argentina), que consagró a Soto y Le Parc, entre otros.

Se pensaba entonces en un eje cultural del Cono Sur con un ideario compartido. Pero no. Nosotros estamos en el cepo, mientras crece el interés por los artistas brasileños.

Las iniciativas más vigorosas entre nosotros llegaron del sector privado: arteBA, Malba y Fundación Proa. Hoy, la Argentina del reino del revés amenaza con destruir lo que ha sido una prodigiosa cantera de artistas. Nadie quiere ser blanco de la AFIP por comprar un cuadro, cuando los sabuesos soplan en el cuello por gastar $ 1000 en el supermercado. En este contexto, parece un milagro que el rematador Juan Antonio Saráchaga salga al ruedo de las subastas con una pintura de Sorolla, en línea con las más buscadas del artista valenciano. El cuadro, pintado en 1910, será ofrecido al mejor postor la semana próxima en Juncal al 1200.

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