Tan rápido saltó a los medios la versión de la caída de un meteorito, tan impactantes fueron las imágenes transmitidas por los noticieros de la casas destrozadas, que no parecía posible pensar en otra hipótesis. Para los primeros canales de noticias e informativos del día no cabían dudas: el lunes 26, a las 2.10 A.M., un objeto celeste había arrasado con dos casas del barrio 9 de Abril. Cualquiera fuese la causa, la tragedia se llevó la vida de una mujer e hirió a siete vecinos de Monte Grande, partido de Esteban Echeverría, provincia de Buenos Aires.
La prioridad fue rescatar a los heridos, y esa tarea mantuvo ocupados a los bomberos durante las primeras horas de la madrugada. "Aparentemente, no fue un escape de gas", declaró Carlos Burgos, subcomandante de los Bomberos Voluntarios del partido. Horas más tarde, cuando comenzó a circular la versión contraria, según la cual habían encontrado restos de un horno pizzero que estuvo conectado a una garrafa de 45 kilos, los informativos de la tele tampoco dejaron de acompañar los informes con música de suspenso. El hallazgo de una posible conexión a un horno clandestino en una de las casas era una explicación verosímil, de hecho pasó a ser considerada la más probable causa de la explosión, cuyo estruendo tuvo una onda expansiva de 200 metros. Sin embargo, el enfoque de las noticias no cambió: desde el comienzo el caso se había ofrecido como un nuevo asalto de lo inexplicable en nuestras vidas.
A medida que las pericias avanzaban, el carácter enigmático del episodio se fue desvaneciendo. Pero veníamos de un espectáculo que había alcanzado elevadas notas de sensacionalismo. C5N mostró las escenas de los escombros junto a una foto, supuestamente tomada esa madrugada, en la que se veía un objeto rojo que dejaba una larga estela (cuando un meteoro ni siquiera da tiempo para desenfundar una cámara) y ponía al aire a vecinos que declaraban haber visto, poco antes de la explosión, la caída de un bólido rojo, azul, blanco ... (sin duda alguno de estos colores tenía).
A la vez, América Noticias ponía sobre los escombros a sus intrépidos noteros, quienes -sin perder el equilibrio, aunque sí un poco de dignidad profesional- manipulaban hierros, ladrillos y restos de automóviles destruidos en busca de evidencias de... ¿Evidencias de qué? Pues de cualquier cosa rara que pudiera aparecer. Porque, a esa altura del día, ya todos éramos peritos en catástrofes.
En las pocas ocasiones en que los noticieros entrevistaron a científicos próximos a las hipótesis más populares en danza (esto es, un meteorito o un satélite errante) movileros y animadores de noticieros hicieron lo posible por reforzar el clima "X Files" del caso. Fuese un objeto misterioso (denominación en la que se esconde la sombra de los platos voladores), una "bola de fuego" o un trozo de chatarra espacial, todas las preguntas apuntaban a convalidar las tesis más inquietantes, acaso para continuar con el temible tirón que, por un lado, le dio a las cosas que caen del cielo la noticia del satélite UARS (que ya había caído en el Pacífico norte el sábado 24 de septiembre) y, por el otro, a recoger los frutos de histeria sembrados por los rumores alrededor del cometa Elenin. Aunque destacados científicos descartaron que su proximidad representase una amenaza para la Tierra, diferentes grupos pseudocientíficos insistieron en crear un clima de temor colectivo respecto del propio cometa o de eventurales "escoltas" (tal como sucedió con el Hale Bopp en 1997, en el suicidio en masa del grupo de ufología religiosa Puerta del Cielo).
Antes de que el día terminase los medios argentinos expusieron un repertorio de hipótesis que recordó a las conjeturas que rodearon la oleada de vacas mutiladas en la Argentina en 2002. En menos de 24 horas, de los restos de un satélite pasamos a un meteorito que no deja cráter de impacto, y de la garrafa ilegal conectada a un horno pizzero pasamos al platillo extraterrestre (¡invisible, claro!). El jefe de Gabinete del gobierno nacional, Aníbal Fernández, abogó por la pérdida de una conexión de gas, sin desmerecer (no deja de ser un político) el relato de los vecinos, que hablaban de algo caído del cielo sin muchas precisiones, porque el único presunto testigo que las dio, el fotógrafo, se desdijo horas después y fue, supuestamente, demorado "por falso testimonio".
