Un acto "flaco y agresivo", según Cristina

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La Plaza ya estaba poblada cuando los granaderos se formaron sobre la alfombra roja de la explanada sobre la calle Rivadavia. Eran las 15 y hacían el primer cambio de guardia. Hugo Moyano asomaba en las pantallas de televisión, preparado para hablar. Era el único movimiento en una Casa Rosada que ya estaba completamente vacía.

El despacho del secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, parecía parte de una visita guiada: las puertas abiertas de par en par, con la única presencia de sus tres secretarias, invitaban a espiar. El funcionario, mano derecha de Cristina Kirchner, había estado allí por la mañana y pasado el mediodía había partido a su casa a ver el despliegue moyanista por televisión.

El famoso balcón que da a la Plaza de Mayo fue un ir y venir de curiosos. Eso sí. Ningún funcionario de alto rango se acercó a mirar y en la terraza ayer se había prohibido el ingreso a los que quisieran pasar a ver. Personal de seguridad se apostó desde el mediodía en la puerta para no dejar espiar. Con Cristina Kirchner de viaje en San Luis, el palacio de gobierno se movió a ritmo de fin de semana. La Presidenta recibió los informes finales de la movilización a su regreso de la localidad de Juan Llerena. Estuvo una hora y media en la quinta de Olivos, al teléfono con la mayoría de sus funcionarios, y sólo al atardecer, rozando las 19, regresó a Balcarce 50.

El Gobierno no reaccionó en público, aunque sí en privado. "Flaca y agresiva", contó un ministro que se le oyó decir a Cristina, a modo de conclusión de la convocatoria. Un primer adjetivo sobre la cantidad de gente que participó. Un segundo, sobre la calidad del discurso. Quienes la vieron ayer a la Presidenta contaron que estaba enojada y dolida.

La decisión de la jefa del Estado está tomada y no tiene marcha atrás.

"Se redoblará el esfuerzo para desplazar a Moyano de la CGT", contó un ministro a LA NACION. El Ministerio de Trabajo tiene diez días para resolver la impugnación presentada por los gremios enemigos del camionero sobre la convocatoria electoral cegetista del 12 de julio, la siguiente carta que usará la Casa Rosada para dar una nueva batalla contra el líder gremial.

"Todo indica que se va camino a la ruptura sindical", insistía un alto funcionario, y agregaba que el mejor escenario que ya veía la Presidenta era una central obrera desdoblada.

El día comenzó intenso en Balcarce 50. Los moradores de la Casa Rosada siguieron de cerca los primeros informes, por la mañana, cuando la plaza comenzaba a poblarse lentamente.

Zannini; el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, y el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, recibían los datos de la cantidad de micros que iban llegando a la Capital.

En la SIDE

Enfrente, instalado en su despacho del quinto piso, el jefe de la Secretaría de Inteligencia, Héctor Icazuriaga, aportaba sus datos. Los cálculos que hacían los funcionarios hablaban de unos 2000 micros y hasta se habían sacado los números de lo invertido: entre 8000 y 10.000 pesos de gasto sólo en logística, describió a LA NACION uno de los hombres que estuvieron siguiendo de cerca la movilización.

Con picardía, la Presidenta estiró largamente su discurso ayer desde San Luis, provincia que visitó por primera vez en nueve años, y a la que prometió volver.

Hizo una extensa recorrida por el criadero de cerdos que visitó. Tenía previsto hablar a las 13. Sólo lo hizo una hora más tarde, y culminó cuando Moyano aparecía sobre el escenario de la Plaza de Mayo y empezaba a cantar el Himno Nacional.

Se quedó al menos media hora más, entre abrazos, besos, canto y fotos con sus seguidores.

Cuando por fin se metió a la camioneta color champagne que la trasladaría de nuevo a tomar su vuelo a Buenos Aires, el líder gremial ya había terminado de hablar. Directamente, se dedicó en público a ignorarlo.

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