
El día en que a usted lo condenaron, justo después de la audiencia fui a cine con mi hermana. Aunque le parezca extraño no pude sacármelo de la cabeza durante esa noche. En medio de la función interrumpí a Ángela para decirle que mientras ella y yo disfrutábamos de una buena película, usted estaba en la cárcel, privado de la libertad y lejos de su familia.
Cuando el juez leía la sentencia escuché algunas voces que rechazaban los 20 meses de prisión que hoy paga en una cárcel especial para conductores. Argumentaban que era una farsa si se comparaba con el daño que me había causado. Creo que la justicia actuó. Y con un solo día que pase lejos de sus hijos y su esposa, hubiese sido suficiente castigo para que aprenda la lección.
Aún siento mucha rabia cuando lo recuerdo. Pienso en su nombre y lo asocio con el dolor y la frustración que me causa estar en esta silla de ruedas. Tengo ganas de pararme y volver a ser dueña absoluta de mis actos. De salir de casa sin sentirme vulnerable,
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