El canciller Héctor Timerman aprovechó la reunión preparatoria del G-20, que delibera en Los Cabos, México, para introducir el conflicto por la soberanía de las islas Malvinas y reclamar, una vez más, la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Aunque no estaba el principal destinatario de las críticas del canciller, el ministro de Relaciones Exteriores británico, William Hague -ausente del encuentro-, Timerman criticó al Reino Unido, en un nuevo capítulo del creciente cruce diplomático entre ambos gobiernos.
El canciller argentino cuestionó la "anomalía que representa para el sistema multilateral el hecho de que un país pueda desoír 11 resoluciones de la Asamblea General sin mayores consecuencias", por la reiterada negativa británica a negociar con la Argentina, como lo exige la ONU.
"La principal falencia de la arquitectura multilateral es su rigidez en mantener una estructura diseñada para una realidad que ya no existe", declaró el canciller. Reclamó "democratizar las instituciones y sus sistemas decisorios, en particular el doble estándar existente en las Naciones Unidas, entre la Asamblea General, en la cual cada país, grande o pequeño, tiene el mismo peso relativo pero sus votaciones no son vinculantes, y el Consejo de Seguridad, en el que un grupo muy reducido de países decide sobre los temas más delicados y cinco países tienen un veto que se impone sobre los deseos del resto del mundo", sostuvo Timerman.
El ministro "instó a sus pares a promover las reformas necesarias para que la Asamblea General sea el órgano rector en las decisiones de las Naciones Unidas", agregó el parte de prensa.
En el encuentro estuvo la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton. El Gobierno no informó si Timerman había hablado del tema con la representante de Barack Obama después de que Estados Unidos rechazó la semana pasada la denuncia argentina ante el Consejo de Seguridad de una militarización por parte del Reino Unido de la zona del Atlántico Sur.
En la reunión también estuvieron la anfitriona, la mexicana Patricia Espinosa, y el canciller de Alemania, Guido Westerwelle.


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