Xombie (NASA)El 24 de abril de 1964, el comisario Lonnie Zamora persiguió a una suerte de "módulo espacial" de forma ovoidal que despegó en el desierto de Socorro, Nuevo México. Ese mismo año había trascendido la idea de utilizar módulos espaciales, como el que después implementó el programa Apolo, en misiones de inteligencia militar. La empresa Grumman quiso aprovechar las excelentes performances y capacidades de estas naves para alterar el curso de satélites-objetivo mediante brazos robóticos, incorporarle un lanza-proyectiles de alta velocidad o aplicarle un pulverizador capaz de pintarrajear de negro —e inutilizar— la óptica y las células solares de los satélites enemigos.
Hacia fines de la misma década, muchos se preguntaron "¿Y si el policía vio los primeros intentos por hacer volar al Módulo de Excursión Lunar? El L.E.M. alunizó sin novedad el 20/21 de julio de 1969. Con los años, supimos que el famoso ovni visto por Zamora no tuvo relación con aquellas pruebas de módulos espaciales de uso militar y sí, quizás, con un engaño perpetrado por estudiantes universitarios. Una presunción reforzada por el mismísimo premio Nobel Linus Pauling, quien habría tratado con los bromistas. Pero como nadie se atribuyó la supuesta invención en primera persona, la duda quedó flotando. La historia ufológica anticipó un estereotipo de nave espacial tecnológicamente posible. Según aquel ensueño primordial, las espacionaves que quisieran salir a conquistar el espacio debían tener tres o cuatro patas de sustentación, despegar entre llamaradas y elevarse en vuelo con una lentitud exasperante.
Proyecto M Lander (NASA)En los 70, los módulos de despegue y descenso vertical iban a entrar en un cono de sombra. La NASA se alistaba para la zigzagueante saga de los Transbordadores Espaciales. Hoy aquella etapa concluyó y los rebautizados "módulos autónomos de aterrizaje" volvieron a despegar.
A comienzos de este mes, un cohete Xombie construido por una empresa privada hizo su "primer vuelo libre" en el desierto de Mojave, California, a unos 145 kilómetros al norte de Los Ángeles. El lanzamiento fue parte del programa de la NASA que pretende reanudar y poner a punto sistemas de aterrizaje vertical para explorar el Sistema Solar.
Durante poco más de un minuto, técnicos de la Masten Space Systems consiguieron hacer subir 50 metros, hacer volar horizontalmente y hacer aterrizar a uno de estos módulos. La maniobra, como podemos ver en el video, fue todo un éxito.
Video: Laboratorio Draper / NASA
Para desarrollar estos propulsores (baratos, reutilizables y capaces de cargar laboratorios de investigación en vuelos suborbitales), Masten ganó, en 2009, 1 millón de dólares en un concurso donde un prototipo debió simular un aterrizaje lunar. En 2010, la NASA le concedió a Masten y a otra compañía, la Armadillo Aerospace, otros 475.000 dólares para probar vehículos capaces de llevar pequeñas cargas a altitudes de entre 19,8 y 106,6 kilómetros.
Video: Proyecto M Lander / NASA
Masten Space y Draper Laboratory, esta última firma la responsable de desarrollar el llamado Sistema GENIE (Guidance Embedded Navigator Integration Environment, algo así como Controlador Integrado para Navegar en el Entorno, que usa el cohete Xombie), superaron holgadamente las pruebas. Sus tecnologías de vuelo deberán estar listas para ir a la Luna, Marte, asteroides y más allá en las próximas décadas.
Es un tiempo de nostalgias al por mayor. Las nuevas naves espaciales reviven ideas viejas. Por un lado, la iniciativa privada nunca recibió un impulso tan grande para lograr poner en el espacio orbital y suborbital a gente común: emprendimientos comerciales como SpaceX y Virgin Galactic aseguran las oportunidades de turismo espacial para niños ricos con tristeza. Por el otro, la imaginación técnica desanda el camino de los años 60, cuando los fondos no eran ilimitados ya que siempre había militares (con sus abultados prespuestos) al acecho. Por entonces, para salir a conquistar el espacio había que cuidar el bolsillo, recuperar los vehículos en las mejores condiciones posibles y calcular la rentabilidad de cada paso.
Para no dejar abandonado, y sin justificación, el plato volador con que empezó este post: Lonnie Zamora tal vez no vio un Módulo de Excursión Lunar en 1964 (y tal vez nunca sepamos qué cosa vio, sin que eso signifique que fue el descenso de una nave extraterrestre). Lo que aquí interesa destacar es que los protagonistas de aquella época vertiginosa empezaban a configurar el mito que la NASA ahora espera revivir.
Alejandro Agostinelli es periodista y editor del blog Factor 302.4

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