Omar Lopez Mato"¿Cuáles son mis monstruos preferidos?", repite la pregunta Omar López Mato, oftalmólogo argentino, escritor y experto historiador de anomalías, rarezas y mutaciones humanas. "Se lo voy a decir, ¡pero que no me escuchen mis pacientes ja, ja!", estalla, irónico y despierto, en su consultorio porteño, donde coexiste su pasión por la medicina (todo un edificio, el Instituto de la Visión) y la edición de libros (el quinto piso del mismo edificio es la sede de Olmo Ediciones). Historiador, amante del arte, escribidor compulsivo, animal de radio y excepcional conversador, López Mato no esconde su propio costado freak y lanza un pertinente desafío a la sensibilidad humana: "¿Quién es más monstruoso, el que se exhibe, el que lucra a su costa o el que se ríe de sus desgracias?".
Cuando la realidad supera a la ficción algunas personas acusan recibo. Cuando el empresario circense y genial falsificador Phineas T. Barnum conoció el caso de Julia Pastrana, dijo: "Esto es demasiado, incluso para mi circo". Ante la misma mujer barbuda, López Mato ve una historia humana que él debe desmenuzar en sus detalles. Esta curiosidad da sus frutos. Omar es autor de "Ciudad de Ángeles. Guía del cementerio de la Recoleta", "Males de artistas. Enfermedad y creación", "Criaturas del señor", "Trayectos póstumos" y "Monstruos como nosotros", último título de una saga sobre freaks, colosos y mutantes de todos los tiempos.
López Mato, desde ya, no inventó la especialidad, en verdad parte de una tradición. A comienzos del siglo XX la película "Freaks" (Tod Browning , 1932) reflejó el perfil que iba a tener el fenómeno de feria que fueron las excepciones de la anatomía humana. El film, a su vez mutilado y perseguido, fue un fracaso de taquilla. En los EE.UU. sólo deseaban ver gente bella. "Auschwitz, Nagasaki, Hiroshima, las bombas Napalm cayendo sobre las selvas de Vietnam", dice López Mato, "mutaron el significado de la expresión aberrante". "Freaks" era una caricatura de la realidad.
A menudo, los managers o familiares de las estrellas de estos circos imposibles son personas "normales" por fuera pero monstruosas por dentro y se roban el protagonismo. Otros "freaks" cultivaron talentos que, por contraste con su aspecto exterior, desorientaron a un público que sólo había ido a contemplar a un espectáculo por morbo.
Selección de diferentes escenas de "Freaks" (Browning , 1932), tal vez uno de los fracasos más exitosos de la historia del cine.
1- Julia Pastrana (1834-1860). Sufría de hipertricosis: pelos negros y lacios recubrían la totalidad de su cuerpo. Charles Darwin, interesado en esta mujer de origen indio-mexicana, describió su rostro así: "tenía en ambas quijadas, superior e inferior, una irregular doble hilera de dientes. Una hilera dentro de la otra. A causa del exceso de dientes, su quijada sobresalía, dándole la apariencia de la de un gorila". Un comerciante, Theodor Lent, se la compró a otro. La llevó de gira por el mundo con el nombre "La Mujer Barbuda y Peluda". Ella cantaba y bailaba. Cuenta López Mato que cuando Julia quiso regresar a México, Lent le ofreció matrimonio para retenerla. No solo eso. "Supo cumplir con estoicismo sus deberes conyugales por el bien de sus negocios", agrega con sarcasmo el autor. En un viaje a Moscú, Julia quedó embarazada. Ni ella ni el niño sobrevivieron al parto. Lent sí. ¿Cómo? "Su marido momificó a sus familiares y siguió exponiéndolos, disminuyendo de paso gastos en alimentos", explica López Mato. Que la historia del inescrupuloso Lent es más apasionante que la de la propia Pastrana lo explica el hecho de que volviera a casarse con una mujer barbuda. Y el propio final de su vida, internado en un hospital psiquiátrico.
Trailer del libro "Monstruos como nosotros". Por Omar López Mato (Sudamericana, Buenos Aires, 2009).
2. John Eckhardt (1911-1991). "Fue el Príncipe de los Monstruos y Señor de los Contrahechos", dice López Mato. "Fue la mitad de un hombre que había olvidado sus piernas en algún momento de la gestación", continúa. Tenía un hermano, Robert, que salió enterito. Fueron descubiertos por el mago Mc Asian, quien les hizo firmar un contrato leonino. "Su número más espectacular", recuerda el escritor, "era montarse a los hombros de su hermano gemelo y ser falsamente serruchado dentro de una caja. Mucha gente, cuando salía impulsado por sus manos, se desmayaba convencida de que lo habían partido al medio". La inteligencia de John era superlativa. Hizo de todo, hasta manejar tractores, gracias a sistemas ortopédicos que él mismo diseñaba. Mc Asian vivió del talento y la falla anatómica de John y llegó a quedarse con el 90% de su cachet por su papel en "Freaks", la película de Browning.
