No hay acuerdo en el sindicalismo y se cristaliza la división en la CGT

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La unidad sindical parece una suerte de utopía. El mes próximo convivirán tres sectores bajo las siglas de la CGT, a pesar de algunos intentos aislados de forzar un acuerdo. En medio de este berenjenal, cada grupo atiende su propio juego: Hugo Moyano y Luis Barrionuevo se ubican en el sindicalismo crítico, mientras que los antimoyanistas se esfuerzan por mantenerse alineados con la Casa Rosada y exhibirse conformes con las concesiones que hasta ahora les dio el Gobierno.

Salvo que Moyano y Barrionuevo giren abruptamente en sus posturas, las novedades surgirán desde el gremialismo oficialista. Un mensaje del dirigente Gerardo Martínez alteró el camino hacia el 3 de octubre, cuando se conformará la tercera CGT.

"Seguimos hablando con otros sectores, como la CGT Azul y Blanca y la de Moyano. Seguimos conversando porque la misión es la unidad", dijo el líder de los Unión de Obreros de la Construcción (Uocra).

¿Es posible una alianza? Difícil, casi imposible. La estrategia de Martínez es captar nuevos aliados. "Si Moyano está hoy en la política, el resto de las organizaciones que están a su lado no tienen dónde canalizar su reclamo sindical", planteó el jefe de la Uocra.

Recientemente, el antimoyanismo sumó a la Unión de Docentes Argentinos, que integraba la CGT de Barrionuevo, y a la Federación de Químicos, que hasta hace un tiempo jugaba en la central que lidera el camionero. Otra deserción moyanista podría ser Carlos Bonjour, del gremio de entidades deportivas. Bonjour todavía lo piensa.

En plena cuenta regresiva, la central cercana al kirchnerismo aún no definió si será liderada por el metalúrgico Antonio Caló, hasta ahora el único candidato, o si se conformará circunstancialmente con un triunvirato, con un representante por cada grupo que integra el antimoyanismo. Esta semana podría asomar una definición.

Ante este panorama, las declaraciones de Martínez sumaron incertidumbre. ¿Es posible sumar a críticos del Gobierno a la CGT kirchnerista? Nunca se sabe porque el gremialista suele ser camaleónico. Pero tal vez la intención del jefe de la Uocra fue enviar un gesto de autonomía a la Casa Rosada.

Reclamos y malestar

Lejos de los habituales mensajes neutros y disciplinados, en el antimoyanismo comenzaron a oírse voces disconformes con el Gobierno. El aumento de los topes de las asignaciones familiares y el nuevo mecanismo de reintegro de fondos para las obras sociales sindicales fueron tomados como "una buena señal".

Pero las medidas no cubrieron todos sus reclamos: aún exigen "universalizar" la asignación y hay un descreimiento generalizado de que alguna vez se alcance a cobrar en pleno la deuda que el Estado mantiene con las prestadoras médicas de los gremios. Este descontento los acerca a Moyano y a Barrionuevo.

"Nunca vamos a estar satisfechos", admitió en un rapto de sinceridad Norberto Di Próspero. Muchos otros dirigentes que conviven en el antimoyanismo piensan como el dirigente del personal legislativo.

Ahora, todos los gremios irán a la carga por la eliminación o la suba del umbral del mínimo no imponible de Ganancias. Pero la incógnita es conocer la reacción del antimoyanismo si el Gobierno no atiende el pedido por Ganancias o eleva el tope en un porcentaje menor al exigido.

Desde las tres orillas activaron un fallido intento de unidad a través de Roberto Fernández, de la UTA, que hizo de nexo con allegados a Barrionuevo y Moyano. Pero no hubo caso: el dirigente gastronómico permanecerá aislado con su treintena de gremios. Y el camionero resistirá con su tropa en la CGT Azopardo. Es más, hasta prevé redoblar su perfil disidente: se reunirá pasado mañana con la CTA opositora al kirchnerismo, que encabeza Pablo Micheli.ß

Como parte de su estrategia política, y con deseos de extender territorialmente su poder sindical, Hugo Moyano apura gestiones para activar un relevamiento sobre la situación de las seccionales de la CGT en todo el país. El nervio de la iniciativa será retener a sus aliados ante la atomización gremial y, así, evitar futuras fugas hacia la central obrera que conformarán sus opositores con el visto bueno del Gobierno.

