Fueron capaces de cometer las atrocidades más repulsivas que se podían imaginar. Han
Los grandes amores de Hitler Eva Braun y su perro Blondi (Wikimedia commons)aniquilado a millones de personas, cometido genocidios, firmado sentencias de muerte sin que les temblara el pulso y sin embargo en su intimidad se mostraban sensibles y amorosos con sus personas más íntimas y cercanas.
Es difícil imaginar como un genocida como Hitler o Stalin pudiese tener sentimientos nobles hacia otros seres humanos, pero la historia nos ha enseñado que, incluso en el más cruel y despiadado de los asesinos, en cuestión de sentir amor por los suyos también estaban dotados de un corazoncito.
Cuesta imaginarse a Adolf Hitler suspirando de amor o sentirse atormentado porque no era correspondido su amor secreto de juventud. O qué palabras dulces y tiernas le diría al oído de Eva Braun, la mujer que compartió sus últimos años de vida y le acompañó en la decisión de suicidarse el 30 de abril de 1945.
Hitler había sido capaz de acabar con la vida de millones de judíos, sólo por el
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