3. Joseph Merrick (1860-1890). "El Hombre Elefante" se hizo célebre por la película del mismo título dirigida por David Lynch (1980). Desde los cinco años Joseph desarrolló terribles deformaciones físicas, tan extrañas que al día de hoy se discuten las causas. "La deformidad que exhibo ahora se debe a que un elefante asustó a mi madre (…). Estaba embarazada de mí, y este infortunio fue la causa de mi deformidad", escribió Merrick. Por aquellos años, la superstición de las "impresiones maternas" estaba en su apogeo. Centro de burlas, abusos y malos tratos, Merrick cultivó la virtud para ser aceptado y eventualmente querido. "Padecía el extraño Síndrome de Proteus, que favorece el crecimiento explosivo de algún miembro, asimetría y gigantismos parciales, e hipertrofia de los órganos internos", explica López Mato. El cirujano Frederick Treves, luego una eminencia de la medicina británica, lo protegió. "Él hizo cumplir su deseo de ser recluido en un orfanato para ciegos, donde nadie lo iba a rechazar porque nadie iba a verlo".
4. Giovanni y Giacomo Tocci (1877-1898?). Estos gemelos bicéfalos tetrabracci con un solo cuerpo, nacieron en Locana, Italia. Se dijo que su padre, cuando los vio, se asustó tanto que lo debieron internar en un manicomio. Pero esta historia pudo parte de la falsa mitología creada por su padre cuando se hizo manager de los niños. "'Un año, tenemos un año', se decía el signore Tocci mientras sus hijos hambrientos iban prendidos a cada pecho de la madre", recuerda López Mato. Para los médicos ése era el lapso que los niños iban a vivir. No demoró en llevarlos de gira por Europa. "Los hermanos estaban tan unidos que tenían cuatro brazos y dos piernas, dos corazones, dos estómagos, dos diafragmas y dos pares de pulmones". Y compartían todo lo demás, desde los intestinos hasta las ganas de hacer pipí. "Casi vivieron en circos hasta que, a los 21 años, según las malas lenguas, se casaron con dos hermanas, aunque sólo dispusieran de un aparato reproductor masculino", cuenta el médico.
5. Grady Stiles (1937-1992). "Había familias que heredaban reinos. Había familias que heredaban fortuna, belleza, gracia e inteligencia. Los Stiles heredaban manos de langosta", escribe López Mato en un apasionante capítulo de "Monstruos como nosotros" (Sudamericana, 2009). Es fácil entender por qué el teratólogo (especialista en seres anómalos), eligió al "niño manos de langosta" para cerrar la charla: el tipo era un monstruo de verdad. "Asesinó al novio de una de sus hijas y él a su vez fue mandado a matar por una de sus mujeres", resume López Mato.
El abuelo de Grady había iniciado esta extraña dinastía, que exhibió su deformidad en ferias y circos. Grady se casó dos veces y así nacieron cuatro hijos que heredaron la condición familiar, llamada ectrodactilia. Uno de cada 90.000 nacidos vivos puede sufrir esta deformidad.
Tipo dado a la bebida, Grady solía hacer alarde de su vigor sexual, pegaba a sus mujeres y maltrataba a sus hijos. Un día antes de la boda de su hija Donna, el Hombre Manos de Langosta le pegó un tiro a su futuro yerno. "Te lo advertí", le dijo a su hija, justo cuando se arrodillaba ante el cadáver de su novio.
La descripción que hace López Mato del proceso judicial (donde el juez declaró culpable a Grady) parece una escena de "Freaks" de Browning. "Durante el juicio desfilaron varios conocidos de Grady, tales como Percilla Bejanbo, la Mujer Mono, y Pane Fishbangle, un gordo monstruoso que no pudo sentarse en el banquillo de los testigos porque éste no hubiese soportado su peso."
Su primera ex esposa, Teresa, cansada de su amante enano, volvió con Grady. No se sabe si porque continuó pegándole, o porque amenazó con seguir matando a sus hijos, Teresa contrató a un joven sicario, que pegó tres tiros en la cabeza de Grady.
El día de su sepelio nadie quiso cargar el ataúd.
Alejandro Agostinelli es periodista y editor del blog Factor 302.4

22 comentarios