Por primera vez desde que inició su tercer mandato al frente de la CGT, Moyano incluyó en el temario del consejo directivo, el martes pasado, un diagnóstico sobre la situación de las diferentes regionales del interior. Apuesta a retener las regionales bajo el mando de la sede central a pesar de la fractura.

Pero no será sencillo. En algunos distritos, como en La Matanza, están a la espera del surgimiento de la CGT alineada con el kirchnerismo para definir su postura. Así se resolvió el jueves, en un plenario con 43 gremios. "Vamos a mantener la unidad, aunque estamos atados a cómo se desarrollará la nueva CGT, el 3 de octubre", dijo el metalúrgico Carlos Gdansky, jefe de la central local.

Existen otros casos curiosos. La CGT de Santa Fe juega con el moyanismo a pesar del quiebre en la cúpula nacional. Y en Córdoba, la dispersión gremial es aun más acentuada. Aunque nada más extraño que en la seccional de Lomas de Zamora: allí el jefe cegetista es Sergio Oyhamburú, de Sanidad, un gremio de peso en el sector antimoyanista de "los Gordos". Su número dos es Julio Carrizo, del sindicato de Camioneros y muy cercano a Pablo Moyano.

"Es necesario salir a caminar y reordenar el mapa. La fractura tiene repercusión en el interior", advierte Juan Carlos Schmid, moyanista de la primera hora.

El relevamiento por las sedes cegetistas provinciales estará a cargo de Gerónimo Venegas. La primera parada será en el norte y la última en La Plata. Las reuniones del "Momo" comenzarán a partir de octubre, después de la cumbre moyanista del 26 del actual en La Falda. Allí, Moyano y su tropa le darán forma al documento de 21 puntos que servirá como plan de gobierno de la CGT.

"Normalizar la CGT en todo el país no tiene que ver con lo político. Hacemos política desde las 62 Organizaciones Peronistas. En nuestra CGT puede haber radicales, peronistas y socialistas", abrió las puertas Venegas, uno de los dirigentes que más le insiste a Moyano en darle vida al proyecto político propio.

El antimoyanismo conformará su propia CGT el 3 de octubre. Pero, así y todo, siguen con atención los pasos del camionero. ¿La razón? Algunas seccionales provinciales desoyeron a sus referentes nacionales y respaldaron al moyanismo en la movilización a Plaza de Mayo, el 27 de junio pasado. El caso más llamativo, quizá, fue el de los mecánicos del Smata. Las seccionales de Junín y Córdoba se inclinaron por Moyano antes que por su líder nacional, Ricardo Pignanelli. Pasó también en la seccional cordobesa de Luz y Fuerza, el gremio de Oscar Lescano.

"Moyano cree que puede cortar las organizaciones transversalmente y conquistar los gremios del interior que forman parte de una federación", fustigó Héctor Daer.

La disputa entre moyanistas y sus rivales se avivará a pesar de algunos intentos aislados por lograr un acercamiento. Se pelearán por ser los interlocutores con el Gobierno y por la colonización de las seccionales. También por la legalidad representativa de cada central. Pero la batalla de fondo será por la sede de Azopardo. No es por capricho ni por la simbología del edificio, que remite al peronismo más puro y a viejas gestas sindicales. Adueñarse de su control es supervisar el patrimonio de la central, hoy con algunas cifras en rojo. Y es administrar el aporte mensual de fondos de los gremios afiliados, y contar con la documentación oficial y la personería gremial.

Conservar a su tropa gremial en las provincias es parte de la estrategia de Moyano. En el ajedrez sindical eso se traduce en poder de daño y presión. Aunque también obedece a darle sustento a su proyecto político y a la búsqueda de alianzas. Como sucedió anteayer en Santa Fe, donde subió al escenario de un acto de los camioneros al macrista Miguel Del Sel y a Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria.

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