El canal C5N comparó meteoros con una foto que habría creado con la colilla de un cigarrillo un bromista en Esteban Echeverría, quien se asustó y confesó el truco.
Sin embargo, nadie demoró por falso testimonio al cronista que preguntó a un astrónomo si las antenas "podían atraer a los satélites averiados", en una pregunta tan retórica que arrancó el primer "¡No!" contundente e inmediato de un entrevistado. Nadie cuestionó la avidez por la figuración de Héctor Méndez, profesor del Museo de Ciencias Naturales de Monte Grande, quien expuso sin filtros (ni el menor asomo de pudor) su idea según la cual "un microcometa" pudo causar el desastre, siendo ésta la primera cita del día a la famosa explosión de Tunguska, ocurrida en la estepa siberiana el 30 de junio de 1908. Para defender su comparación, Méndez adujo que esta vez, como en Rusia a comienzos del siglo XX, "tampoco había quedado un cráter" (al menos admitió que su teoría era "un poco loca").
También hubo expertos, como el divulgador científico Mariano Ribas, que pedían cautela antes del veredicto de las evidencias, ya que las respuestas "estaban bajo los escombros", sin descartar que "el fragmento de un meteorito o de un satélite en desuso pueda provocar un daño como el que se vio", afirmación ésta que enseguida fue rechazada por un geólogo invitado al programa Duro de domar: no hay meteorito que no deje un importante cráter de impacto en el lugar.
Más clara que el agua fue las actitud del jefe del operativo de Bomberos, Carlos Burgos. Supeditó sus respuestas al momento en que su gente quitara los escombros con palas mecánicas. Recién entonces iba a tener alguna idea sobre lo sucedido, ya que así alcanzarían el foco del incendio. Ante las insistencia de los cronistas por sonsacar la presencia de "algún objeto extraño", explicó que si ésta fue una explosión de gas natural se diferenciaba de otras "porque la magnitud fue importante".
-¿Y esas filmaciones y fotos de los vecinos?, preguntó un movilero, impávido.
"Realmente no lo sé", repuso el bombero Burgos. Lejos de desanimarse, los cronistas repreguntaron hasta el hartazgo por el meteoro. Pero esta "pista" surgió de una única foto cuyo autor, el mismo lunes, admitió haber falsificado. El objeto rojo, según vecinos del bromista, sería una colilla de cigarrillo encendida moviéndose ante el obturador de la cámara.
Lo cierto es que, al comienzo del día, las imágenes transmitidas por los noticieros, donde se veían varias garrafas intactas, contribuyeron a poner en duda la hipótesis del estallido por pérdida de gas. Hipótesis que renació cuando surgió bajo los escombros la conexión clandestina de gas con que se elaborarían las redondas de muzzarela.
El capitán Mariano Mohaupt, presidente de la Comisión de Estudio de Fenómenos Aeroespaciales dependiente de la Fuerza Aérea, visitó el lugar "para descartar que se trate de un fenómeno atmosférico o aeroespacial", técnicos de la Conea hicieron mediciones de radiactividad y la empresa Edesur revisó los cables de alta tensión. Una hipótesis de última hora atribuyó el estallido a un fenómeno de "arco eléctrico" causado por una diferencia de potencial: una pérdida de gas sumada a una alta concentración eléctrica (debido a la cercanía de torres de alta tensión) pudo desatar la tragedia.
Todos estas alternativas prosaicas al misterio no significan, claro, que los simpatizantes de las más diversas teorías conspirativas queden conformes.
Como sucede desde los tiempos de Roswell, y antes también, no es necesario encontrar rastros de un platillo, de sus ocupantes o de evidencias incluso varias veces menores para sentirse ante un pavoroso complot.
Y en general no es que militares, científicos y gobiernos (aliados o por separado) estén interesados en ocultar alguna verdad trascendente. Es que ciertas verdades comunes y silvestres que a veces tienen para decir no son la que los creyentes en conspiraciones desean escuchar.
Alejandro Agostinelli es periodista y editor del blog Factor 302.4

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